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Candidato presidencial argentino, víctima de la Secta Kofcof

    Por NEACONATUS

    No tiene como objetivo este artículo analizar el término secta desde el enfoque del lenguaje común, porque va más allá del significado trivial que se le suele asignar. Este tipo de agrupaciones humanas, subrayamos la pertenencia humanista porque los cardúmenes de peces no podrían formar sectas, se remontan a la Antigüedad. Ya Diógenes Laercio agrupó a los filósofos en dogmáticos y escépticos. Hipoboto identificó a los megáricos, erétricos, cirenaicos, epicúreos, anicéricos, teodorianos, zenonianos, estoicos y peripatéticos. En la Edad Media muchas de estas sectas siguieron vigentes. Podrían sumarse los gnósticos y los maniqueos. Habrá que esperar hasta el siglo XIX, cuando Cousin, nos plantea la existencia de camarillas eclécticas donde se conjugaban sensualismo, idealismo, escepticismo y misticismo.  

    Sin embargo, a pesar de tamaño crédito filosófico, resulta ineludible consignar el aura peyorativa que envuelve a las sectas. En particular por participar de ciertos factores constitutivos complejos. Como ser acotaciones a la libertad de expresión de los miembros del grupo y a su libre circulación, injerencia en las subjetividades íntimas en cuestiones de moral o creencias personales, abusos económicos, laborales y hasta sexuales, ciertas prácticas económicas fraudulentas, culto a un líder todopoderoso, coacción psicológica y violencia paranoica. En este último punto recurriremos a Elias Canetti y sumaremos un matiz gris en el accionar de las sectas, nos referimos a la variable del acoso. Conducta que tiene como finalidad la obtención veloz de un objetivo: aturdir a una determinada víctima, anulando su capacidad de pensar, concentrarse o decidir por si misma. El damnificado no puede hacer nada, su indefensión es absoluta, será aniquilada su voluntad. Podemos citar, como ejemplo artero, la obstinación -casi mortal- de la secta Kofcof, también conocida popularmente como “los tosedores”, contra un candidato a presidente de la Argentina. El nombre de esta congregación puede remitir a orígenes eslavos, más precisamente vinculados a Rusia.

    ¿En qué se basa su ataque letal? En la expulsión brusca, violenta y ruidosa de aire pulmonar para distraer y caer sobre el sujeto elegido. Sería una especie de coro sinfónico de distintas tonalidades, más precisamente un canon coral, con improvisación grupal, una masa de acoso diría Canetti.

    La secta Kofcof ha trascendido las fronteras y multiplicado las formas gaseosas de atacar a los rivales. Según información cierta, el método ya está incorporado a las distintas técnicas de enfrentamiento político y empresarial. Dado el triunfo mundial de esta siniestra cofradía las redes sociales difunden su pervertida consigna: “La tos es salud”.

    Afirmará Borges sobre la secta del Fénix, no hay grupo humano en que no figuren partidarios de la tos ritual. Y hoy, están entre nosotros. Perturbando la capacidad de expresión de hombres y mujeres que intentan comunicarnos pensamientos e ideas que, a partir de la lógica de la contradicción, se elevan hasta flatulencias metafísicas.

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