
Recientemente leí varias novelas que comparten características comunes. El tratamiento del lenguaje,
semejanzas con respecto al espacio del relato, el concepto de lenguaje y algunos rasgos de la mirada que podrían ubicarse por una u otra cuestión en lo transversal o periférico las aglutinan. Ya sea porque se plantea una cuestión de género o se habla desde un segmento social marginal, sumado a esto la utilización de un lenguaje directo, efectivo que da la impresión de allanar la distancia entre palabra y acción, estas novelas presentan la posibilidad de ser agrupadas y analizadas desde una perspectiva común. Además fueron escritas por autoras y un autor que comparten la misma franja generacional, rondan los cuarenta años, pertenecen a la a la camada de la joven narrativa argentina. Me refiero a “Las Malas” de Camila Sosa Villada, “La Chaco” de Juan Solá, “Cometierra” de Dolores Reyes y “No es un río” de Selva Almada. En estas novelas la ciudad de Buenos Aires como epicentro nacional está, salvo en un solo caso, fuera del circuito del relato. “Las malas” se sitúa en la Córdoba pueblerina y luego la acción se traslada a la capital provincial, “Cometierra”, se circunscribe al conurbano bonaerense, “La Chaco”, como lo indica su nombre, gira en torno con preponderancia a la provincia que refiere su título, “No es un río”, alude al litoral argentino y suponemos la provincia de Entre Ríos, considerando la procedencia de la autora y el léxico utilizado.
Aunque “La Chaco” se instale en el Buenos Aires prostibulario del mundo transgénero, sus imágenes en el discurso aluden constantemente a la cultura chaqueña, a través de sus giros, sus frases o el ángulo de la mirada. La ciudad de Resistencia es el sitio desde el cual se irradia el desarrollo de los hechos. Lo que aparece en esta novela es una relativa tensión entre la cultura chaqueña y los mundillos porteños. Hay pasajes de la primera a la tercera persona que se van alternando de capítulo en capítulo. Al abandonar Chaco, el personaje central, Sergio, se va a vivir a Buenos Aires con una amiga correntina trans. “La Chaco” es una novela de enunciación explícita, relato de iniciación en el sentido de la condición de género. El personaje central comienza a trabajar en Buenos Aires ofreciendo servicio sexual y desde el vamos se produce una bifurcación temporal y espacial entre Chaco y Buenos Aires. Con un discurso cercano a lo referencial, los episodios van dando cuenta de un peregrinaje doliente y peligroso determinado por la propia condición sexual en una sociedad insensible ante las diferencias. Aunque ficcionalizado, el texto está cercano a la crónica, quizá por esa evidente necesidad de dar testimonio de las condiciones de vida y la emotividad de una mujer transgénero. Hay un desfile de mujeres trans, que alcanza la envergadura de destacados personajes, desplegado a la manera de un relevamiento de casos con situaciones dramatizadas que ponen de relieve el perfil existencial de los personajes. Esta novela se suma al conjunto de títulos publicados que atestiguan el profundo cambio de paradigma que experimenta gran parte de nuestro planeta.
En “No es un río”, Selva Almada forja un narrador que acorta la distancia entre la voz que da testimonio de los hechos y la de los personajes. El narrador se consustancia con las voces y modismos de sus personajes al punto de transgredir algunas normas de corrección en el enunciado. El lenguaje se comprime, se refugia en lo escaso. El eco de Juan José Saber no está en el uso del lenguaje sino en cierto aspecto de la mirada sobre ese que es el mismo territorio. Da la impresión de enfocar a los personajes desde una configuración cercana a la de Saer, son seres un tanto desapegados de la vida en el sentido de experimentar zozobra, parecen entregados a su destino. Si pretendemos establecer una tradición es preciso citar a Hemingway por la concisión, al mismo tiempo algunos elementos me inducen a ligar esta obra con Haroldo Conti y Miguel Briante, especialmente en lo relacionado con la atmósfera creada. Ineludiblemente la historia transcurre en nuestro nordeste, en el litoral argentino. No hay referencias a ningún lugar exterior, el mundo creado tiene un marcado toque de encapsulamiento.
Prosa silenciosa, a la manera de Saer, esa calma que bulle por dentro es claramente saereana. Por momentos la escritura se vuelve casi telegráfica. Parquedad que en el nivel del discurso la aleja de Saer a pasos agigantados para colocarla en el extremo opuesto. Se registra una profusión del uso de metáforas del lenguaje hablado, se trata de una escritura pensada desde la síntesis de la percepción visual. Por otra parte la ironía de quién narra está muy implícita en la captación de su mirada. El narrador no abandona su lugar de tercera persona y sin embargo está muy próximo a los personajes, no es un clásico narrador en tercera, no sabe todo, no es omnisciente. Muchas veces el deliberado empleo de un verbo mal conjugado desde la concepción clásica busca ser fiel a los modismos regionales, así las particularidades del habla de los personajes se imponen al narrador. Sin duda la novela ha sido construida desde el habla.
Consideremos que una novela pensada desde el habla plantea un desafío a las convenciones del género. Por la posición en la que se encuentra el narrador, cuya voz se confunde prácticamente con la de sus personajes, no hay guiones de diálogo: el narrador no cede en ningún momento el espacio del relato para que otros hablen, de hecho no es necesario, ya que los otros hablan a través de su voz. Podría considerarse que el quiebre entre la voz del narrador y sus personajes encierra un gesto anti autoritario. El acierto reside precisamente en la creación de este particular narrador impregnado del habla local, el mecanismo de impregnación produce un interesante efecto en el lector, un efecto subyugante que le otorga al texto un alto valor literario.
Si bien entre estas dos novelas no resulta posible detectar propuestas estéticas similares, ambas ponen en escena lo social y el foco en el mundo de nuestro litoral, inscribiendo la periferia como una zona formidable, rica en producción de sentido.
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