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La levedad de PuentePoesía

Por María Laura Riba, Corrientes / Resistencia. Escritora y periodista

Leer la poesía de Graciela Schust (Curuzú Cuatiá, Corrientes, Argentina) es saber de antemano que la prisa no tiene nada en común con el tiempo, que el apuro no entra en un poema, mucho menos a presión, que la voluptuosidad se respira, que la brevedad se va afinando con precisión de relojero extinto.

Entrar a la poesía de Schust –sí, se entra a su poesía, como se entra a una casa siempre con flores frescas y la puerta abierta-, es atreverse a disfrutar el viaje, a no quedarse en la mitad del camino, en este caso, en la mitad del “puente”. El último libro de Graciela, PuentePoesía, tiende versos para unir las manos de las palabras, versos breves, capaces de sujetar con fuerza las fallidas caídas de los puentes del alma.

Los poemas de PuentePoesía sostienen, abrigan, defienden a la poesía -con calidad y precisión- de la mediocridad de miles y miles de palabras apretadas en la velocidad de la cotidianidad. Los versos de este libro no se regodean en sí mismos, no pretenden convencernos de la importancia que tienen ni nos exigen leerlos porque alguien dice que hay que leerlos. No. La poesía de Graciela Schust tiene poder hipnótico, un extraño imán que une nuestro interior sin que nos demos cuenta: “Cada palabra seduce cenizas / que juega con aquellos fuegos primitivos”.

Tantos años de poeta, la han hecho muy paciente a la hora de armar las palabras en un verso, sabe que “nada más que un verde temblor / es a veces el muro del tiempo”. Graciela escribe lenta y profundamente, no tiene urgencia de publicación –eso no quiere decir que no desee publicar-; mientras todo a su alrededor corre a una velocidad exagerada, ella se sienta a esperar la palabra puntual, porque sabe que “una hoja en blanco / un pincel ausente de colores. / Arcilla esquiva. / Todo es espera.”

PuentePoesía no solo es brevedad en la escritura sino en el modo de hacernos sentir, intensidad de aguijón. Schust sabe que el tiempo, también, tiene una sombra que se va alargando con las horas: “Tu sombra / cabalga / mi sombra. / Y un poco más allá / nada más que un atisbo de luna”. Sabe que “una mordedura frutal” puede llevar a una caricia, reconoce que hay que tener “hambre de luna” para ir al encuentro, que hay “semillas de crepúsculo” en la paciencia de su poesía.

Este último libro de Graciela Schust, edición de autor e impresión rústica, es uno de esos libros que no deberían dejar de leerse, noventa y cuatro páginas de versos breves que atrapan. PuentePoesía es una preciosa manera de detener el reloj y esperar a que, la palabra anhelada, pique el anzuelo: “No conozco otro océano / que el de / las palabras no nacidas…”

GRACEILA SCHUST nació en Corrientes, Argentina, el 27 de septiembre de 1947. Para adquirir PuentePoesía y/o contactarse con ella, escribir al correo electrónico: gracielaschust@yahoo.com.ar

4 pensamientos en “La levedad de PuentePoesía”

    1. María del Carmen Vianna

      Muy ajustada, lúcida reseña la de MLR. Como la escritura de la poeta GS, tan leve, tan contundente como un pétalo.

    2. La descripción de la obra de la escritora Graciela Schust a través de Maria Laura Riba nos invita a descubrir lo imperdible del libro
      La levedad del PuentePoesia.
      Bellísima invitación.

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