
Por Raúl Novau. Misiones. Escritor

Estar situado como escritor radicado en un lugar físico colindante con fronteras geográfica-políticas, es de por sí llamativo por el hecho que constituye una singularidad en el campo de profesiones y oficios de una sociedad determinada. Quizás esta singularidad de ser considerado como artista sea un elemento común a otras disciplinas artísticas y a sus creaciones pero en el escritor ubicado sedentariamente, como es mi caso, importa pues es un signo de que hemos resonado en el otro situado como lector de textos literarios. E influye esta especie de devolución que hacen los lectores a través de sus comentarios -generalmente benévolos y gratificantes- existiendo además estudios críticos relevantes en nuestro medio académico sobre autores misioneros que ponen en evidencia la dedicación e interés en sus obras literarias, siendo de suma importancia para la divulgación de nuestra literatura.
Nuestra frontera misionera es comprendida como producto de delimitaciones históricas de vaivenes y afanes de poderes políticos centralizados en urbes de dominios hegemónicos que irradiaron sus majestades hasta estos recónditos mundos desconocidos hasta ese entonces. Y trajeron enarbolada la palabra como insignia de potestad para nombrar el nuevo mundo, emergiendo las fronteras. Esta consolidación de marcaciones limítrofes han sido las prácticas surgidas de mapas acordados entre partes imperiales con cruces que significan el derrotero común donde mueren las apetencias y sed de glorias de traspasarlas en algunos casos o invasiones militares en otros.
Pero hay un río vital y vívido cuya corriente nutricia desborda las márgenes de las fronteras calcadas y es el río lingüístico, las lenguas que discurren y manan soberanas en sus diferentes napas en nuestra región. Como aquellas primigenias en guaraní, cantadas y oradas a través del tiempo, mantenidas por la religiosidad identitaria de su pueblo, y puestas en valor por eximios escritores traductores al castellano. Sin olvidarnos del latín oficiado por los jesuitas en las reducciones asentadas en enclaves de los grandes ríos y selvas. El latín de las “Cartas Annuas” que comentaban los pormenores de la conquista espiritual. Entonces en el espacio circulaban voces que confluían en castizas, sajonas, latinas, en tono de catequesis vernáculas o sea el guaraní reducido e impreso en moldes de lapacho y plomo en la primera imprenta del Virreynato. Me detengo en el idioma guaraní pues representa un resguardo de identidad de un pueblo frente a la colonización lingüística y persiste en sus raíces incorporando variantes que mantienen su vitalidad hasta nuestros días.
Y a la vez los giros lingüísticos del guaraní forman parte del léxico tradicional de esta tierra, trasponiendo las fronteras. Es decir, el sustrato y el adstrato del habla es común en este llamado Alto Paraná de las orillas siendo el guaraní idioma oficializado en la República del Paraguay y también en la vecina provincia de Corrientes, donde ha sido incluido a la enseñanza obligatoria en escuelas. De igual manera podemos aseverar que el idioma portugués se ha carnalizado en el oriente misionero y mixturado con el español produciendo el llamado “portuñol” una aleación de vocablos que surgieron en el horizonte comunicacional del habla fronteriza. Además, con raíces de palabras indígenas se ha contribuido a la toponimia de un vasto territorio que abarca la cuenca sedimentaria paranaense. Tengo que mencionar aquí el “Diccionario Etimológico-lingüístico” del Dr. Guillermo Kaul Grünwald -biblioteca especializada en material sobre Misiones – y “Figuras del Habla Misionera” de Hugo Amable, ambas registrando voces que recrean el habla de estas regiones.
En esas percepciones de las corrientes que fluyen en napas a las que refiero, es posible detenerse casi en la superficie donde priman los fulgores de la otrora naturaleza perdida, el trino de aves en amaneceres de selva prístina, los arroyos tronantes de los cerros, el pintoresco y adánico monte con sus cargas trágicas. Tendremos entonces una llamada literatura descriptiva de bellezas naturales, mantenida por autores aferrados a estereotipos gastados. Y nada más. Pero en las profundidades se notarán los rasgos que confieren a los escritos las dosis del accionar humano: sus luchas, pasiones, carencias, deseos, emociones y sentimientos, de humanidad en suma.
Teniendo en cuenta que el nutriente de mis escritos soy yo mismo con el registro de experiencias pasadas, asentado en este focus de entrecruzamientos dialógicos, con el aditamento de lecturas acumuladas, podría afirmar que he seguido el rastro de los ríos del habla que subyacen y viven trasponiendo las fronteras convencionales. En años aprendiendo y percibiendo en búsqueda de las corrientes móviles que perviven en la memoria colectiva. Los distintos personajes de mis novelas, cuentos y obras teatrales representan este incesante bucear en el bullir de la vida que me circunda. Están personificados con facetas que responden a las matrices que afloran naturalmente sin pretender ser un reflejo copiado fielmente de la realidad. Pues lo que hago es ficción, cuento historias con conflictos que pueden haber sucedido o no en ambientes que conforman mi territorio vivido, es decir, que provienen mayoritariamente de estos cauces.
¿Sería lógico entonces considerarme como un escritor transfronterizo? Es decir, aquel cuya literatura lleva la impronta del más allá de las fronteras establecidas en nuestro lar. Pienso que sí pues el hecho de contar o narrar desde este territorio cultural me hizo atravesar las espesuras de historias, sucesos, anécdotas, de ambas cuencas citadas más el agregado de la riqueza cultural traída por la inmigración a nuestra provincia principalmente de origen europeo. Es este caldero un cultivo de excelencia pues se potencializa y vitaliza la lengua, se cristaliza con neologismos y nuevos decires, renovando las estructuras del idioma.
Ahora bien, estas premisas descriptas como fuentes de creación, son resultado de mis propias interrogaciones sobre el material originario de mis escritos sin pretender que sirva como recetario para escrituras. En cierto modo pescando en la dinámica corriente puedo resignificar nuevos textos. De cualquier manera nunca sé totalmente lo que quiero decir antes o durante la creación ficcional (ni después tampoco).
De hecho el escritor que se precie de tal transgrede fronteras virtuales y reales, incursiona en el lenguaje, posibilita aperturas, interroga a los poderes a través de sus textos, trasponiendo límites en el tiempo y el espacio.
Son reflexiones en voz alta, una mirada autocrítica a esta altura de mis tiempos que, lejos de encasillarme en un sello, trato de explicar y explicarme un cierto origen, una cierta claridad, un vislumbre de certezas. Sin conseguirlo totalmente.
Imagen: Fotograma del documental “Mixtura de Vida” (2002), de Ana Zanotti. Misiones, Argentina.