
Por Roberto Maack. Posadas. Periodista y escritor
Planeros, la consigna que esconde el odio hacia los pobres como forma de hacer política.
La utilización del odio como herramienta política no es un fenómeno nuevo, de hecho, es recurrente en gobiernos con signos autoritarios. Pero no siempre fueron los más humildes el blanco de los ataques, antes, no hace mucho, fueron las minorías. En esta nueva versión el combo aparece más completo, pobres y otras minorías como las diversidades sexuales, blancos predilectos de una nueva forma de desprestigiar a la buena política.
Sin embargo, el objetivo siempre ha sido el mismo, desde los primeros cristianos perseguidos por los romanos, las minorías en Estados Unidos o los judíos en la Alemania de la Segunda guerra mundial: los líderes políticos recurren a la discriminación y la animosidad hacia los pobres y las minorías como estrategia para obtener apoyo y consolidar su poder.
La región latinoamericana ha enfrentado históricamente desafíos relacionados con la pobreza y la discriminación. Autores como Eduardo Galeano, en “Las venas abiertas de América Latina”, ofrecen una visión crítica sobre cómo las estructuras económicas y políticas contribuyen a la desigualdad, creando un terreno fértil para la manipulación política.
Pero como lo latinoamericano está bastardeado por los actuales dueños del discurso es conveniente citar también a Robert Paxton en “The Anatomy of Fascism” y a Katherine J. Cramer en “The Politics of Resentment” (la política del resentimiento), este título probablemente sea más apropiado para describir determinadas situaciones o discursos que imperan en las redes sociales.
Planero, te odio:
La retórica anti-pobreza ha sido una táctica común para movilizar a sectores de la sociedad descontentos. Líderes políticos han culpado a los pobres de problemas económicos y sociales, desviando la atención de políticas estructurales y económicas, coinciden tanto Paxton como Cramer.
El uso en la vida cotidiana del término planero con tintes claramente despectivo (dejando de lado el insulto diario y rampante ante todo aquello que piensa distinto) da una pauta de hasta dónde ha calado la retórica anti-pobre. Van algunos ejemplos extraídos de las redes sociales: “Finde de Netflix y mates, bien planero.” “Esa es la vida, bien relajado y planero.” “No hay nada mejor que un asado con amigos, bien planero”.
En contraste, claro, con lo que hace “la gente de bien”, que implica la disponibilidad de recursos (aunque parezca una obviedad hay que escribirlo) para hacer cosas divertidas y copadas. El planero es triste por designio y definición.
En el Brasil del ex presidente Jair Bolsonaro eran los “comunistas” y en los Estados Unidos de Donald Trump eran los inmigrantes. Pretendieron convertir en una amenaza a los que menos recursos tienen, y por ende, menos capacidad de accionar en política. Ir a la guerra contra lo más débiles, cosa fácil; en cambio contra los poderosos no, porque saben que la derrota es segura.
Ejemplo: En una semana el nuevo gobierno de Javier Milei ha licuado los ingresos de la mayoría de los argentinos, desapareció a la clase media y sin embargo la única medida que tomó y se arrepintió fue la aplicación de retenciones a las economías más pujantes.
La influencia de las redes sociales y las plataformas en la propagación del odio político es clave. La desinformación y la manipulación de la opinión pública son las herramientas predominantes.
El contraste, deberían aportar los medios de comunicación y sus periodistas profesionales, pero la industria atraviesa una de las peores crisis de credibilidad y de supervivencia que ha llevado a muchos empresarios a tomar decisiones incorrectas como priorizar la farandulización por encima de la información responsable o la tranquilidad de la pauta oficial resignando el buen periodismo.
Pero también hay una responsabilidad social. Es que la gran mayoría de los ciudadanos que repiten insultos y ataques parecieran hacerlo sin conciencia plena de las consecuencias de sus actos en la construcción social.
Se consideran inmunes, están en la vereda correcta, se “autoperciben clase media” como dijo el vocero presidencial Fin Adorni. Hasta claro, pase lo que nadie cree que va a pasar: les toque a ellos. Ver menos