
Hoy sería tu cumpleaños, ¿o es tu cumpleaños? Quizás no has muerto porque vives en mí, de algún modo esta memoria te hace vivir, porque te rescata del olvido y digo, que sólo el olvido es la muerte, quizás pase contigo.
¿Cuántos años cumplirías? Te fuiste o me aleje de tu vida hace muchos años, nunca olvide esta fecha hasta hoy que me la recordó Paula, ¿seguirás yéndote, alejándote del olvido? No perdono tu muerte o no te perdoné en tu muerte prematura, tenías cincuenta y ocho años en el setenta y ocho del siglo pasado. Y no estaba, llegue para verte encerrado en una caja de madera, inerte, en verdad no recuerdo si te vi o ya te habían cerrado la vida. No recuerdo tu entierro, quizás no quería hacerlo porque deseaba abrazarte o mencionar lo malo que me sucedió contigo o darte un abrazo infinito diciéndote “te amo papá”, no lo se.
Escribo porque recuerdo pocos hechos que me hicieron mal y menos que me hicieron bien, porque evoco incompleto el andar paternal que tenías. Aquellos domingos en bicicleta, tú en la negra de reparto de la tienda y yo en la rodado 24, imagino que andábamos por el puerto de Concepción del Uruguay, porque era el paseo familiar, aunque no te recuerdo en familia, solo conmigo, de igual modo cuando pienso en vos, por lo más lindo, es por los paseos de ciclistas solitarios y mudos. Hablabas poco conmigo papá, tus silencios eran hirientes, tus silencios eran de miedo, no de respeto. Qué pena, de cuantos abrazos nos privó aquel silencio de años, de siglos para mi infancia. También quizás, por ello no me fui a estudiar fuera de la ciudad, sino que hui de la ciudad, encontré una excusa excelente para no estar ante el maltrato familiar, ante el otro silencio que me dolía y era el de mamá.
Hace pocos años comprendí de su inmenso dolor de infancia, que el dolor de la pequeña familia que defendió con su silencio y angustia nunca dicha, era ínfimo y le valió la pena. Mamá estaba feliz en el dolor porque su anterior pena era infinita. No supe si se amaban, si puedo sentir que vos amabas tu vida y mamá la suya, no supe si tenían una misma vida, aunque convivían. Caramba, comencé con la necesidad de escribir de vos, o de mí y vos y ¡está mamá en el relato!, que cosa ¿no?
No quiero describir o memorar tu alcoholismo o tu pasión enfermiza por el juego, tu vida paralela. Tu sí que hiciste honor a “¡la patria amigos!” como decía Borges, te recuerdo fiel, leal, solidario y compañero con tus amigos, y eso fue muy bueno, pero no había necesidad del abandono familiar. No la había. Escribo porque te estoy olvidando papá, te estás muriendo y me apena y entristece, me causa mucho dolor olvidarte.
¿Acaso me estoy vengando ahora cientos de años después? O recién ahora, hoy, ¿me animo a que el dolor me invada y me permita cerrar heridas abiertas que suelen ser pesadillas? ¿Importa saberlo? Me quedo con las andadas en bicicleta los domingos, ello me hace amarte. Feliz cumpleaños. 02 09 2020