
Por Carlos Piegari. Posadas-Barcelona. Escritor sofista
De pronto a nuestra redacción virtual llega una noticia inesperada, el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA https://www.macba.cat/es), uno de los espacios artísticos más importantes del mundo, incluye en su archivo dedicado a la producción de conocimientos e investigación una experiencia editorial atípica en la cual supe colaborar hacia mayo de 2005: MANTAZINE, el primer periódico epiférico producido por ediciones BCNOVA.
Hace ya unos días publicamos en la revista digital NEACONATUS, artículos donde reflexionamos sobre el rol de los actores literarios y culturales frente al avance global de la ultraderecha. Han participado con sus opiniones Paco Mancera Romero desde Málaga, España, Alberto Szretter en Misiones, Argentina y aguardan ser editadas nuevas colaboraciones.
Por aquellos tiempos no se sospechaba que ideologías fascistas resucitaran y se instalaran en el poder, pero la danza de los vampiros del neoliberalismo ciego y discriminatorio, comenzaba a despedir un sospechoso hedor que vaticinaba una futura descomposición social. Barcelona era una de las ciudades del mundo donde la vida artística y social fluía ágil y exuberante. La situación económica y la calidad de vida, prosperaban día a día. Pero, a la par, otra realidad, opaca y casi invisible, se filtraba en la ciudad de los milagros: la inmigración subsahariana, marroquí, pakistaní y latinoamericana. Los desposeídos pugnaban por entrar en aquella Europa opulenta y satisfecha de sí misma.
Una sagaz investigadora militante de las artes y la cultura, la alemana Cordula Daus pone en marcha un proyecto que denomina BCNOVA con un capítulo bautizado Btop. Allí se inserta la publicación, el MANTAZINE. Concebido por un colectivo artístico compuesto por Cordula Daus, Anita Serrano, Sonia Abian y quien suscribe esta reseña. La gestora del proyecto, Daus, había comenzado en 2002 con una idea inicial que consistía en promover una marca que desarrollara modelos y acciones para la ciudad del futuro, combinando metodologías de los estudios urbanos y sociales, cuestionando estrategias de marketing, que ya comenzaban a dar la paliza del progreso meritorio y cuentapropista. Así fue como comenzamos a indagar sobre la realidad de los “manteros” y su representación en el imaginario colectivo. El vendedor ambulante no como “pobre inmigrante” sino como protagonista de una inmanencia neoliberal, un particular minúsculo en la dimensión legal y, a la vez, hipervisible por exponerse a sí mismo, y a su condición, en el espacio público.
Por aquellos años todo el grupo tenía en claro una frase muy española: “tiremos de la manta”, que no sólo está expuesto a los riesgos de la precarización laboral quienes venden en la calle, sino también quien, como productor cultural, artista o técnico, perdió su trabajo o no logra sostenerse ejerciendo su profesión.
Recuerdo que cuando le preguntamos a una señora en modo “Mirtha Legrand”, por qué le había comprado un bolso Vuitton falsificado por no más de 20 euros (cuyo valor real ronda varios miles) a un mantero subsahariano, nos respondió muy satisfecha: “Pues porque me da ilusión, creo que soy dueña de algo muy valioso”. Habíamos dado con el huevo de la serpiente neoliberal que anticipaba nuestro presente, todo es “fake”, placebo, mentira. Pero nos ayuda a no ver la verdad obscena y a sobrevivir el día a día.
El proyecto tuvo estupendas derivas, un segundo número y hasta grabamos un CD con músicos manteros a quienes donamos la totalidad de lo recaudado.
Hoy estamos aquí: https://www.macba.cat/en/aprendre-investigar/arxiu/mantazine. No cambiamos el mundo, todo fue a peor, pero me siento muy halagado de haber participado, al menos, en una escaramuza. Seguimos perdiendo la batalla, pero aún resistimos.