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Balotaje en Argentina. ¿Simpatía por el diablo?

Por Carlos Piegari. Posadas-Barcelona. Escritor sofista

Gracias a los Rolling Stones abro este artículo que nació con una cierta percepción artera, un fastidio neurótico y motivación peleona. Desazones personales me llevaron a interpretar el próximo balotaje en Argentina como una encrucijada histórica. Sin embargo, percibo un tanto ausente la presencia literaria reprobadora (Cartas abiertas, proclamas, exhortaciones, etc.) que enfrente algunas amenazas proferidas contra conquistas sociales y derechos humanos que tanto costaron conseguir. Como solemos acudir a nuestro terapeuta de cabecera que trabaja para nosotros 24 horas los 365 días del año, el WhatsApp fue mi descarga emocional instintiva e inmediata y subí un post, un texto urgente. Me expresé en modo fierita sacado, aunque suelo ser una persona comedida y respetuosa de los protocolos de la convivencia social. Pero se me fue la olla.

Mi bufido virtual despertó algunas reverberancias que me llevaron a releer algunos textos para intentar tener más claro qué compromisos existieron, y aún sobreviven, entre literatura, necedad e inmunidad creativa. Pienso que la literatura es un catalejo universal que nos permite ver contextos, disyuntivas y las contradicciones de la vida. Es autónoma de toda ideología y por eso mismo, puede alertarnos de futuros vendavales históricos. Es un faro de libertad que nos auxilia en la noche cerrada, si luego nosotros decidimos encallar en las rocas de lo ominoso, ya es responsabilidad propia. Sin embargo, focalizando los tiempos que corren, me preocupan algunas sombras que creíamos esfumadas del paupérrimo horizonte social argentino.

Se han puesto de moda dos palabras, ultraderecha y fascismo, con un link a nazismo. Podríamos simplificar diciendo que a muchos les ha dado por sentirse supremacistas, autoritarios, soeces y negacionistas. Llegó a nuestro país un “freak show” inesperado. Y entonces nos preguntamos: ¿Dónde están los botes salvavidas? ¿Ya se activó el cortafuegos de la literatura? Porque puede que los que administran este “Rocky Horror Show” político con leones que después resultan ser gatitos (extraordinario truco de magia), piensen como Helmut Langenbucher, un escritor alemán que en 1937 en el prólogo de una antología literaria que editó, anunció: se completó la revolución porque las obras germanas han sido depuradas y son totalmente arias. Sabemos que aquella “depuración” subió al cielo a través del humo de las chimeneas. Aquí ya tuvimos nuestra purga cultural (a costa de 30.000 vidas). No nos interesa reiterarla ¿verdad?

Después de los formalistas rusos tenemos en claro que la literatura es una organización del lenguaje. Autónoma en sí misma no sería una locomotora ideológica. Pero no sucede lo mismo con el maquinista, o sea el escritor.  

Reconozco que a partir de ahora el tren de este artículo puede cruzar un túnel oscuro. Nos acompañará Christian Ingrao que se ocupó de los intelectuales en el aparato guerrero de las SS. Entonces nos vamos a enterar de “el silencio de los akademiker”. Resulta que cuando se ingresaba a este grupo siniestro o cuando se contraía matrimonio, casi todos (con titulaciones y nada analfabetos) escribían. ¿Qué? Pues una biografía personal. Un género literario muy comprometido existencialmente y con la verdad ficcionada. Rememoraban el ambiente familiar, los tiempos de estudio y hasta las experiencias afectivas. Pero casi ninguno escribía sobre el destino de su padre en la Primera Guerra Mundial. Esta curiosidad nos lleva a pensar como una sociedad, a través de lo que escribe, puede inhibir traumas colectivos o construir discursos falsos.

La luz al final del túnel llega de la mano del filólogo Victor Klemperer que estudió el uso del lenguaje en la Alemania nazi, en diarios donde compilaba en secreto durante los años de la guerra. Escribe al final de su famoso libro LTI el siguiente párrafo.

“—¿Por qué estuvo usted en la cárcel? —pregunté.

—Pues por ciertas palabras…”

¡Por ciertas palabras! O sea que las palabras no son como los angelitos, también pueden operar como demonios emponzoñados. Los libros se hacen con palabras y en tiempos como los que nos prometen ciertas marionetas salidas de una película clase Z, todo lo impreso, el lenguaje escrito, puede ser peligroso. Por eso hay que advertir ahora, antes que suceda.  Porque, según Klemperer, los libros guían emociones y personalidades psíquicas. Hacia el horizonte o el abismo.

Roger Griffin en Modernismo y fascismo nos recuerda que Walter Benjamin, en sus Tesis de la filosofía de la historia habla de la “necesidad de adueñarse de un recuerdo tal como relumbra en un instante de peligro”, y nos estamos acercando a ese momento de conflicto. También menciona que en 1904 Kafka le escribió a su amigo Oskar Pollak: “Creo que sólo deberíamos leer aquellos libros que nos muerden y nos apuñalan. Si el libro que estamos leyendo no nos hace despertar con un golpe en la cabeza ¿para qué leerlo? (…) Un libro debe ser el hacha que rompe el mar helado que llevamos dentro”.

Me pregunto ¿cuándo salen de imprenta esas obras? ¡Hoy las necesitamos!

Atesoro un libro Reportaje al pie de la horca de Julius Fučík, un periodista y escritor checoslovaco, disidente (héroe nacional) ejecutado por la Gestapo en 1943. En su última página leo:

“También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida.

Y en la vida no hay espectadores.

El telón se levanta.

Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!”

1 pensamiento en “Balotaje en Argentina. ¿Simpatía por el diablo?”

  1. Realmente el “colectivo” cultural se ha convertido en un ómnibus sospechosamente silencioso. Creo que se debe a una mezcla de actores políticos (por decirlo así) que rivalizan hasta denostarse y al día siguiente un gatopardo (nunca mejor dicho) aparece y allana todas las rivalidades como si fuese Papá Noel. Pero sabemos que “hay gato encerrado” detrás de esa semana de la dulzura y el rejunte. Y en esa leonera pacificada conviven 1) Pros 2) Cambiemitas arrepentidos 3) Libertarios que nunca entendieron dónde están parados 4) Macristas nostálgicos 5) Radicales decepcionados del republicanismo 6) Rebeldes sin causa. ¿Quién no estaría desorientado en medio de ese mejunje? Claro que hay derechos que “supimos conseguir” y son indeclinables, pero en ese zafarrancho político los reclamos resbalan como teflón. Y hay mucho intelectual desconcertado y hay mucho acomodaticio de “por las dudas…” y hay poca gente que se proclama abiertamente por la defensa de derechos.

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