
Por NEACONATUS
La publicación en soporte papel se encuentra jaqueada. Podrán cambiar los formatos de transmisión literaria, pero narrativas, ensayos, relatos y poesías, jamás nos abandonarán.
En NEACONATUS, alternativamente, apostamos por la oralidad del podcast en un proyecto conjunto con https://misionescultural.com.ar/; pero también reproducimos en nuestra revista digital, en la sección BIBLIODIVERSIDAD los textos leídos, subidos a las redes con MISIONES ONLINE, convencidos que hay diferentes formas de construir literatura.
En un reciente artículo publicado en la revista digital NEACONATUS, jugamos con la cercanía, casi metafórica, de las palabras biodiversidad y bibliodiversidad. La primera la encontramos a diario en todo tipo de publicaciones. Por las dudas recordamos que la biodiversidad referencia la pluralidad de vida, la profusión de seres vivos que existen en el planeta y las relaciones complejas que establecen entre sí y con el contexto que los rodea. Factores que, a través del tiempo, han modificado sus conexiones e identidades, adaptándose a causas exógenas e internas. Algunas naturales, inapelables y otras arbitrarias, artificiales, casi siempre motivadas por ese mal bicho que resultó ser el humano. Cabe aclarar que nuestra falta de simpatía por los homínidos la fundamentamos en lo siguiente. Si en la biósfera se determina algún cambio, será fundamentado por necesidades espontáneas, cuando tal variación huele a nuestra intervención, seguro sonarán las alarmas de exigencias éticas con muy mal olor.
Bio y Biblio
Teniendo, más o menos en claro, el sentido de la biodiversidad vamos a dar unas vueltas alrededor de nuestra casi apócrifa: bibliodiversidad. Para no complicar las cosas podríamos afirmar que nos estamos refiriendo a los diferentes formatos que a través de la historia utilizamos para trasmitir nuestras ideas materialmente. Siendo, hasta ahora, comandante supremo de la comunicación no oral, el libro. Pero no siempre fue un montón de hojas de papel impresas y encuadernadas lo que primó. Retrocedamos unos cuantos siglos. Luego de pasarse oralmente por generaciones, los poemas y las historias, que casi siempre eran sobre temas mitológicos, encontramos las tablillas de madera con pictogramas, láminas de arcilla secada al sol con jeroglíficos, también solían usarse fragmentos de piedras pulidas. El papiro marcó tendencia. Hierbas trenzadas, algunas bañadas en oro, que mejoraron manifiestamente los grafismos. Del papiro surge el concepto de “hoja”. Tallos vegetales húmedos cortados en tiras muy finas, superpuestas en forma cruzada, formado una capa que era sometida a secado por presión. También se utilizaron escamas de tortugas y omóplatos de ciervo. Pizarras de grafito y cera, folios (lamas) de bambú. Con el pergamino llega un soporte de mejor calidad. Piel de cordero, ternera, gacela o cabra que se sumergía en un baño de cal, luego se las estiraba sobre bastidores de madera y se rascaban las pieles, se las secaba al sol y espolvoreaba con yeso. Era fundamental un buen curtido del pergamino porque si no podía llegar a oler fatal. Con el pergamino y los copistas, el libro se iba perfilando poco a poco. Pero aún no salimos de la edición manuscrita. Durante el renacimiento con Gutenberg llega la revolución de la imprenta. El elemento esencial arriba desde China, el papel. Se cree que los ancestros de Mao ya lo elaboraban desde el siglo II. Para obtener la pasta de papel maceraban lino, luego lo lavaban y prensaban, el proceso terminaba cuando a la pulpa obtenida le añadían agua y almidón. Los chinos no revelaron esta fabricación hasta el siglo VIII. Los mongoles lo transfirieron a los persas, y éstos al islam, Los árabes a través de España y Sicilia, finalmente llevaron a Europa la manufactura de papel.
Hasta que, en 1845, un industrial alemán introdujo el proceso mecánico de trituración de virutas de madera para fabricar la pulpa. procedimiento que generaba un ácido que quemaba, cuarteaba y agrietaba el papel dándole un no deseado color amarillo. De todos modos, millones de libros han dado la vuelta al mundo hasta hoy. Aunque el papel pueda ser sustituido para ciertos usos por materiales sintéticos, seguirá conservando una gran importancia en nuestra vida y en el entorno diario como un artículo personal, difícilmente sustituible.
Entramos en la dimensión virtual
Pero tengamos muy en cuenta la aparición y veloz apogeo de la informática y los nuevos sistemas de comunicación digital. Permiten la escritura, almacenamiento, procesamiento, transporte y lectura de textos, y hasta el hipertexto, con medios electrónicos más convenientes. La digitalización ha demostrado una eficacia indiscutida como sistema de archivo y línea de transferencia a distancia de textos. Si quiero leer ya una obra, obviando los tiempos y gastos del correo postal, simplemente envío un WhatsApp solicitando el contenido en PDF. Pero otras opciones no tangibles, sugieren diferentes niveles de éxito. Por ejemplo, los libros digitales han tocado un techo. Hace unos años se pensaba que la lectura con un soporte electrónico tarde o temprano desplazaría a los libros físicos. Las ventas han caído desde 2011 y empresas como Sony han descontinuado sus ofertas digitales. El e-book se frenó, pero aún tiene buenas posibilidades en la dimensión de la autoedición. Los costos de publicar un libro físico son cada vez más altos, y los ahorros que un particular pudo reunir para lograr su sueño, día a día son devorados por la inflación o la suba del dólar. Un mes que se tarda en cerrar el trato con la imprenta se pierde de un 8 a un 10%. Sin tener en cuenta cuanto subirá sus aranceles el diseñador editorial.
Sin embargo, otras opciones para acceder a obras se decantan por la oralidad, el audiolibro y el podcast pisan fuerte y logran una aceptación imprevista. La escritura optimiza el enlace con ideas, pero el audiolibro permite acceder a momentos literarios mientras se vive la cotidianeidad de las tareas domésticas, se conduce un móvil, se trajina en el gimnasio. Al menos así lo publicitan sus productores. Queda preguntarse si es justificado generar espacios literarios en estas instancias triviales.
El podcast es también un archivo de audio digital para ser escuchado. A diferencia del audiolibro que es un producto unitario pues podemos audicionar desde el principio al fin el texto dramatizado, un podcast se presenta en episodios con una periodicidad determinada. Tiene una cierta cercanía con el mágico radioteatro, suma millones de adeptos en todo el mundo y, parece ser, muy apto para disfrutar antes de conciliar el sueño.
Barajar y dar de nuevo
Ahora toca tener en cuenta que el libro en soporte papel genera, un cierto impacto ambiental durante el proceso de su fabricación. Lo cual nos lleva a considerar como opción ineludible: ahorrar y reciclar el papel y el cartón. El papel se fabrica con la celulosa, una pasta que se elabora a partir de árboles. La colisión de la fabricación del papel sobre los bosques tiene una considerable incidencia. Sin embargo, hay que decir que con 15 árboles (2400 Kg) de madera, se hace 1(una) tonelada de papel. ¿es mucha depredación? Creemos que no, si existiera una política de reforestación. Más atendiendo que el consumo de papel se ha disparado de forma exponencial: se ha multiplicado por veinte desde 1913 y especialmente en las últimas décadas con la aparición de la fotocopiadora, el fax, la computadora con sus impresoras, los plotters…
Para los ecologistas la industria papelera puede provocar una mala gestión de los bosques que producen su materia prima (monocultivos, gestión insostenible, pérdida de biodiversidad). Y, además, necesitan grandes cantidades de energía, por lo que en caso de no utilizar recursos renovables o con poco contenido en carbono, pueden ser focos significativos de emisiones de CO2. Sin embargo, esto no puede significar la desaparición de la industria editorial independiente, que con tiradas on demand se la juega por nuevos autores/as y géneros experimentales. Tocará estudiar un diseño editorial que se adapte a menos cantidad de páginas, regreso al famoso “libro de bolsillo” y aguzar el ingenio creativo.
Es tiempo de aportar soluciones que apelen al sentido común: Evitar el uso del papel siempre que sea posible prefiriendo el formato digital. Utilizar de forma preferente papel reciclado. Evitar imprimir documentos innecesarios. Reutilizar el papel para imprimir a doble cara, al menos para documentos internos. Proteger las publicaciones literarias. Constituir ciertos baremos de elección. En síntesis, menos documentos burocráticos en papel y privilegiar el libro, sobre todo el infantil. Estas ideas, que bien podrían ser normas a seguir, tendrían que hacerse obligatorias, y el Estado (el mayor usuario de papel) debería ser el primero en aplicarlas.
Sin embargo, el libro cumple una función íntima, sobre todo en las provincias, inusual sería que esta situación se celebre en ciudades cosmopolitas. Nos referimos al evento “casual” del regalo inesperado. Por ejemplo, uno va caminando por la calle y se encuentra con un amigo o amiga, ya sea en una esquina o en un café. Difícil que saque del bolsillo su teléfono celular y le diga: “tomá, esto es para vos, mi último celu Samsung”, también puede abrir el bolso y sorprender al cófrade afirmando: “Con mucho afecto, te obsequio mi Tablet iPhone”. Improbable. Pero seguro, como si mediara pura imprevisión, ambas personas, pueden hacer aparecer por arte de magia un libro, y decir: “Con todo mi cariño te regalo mi último poemario, esperá que te lo firmo y dedico…” Escena que se repetirá una y otra vez en toda la ciudad, unas decenas de veces al día. Como un acto de amistad, de amor, de intercambio afectivo de un bien simbólico muy preciado para compartir. Ni que hablar si en la transacción afectiva, además de mutuo aprecio se suma un factor idílico. Ese libro “regalado” será atesorado de por vida. Tal vez el ejemplo sea un tanto cursi y empalagoso, pero sucede, de veras. ¿A quién no le pasó en algún momento de su vida? ¿Desaparecerán los pétalos de flores atesorados durante años entre un par de páginas? ¿El ticket guardado de un concierto de Los Beatles? ¿Los apuntes manuscritos en los márgenes?
Una referencia singular. Cuando se requiere fundamentar una acción progresista, difícil que no se remita a Suecia. Pues en los últimos días nos hemos enterado que la actual ministra de Educación, Lotta Edholm, en un artículo publicado en el diario sueco ‘Expressen’, compartía sus reticencias a los beneficios de las pantallas en las aulas. «Los libros (de texto) tienen ventajas que ninguna tablet puede sustituir». Asimismo, promueve el retorno a la escritura manuscrita, pues considera que el abuso de la pantalla había provocado el descenso del nivel de comprensión lectora entre los niños suecos, alertando del riesgo de crear «una generación de analfabetos funcionales».
Esto en cuanto al sustento libro, pero nosotros queremos ampliar el concepto de bibliodiversidad. Porque empalmado con la problemática del papel existe un peligro colateral, que deviene de la alta concentración de la edición. Las grandes editoriales, que son las que pueden comprar inmensas cantidades de papel, y tienen tiradas de 20.000 volúmenes o más, concentran también las temáticas de sus catálogos, que se reducen a lo más vendible. O sea, quedan afuera obras de artistas no conocidos o pocos conocidos por el gran público. Las pequeñas editoriales sufren el desabastecimiento, y con ellas los y las escritores/as y poetas que no tienen acceso a los “monstruos” editoriales a nivel global. Los temas se acotan. Es una manera de homogenizar las mentes. No estamos haciendo fantasía, es así. Porque uno es lo que lee. Si leemos solo best sellers, pensaremos en términos simplistas y superficiales, o que la literatura es “eso”.
A Neaconatus
Impecable artículo. Pienso en las manos marcadas en una caverna y me proyecto mas atrás de los tiempos….literarios?!
Somos demaciados humanos en número y falsas necesidades. Problemas muy complejos para resolver. Afectuosament
Dp…Tengo un amigo ciego al que los libros leidos le son un manjar.
Aida
Muy interesante el artículo y estoy de acuerdo con el remate… De no mediar sitios, sean blogs, podcast, sitios de auto-publicación se vería limitado numero de textos a los cuales acceder. Es bueno colocar estos temas en la agenda. En nuestras latitudes, lentamente, crece el uso de podcast para acceder a los textos, pero cada vez más acceden y cada vez más se producen materiales en ese formato.
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