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El Déjà vu de la devastación y la destructología

    Por NEACONATUS

    22 de marzo 1976. Gran tensión en todos los ámbitos de la vida argentina, con versiones y conjeturas en torno a la suerte del proceso institucional. En el ámbito castrense fue un día de hermetismo y de mucha actividad o de una actividad fuera de lo común. En los bloques legislativos del oficialismo hubo mucha preocupación por el futuro, y se reconocía la crisis, pero se intentaba ignorarla. Se vio a muchos legisladores abandonar el congreso con voluminosos paquetes, y del bloque radical fue retirado un busto de Hipólito Yrigoyen. En la Capital Federal fue asesinado de un balazo el Secretario de la Federación de la Industria Azucarera, Atilio Santillán, que era de Tucumán. El gremio de los ferrocarriles dispuso un paro nacional de 48 horas. Muchos gremialistas iniciaron un éxodo hacia lugares no habituales y al exterior. Jorge Antonio dio una conferencia de prensa. El intendente de Buenos Aires, General José Embrioni, presentó su renuncia. A la noche de este día, la presidenta del país, recibió en su despacho a Deolindo Felipe Bittel. A la salida dijo “confío en las FFAA”.

    23 de marzo de 1976. Títulos del diario La Razón: “Es inminente el final” “Todo está dicho”. En La Plata en un amplio operativo conjunto entre militares y policías, mataron a 14 guerrilleros, en la zona del bosque platense. Casi todos los partidos desde el Justicialista al Comunista, pasando por el Radical, emitieron un comunicado “reafirmando su votación por la vigencia de las instituciones de la República y la democracia”. A las 12:25 a bordo de un helicóptero arribó a la Casa Rosada la Jefa de Estado, Isabel Perón. Tensa calma. Las 62 Organizaciones difundieron una extensa declaración afirmando que el país asiste absorto a una campaña de promoción golpista. En Misiones, La Rioja, Neuquén, Bahía Blanca, Mar del Plata y la Capital Federal, se observaron movimiento de tropas.

    24 de marzo de 1976. Las Fuerzas Armadas asumieron el ejercicio del poder, caducaron los mandatos políticos, se disolvió el Congreso Nacional, y fueron removidos los miembros de la Corte Suprema. Fue detenida María Estela Martínez de Perón, llevada al aeroparque y luego a Neuquén. Se intervino la CGT, al CGE, y la Cruzada de la Solidaridad, y se designaron delegados en los ministerios y gobernaciones Los Comandantes del Ejército, teniente general Jorge Rafael Videla, de la Armada, Emilio Eduardo Massera, y de la Fuerza Aérea, brigadier Orlando Ramón Agosti, se constituyeron en Junta Militar haciéndose cargo del gobierno nacional a los fines de llevar a cabo “el proceso de reorganización nacional”. Además, “restituir los valores esenciales del Estado, erradicar la subversión, asegurar la moralidad, idoneidad y eficacia imprescindibles de la Nación, y promover el desarrollo económico del país”. Se suspendió el derecho de huelga, eliminándose el fuero sindical, se declaró en comisión el personal del servicio exterior, y se suspendió la actividad de los partidos políticos tradicionales, toda clase de asociación social, espacios religiosos comprometidos con la promoción comunitaria, y obviamente, a los partidos Comunistas Revolucionario, Socialista de los Trabajadores, Partido Obrero, al Trotskista, y al Marxista Leninista. El zurdaje “oficial”.

    5 de marzo de 2024. Una militante de la asociación H.I.J.O.S. ingresó a su casa y se encontró con que dos hombres armados estaban adentro. No bien entró la “tomaron por el cuello y brazos impidiendo que pudiese moverse y hablar”. Los atacantes eran dos hombres munidos de armas de fuego. Mientras uno la inmovilizó, el otro la amenazó: “No hables nunca más, mirá lo que te pasa por hablar, sabemos que trabajás en los derechos humanos, no te vinimos a robar nada. No vinimos a robarte nada, a mí me pagan para esto”, denunció que le dijeron. Además, la amenazaron: “Nosotros te vinimos a matar”. Le ataron los pies y las manos con alambre. Le introdujeron un trozo de tela en la boca. Le ordenaron que se pusiera de espaldas y al negarse, la golpearon. La llevaron a su habitación, la arrojaron en la cama boca abajo y la abusaron. “Ahora nos vamos a ir, si vos gritás vamos a volver y te vamos a meter un tiro”, le advirtieron antes de dejar el departamento.

    Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa. (Quien quiera oír que oiga. Litto Nebbia)

     Destructología. Aporte de Alberto Szretter

    No sé quién inventó el término. Pudo haber sido, el militar y patriota Wlodzimierz Bogacki, en 1864, defendiendo a una Polonia inexistente, con un ejército fantasma, en una guerra cierta, tan real como los derrumbes y piedras que dibujaba. Quizás allí escribió, en el borde su tercer cuaderno (iban a ser diez), DESTRUKCJOLOGÍA, la ciencia de la devastación, o la adivinación del futuro a través de las huellas de los escombros bélicos. ¿Habrá previsto en los muñones de mamparas rajadas, en la numerología de pedernales truncos, su encarcelamiento, tortura y muerte a cuchillo, a los 27 años?

    Tal vez fue Jean-Yves Jouannais, cómplice con Enrique Vila-Matas, en El uso de las ruinas, para darle a la literatura el mismo efecto de las ciudades sitiadas, descuartizadas, despojadas. O para tratar de tolerar, con palabras, el desastre y la aniquilación. La única manera de soportar el dolor es con palabras, no sirven las lágrimas, el luto, el silencio o el grito.

    En 2019, por una alianza entre el Ministerio de Educación y el Patriarcado de Rusia, se publicó en Moscú el Primer Manual de Destructología, escrito por Roman Silantyev, que alerta sobre la demolición que pretenden sectas religiosas, la publicidad, el comercio del engaño, las redes sociales. No se analizaban trozos de paredes bajadas con morteros, sino las actividades de grupos extremistas dispuestos a cañonear el “estilo” eslavo.

    Ya existían métodos esotéricos: la espondanomancia o adivinación por las cenizas; la esquiamancia o predicción por el estudio de las sombras; la piromancia o pronóstico en base a las llamas; o el antiguo vaticinio etrusco de saber el futuro examinando las entrañas de un animal sacrificado.

    Las disciplinas mánticas suponen, igual que las ciencias, que cualquier realidad tiene una causa. Las técnicas furtivas consisten en discernir del presente, algo que no es evidente, que va a influir, o producir un efecto en el destino. Los especialistas en oráculos no aceptan eso de “sin causa aparente”. La destructología define el futuro según cómo quedan las vigas o los caballetes de una casa, la argamasa, los largueros venidos abajo, luego de un bombardeo. Nos dice lo que vendrá más adelante, observando lo oculto en los cascajos, en los ladrillos rotos, en los añicos, luego de una explosión.

    Muchos años después de Bogacki, W. G. Sebald nos contará del Shoá, como también de los seiscientos mil civiles muertos por millones de toneladas de dinamita, que la Royal Air Force, arrojó en ciento treinta ciudades alemanas. A cada habitante de Colonia le incumbía 31,4 m3 de escombros; a los de Dresde, a cada uno, 42,8 m3. Cuando Kurt Vonnegut, en Dresde, asomó la cabeza, del sótano donde estaba preso, y miró, la ciudad no existía.

    ¿Pero los aliados y los alemanes analizaron los fragmentos, los cascotes? No, trataron de silenciar, de ignorar, esas visiones. La ruina material y moral era como un vergonzoso secreto de familia. Ahora Europa sufre haber querido destruir la memoria. No solo calcó la historia con el muro de Berlín, o en los Balcanes, o en Ucrania, hoy, sino que bajo la superficie suave de la civilización y el confort, la sisa muestra una verdad amenazante. Ya nos contaron los escritores como Sebald o Hans Magnus Enzensberger; porque son los artistas los que recuerdan, al revés de los triunfadores, que administran la amnesia.

    La deriva de los pueblos parece seguir ciclos. Aquí, en Argentina, tampoco supimos mirar la devastación que padecimos en décadas pasadas, y volvimos a elegir nuestro verdugo.

    ¿Qué morfología debe tener la caída del edificio de la democracia para que acertemos ver, de una buena vez, en la mampostería de la destrucción, que el camino no es el derribo de la educación, el martillo neumático sobre los lazos sociales, el vaciado del arte, el desempleo, la miseria, el hambre, el saqueo, el abandono del prójimo, el aniquilamiento del otro, el odio, el insulto, la locura y la chapucería de un gobierno brutal?

     

     

     

     

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