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Chivo expiatorio. Daños colaterales de la libertad

    Por Santiago Morales. Posadas, escritor

    En la kafkiana película Sombras y niebla (Woody Allen 1991) hay un asesino serial rondando la ciudad. La paranoia generalizada hace al pueblo contentarse con que encierren al primero que parezca mínimamente culpable, y el miedo al asesino parece ser desplazado por el miedo a ser acusado. Lo culpan a Klein (Woody Allen) solo para usarlo como chivo expiatorio y que todos se sientan liberados. Cuando todo está mal hay que culpar a alguien, y paga los platos quien esté más a mano, sobre todo si la culpa es nuestra.

    Otros casos que me acuerdo de chivo expiatorio en el cine:

    Las brujas de Salem (1996 sobre obra de teatro de Arthur Miller) El clásico de la literatura y el cine en que se usa a un grupo de mujeres, acusándolas de hechiceras, para fortalecer la ideología y la religión dominantes. Babel (2006) uno de los dos hermanos dispara el rifle que hiere a la xenófoba turista que va en un colectivo. Cuando lo están por descubrir, denuncia, para desviar la atención, una fechoría menor que cometía con el otro hermano en secreto: espiaban a su hermana mientras se bañaba. Expiación, deseo y pecado (2007 basada en un best seller de Ian McEwan) la niña inculpa al novio de la hermana tal vez por ser eso mismo; La niña santa (Lucrecia Martel 2004) en la cual se rompe un secreto para guardar otro casi descubierto.

    La raíz de la palabra expiación parece que proviene del arameo borrar o cubrir.

    Pago o reparación de las culpas mediante la realización de algún sacrificio.

    Ese sacrificio puede ser culpar a un inocente (o a un asociado). Matar a otro para cubrir un secreto. Mandar a inocentes a la guerra para cubrir un secreto. Usar banderas de efigies como libertad, justicia, república, para encubrir secretos, secretos que no son otra cosa que negocios turbios, agua podrida, nada nuevo.

    “Nuestro sistema está creado para respetar las libertades de los peores de nosotros”. Dijo Larry Flynt, con la libertad de la sinceridad.

    La guerra es el modo que tiene Dios de enseñarles geografía a los norteamericanos. Dijo Ambrose Bierce, con la libertad de la suspicacia.

    Otro escritor yanqui, Kurt Vonnegut, escribió la novela Matadero 5, obra satírica, irónica, inscripta en la comedia negra de denuncia social, basada en su experiencia como soldado, y prisionero de guerra, en la 2º Guerra Mundial.

    Fue uno de los pocos prisioneros que lograron sobrevivir al bombardeo que destruyó casi toda la ciudad de Dresden.

    Estaba preso en un matadero de chanchos que los nazis usaban como prisión. Pero lo que quiere decir Vonnegut en el libro es que la guerra misma no es otra cosa que un matadero.

    Hair (Milos Forman 1979) una película que se desarrolla durante Vietnam, es una denuncia de los inocentes sacrificados. Un hippie termina reemplazando por error a un amigo alistado a la guerra. Ops! Otro inocente rumbo al matadero.

    —No me interesa— es la respuesta egoísta, inhumana, del policía del FBI cuando El fugitivo (película de 1993) le confiesa, implorante, su inocencia, al borde del precipicio en una represa. Solo cumple su deber: arrestarlo. No es juez. Esta escena plantea un viejo dilema de responsabilidades, dilema sobre el cual se basan, por ejemplo, las películas Los juicios de Nuremberg y El lector: los crímenes de guerra.

    Aparte de las muertes supuestamente accidentales, errores adrede que funcionan como fachada para otros motivos, como chivo expiatorio, está el caso que presenta Buena puntería, otro gran libro de Vonnegut: la muerte accidental consecuencia de la cultura armamentista, de la tenencia y venta indiscriminada de armas: un niño juega con la escopeta del padre, apunta por una ventana y mata una mujer embarazada que paseaba a muchos metros de distancia. (Error de puntería: no es fácil apuntar, direccionar la pulsión bronca) En esta novela, además, la madre del protagonista muere porque diariamente se sienta al pié de una chimenea de cemento radiactivo sobrante del Manhattan Project (plan de fabricación de la bomba atómica de la II Guerra Mundial).

    Constantemente se difunden episodios de policías de gatillo fácil, de civiles de gatillo fácil, de niños de gatillo fácil. Ops! Disculpe, pensé que me había mirado mal, su inocencia no vale mucho. Ejércitos de gatillo fácil. —Ops! Disculpe, pensamos que aquí vivía un terrorista— todo sea, en nombre de la ensombrecida libertad.

     

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