
Por NEACONATUS
Reseñar libros ha sido uno de los factores que posicionó a NEACONATUS, como una revista digital, con buena aceptación, en el NEA de Argentina. Una región compleja literariamente, muy apegada al territorio, el paisaje, la naturaleza, los ríos, el abuso sexual, laboral y extractivo, la lejanía, el aislamiento, la miseria, los gobiernos feudales, en fin, tópicos temáticos que definieron una narrativa contradictoria como la que atraviesa todo el país. Karma federal.
Entre los articulistas que destacan por su estilo experimental y renovador muy vinculado a la música, sin duda, el bonaerense-misionero Café Azar es un referente que abrió caminos con su blog https://elauradelosdesangelados.wordpress.com/. Por suerte es asiduo colaborador del proyecto NEACONATUS. Existen muchas otras relaciones limítrofes con el rock, pero más cercanas a la radiofonía, redes sociales y medios audiovisuales.
Cuando Alberto Szretter y Carlos Piegari, en plena pandemia y aislados en Puerto Rico (Misiones) y Barcelona, pusieron en marcha esta aventura, comentar y difundir obras de autores locales fue una premisa fundacional. Al día de hoy acreditan decenas de estimaciones sobre todo tipo de libro descubierto por estos lares. Pero muy pocas veces editaron artículos vinculados a la cultura pop y rock. Sin embargo, algunas publicaciones, desde unos años a esta parte, se han asomado a las escuálidas mesas de ofertas en las escasas librerías del NEA y autores especializados se dieron una vuelta. La escritora Lara Schwieters y el periodista Juan Ignacio Provéndola valen como ejemplos.
Hasta que un buen día a la redacción de NEACONATUS llegó un ejemplar atípico e insistente a la vez, Hubo un tiempo que fue hermoso. El Charly de Sui Géneris por sus amigxs de Facu Soto (Editorial Sudestada, 2024). ¿Cuántas decenas de libros ya se han escrito sobre Charly García? Podrían abastecer hasta una biblioteca popular propia. Si no hubiera sido por algunas causas peculiares, luego de agradecer el envío, habríamos pasado de largo. No obstante, interesó. A uno de los editores de NEACONATUS se le dedican páginas (es conveniente tener relaciones cordiales con el ego), si bien forma parte de la abundante bibliografía sobre Charly García (entre la cual destacan los dos tomos de Esta noche toca Charly de Roque Di Pietro, Editorial Gourmet Musical, y se espera la próxima publicación de Freddy Berro y Lucas Fernández), inminente lanzamiento discográfico (tal vez el último), aunque sobretodo importó porque Hubo un tiempo que fue hermoso. El Charly de Sui Géneris por sus amigxs de Facu Soto aborda aristas crudas: sexualidades, drogas y política, permitiendo además a NEACONATUS entrometerse en otros temas como ser, la idolatría, la genialidad, las miradas diversas, las construcciones subjetivas, cuestiones que hacen al mero gusto de reflexionar, escribir e incordiar sobre la idiosincrasia argentina.
Facu Soto es psicólogo LGBTIQ, periodista y escritor. Habitualmente publica en Página 12 y sabe cual es la pesquisa, más o menos, evidente que desea plasmar en su libro, aunque matiza (como en los mejores guiones de las series) con derivas eventuales.
Dialogó con Julieta Sandoval, Alejandro Correa, Carlos Piégari (no lleva acento), Pedro y Pablo I / Miguel Cantilo, Pedro y Pablo II / Jorge Durietz, Ada Moreno, Billy Bond, Jorge Álvarez, Raúl Porchetto, Claudio Gabis, Francisco Prati, Liliana Lagardé, Nito Mestre, María Rosa Yorio y Juan Rodríguez. Algunos testimonios son, relativamente, posibles de encontrar en Internet, otros no. Ciertas narraciones de larga data, otras no. Por lo tanto, el libro supera la gratuidad compulsiva de la web y obtiene la cucarda al mérito de merecer su compra.
Una cualidad inteligente de Soto, a pesar de tener en claro que busca indagar, no construye (con fórceps y calzador) un relato a medida de sus intereses profesionales. Deja el final abierto, saque el lector sus propias conclusiones, si puede. Su texto confronta, quizás no lo buscó, con el axioma “Sex & Drugs & Rock & Roll”, puede ser también “Panqueques & leche chocolatada & Lovecraft”.
Soto asume un compromiso poco transitado, bajar al subterráneo de la construcción de las sexualidades desde la adolescencia aturdida y descubrir que hicieron con sus elecciones íntimas aquellos chicos devenidos jóvenes y luego adultos. En las escaleras, un tanto meadas por la hipocresía de la época, pisará fasos, merca, artesanías, hipismo precario, pensiones de mala muerte, pasión musical, mishiadura crónica, misticismo y, algo que se mira y no se toca, las posiciones políticas.
El tono general es mesurado, el autor no se perfila como un pseudoerudito que intenta dar cátedra sobre un personaje notorio, su voz se ajusta en un segundo plano y deja hablar al entrevistado, sólo induce ciertos caminos. Precisamente las personas elegidas para dialogar no pertenecen, al menos casi todos, al actual núcleo central del planeta Charly. Es obvio, pues cuentan sus experiencias vitales con alguien que ya no es quien fue. Nadie es inmutable en el tiempo, menos un “ídolo”. Y aquí encontramos la primera zona de exploración, el Charly de este libro no es aún el fetiche estrella de nuestro panteón de dioses. Todavía no ha sido infectado por el virus vernáculo de la necesidad, un tanto patológica, de tener deidades a la mano como el Viagra nacional en la mesita de luz. Vaya problema que arrastramos con esta fiebre endémica. Desde el Sargento Cabral, a Gardel, pasando por Gatica, Borges y Olmedo…
Francis Bacon entraría en pánico si renaciera, vía máquina del tiempo, en nuestro país actual. Tenemos todas las clases de ídolos posibles. Los idola tribu (los más populares), los idola specus (los de la caverna, abundantes en la actualidad), los idola fori (los del foro o el ágora, serían como los políticos que nos salieron medio corruptos ¿no?) y los idola theatri (los del teatro y el espectáculo, ¡los patitos pun para arriba!). Charly podría ser una cruza de los idola tribu con los del theatri. Todos comparten algunos atributos, nos permiten otorgarles realidad a cosas que son nuestros deseos imaginados y nos dejan asomar (un poquito nada más) fuera de la cueva donde vivimos. Pero hay una quinta clase a la que se le da poca bola, los propuso Max Scheler, son los ídolos del conocimiento interno (los que están dentro de nosotros mismos y no los reconocemos, o elegimos disimular). Preferimos a los otros, aunque nos arrastren a una percepción errada del mundo exterior y nos obliguen a dejar de lado nuestro propio espíritu crítico. Somos niñitos/as en la eterna salita azul del jardín de infantes, Maradona es un dios intocable al que el destino le hizo una zancadilla mafiosa, Messi un ángel que evacúa dulce de leche sentado en un inodoro de oro y ¿Charly?… El genio loco. Se autodestruyó, está casi inválido, secuestrado, pero no importa nos sigue suministrando placebos de felicidad. Somos la nación con más morbo vampírico y demandante de la Tierra. No nos importa la persona, sino lo que provee. Si deja de ser fuente de placer, pues al geriátrico bien empastillado. Ya lo reemplazaremos. Quizás por eso desde las plateas se grita ¡No te mueras nunca!
Regresemos a la cuestión de las sexualidades. Soto lo intenta, es sutil pero pertinaz. Obtiene logros definitorios sólo con algunos/as. Destacan Ada Moreno, Billy Bond, Jorge Álvarez. Con ellos atrapa sustancia, revelaciones directas, homosexualidades, eroticidades disimuladas, se presumen personas yendo de la cama al living.
“Los años sesenta y setenta en Argentina fueron tiempos de cambio del modelo familiar doméstico, la doble moral sexual y los roles e imaginarios de la feminidad y la masculinidad. Estas transformaciones, aunque moderadas y ambiguas, tuvieron implicancias en las experiencias del cortejo, el noviazgo, la sexualidad y las sociabilidades juveniles, especialmente para las mujeres.” (En todos los colores: Cartografías del género y las sexualidades en Hispanoamérica, un estudio de María Celeste Rita Bianciottí). Soto lo ejemplifica muy bien cuando transcribe estas palabras de Jorge Álvarez: “… nunca ocultó su homosexualidad; pero que tampoco la exhibía. Cuando le saqué el tema, me cortó en seco diciéndome: “Eso nunca fue un tema de interés para mí”. Era un gay de otra época, donde “eso” no se decía, pero se practicaba… Su lucha fue interna, para poder aceptarse, preguntándose si estaba bien o mal ser gay.” La frase clave de la época: “eso no se decía”. La culpa. Habrá que esperar hasta los años 80/90 cuando llegue la tercera ola del feminismo para que se liberen alternativas de género, principalmente enfocadas a la sexualidad disidente y performática. Triunfa lo trans y se atenúa el trauma que plantea la película Cruising de Al Pacino. De todos modos, el clan Álvarez desafió a una sociedad porteña pacata con una indeterminación que incomodó a muchos medios y segmentos sociales. No olvidemos que los incógnitos “llamados telefónicos”, que fueron recibidos por algunas familias de ex Sui Generis, advertían sobre drogas y sexo. Puterío epocal de clase media del barrio de Caballito.
Cuando asoma el contradictorio matrimonio del rock con la política podemos leer párrafos muy interesantes. “La Pesada tocaba La marcha de San Lorenzo, pero no es que iban a agarrar las armas y salir a la calle: no. Pero obviamente todos sentíamos la condición de zozobra por la gente que iba en cana, que desaparecía por la situación que había. Sabíamos que, en algún momento, podíamos ser nosotros los desaparecidos. De hecho, nos fuimos prácticamente todos. Y los militantes nos recriminaban que a nosotros no nos interesaba la política-partidista, pero a ellos no les interesaba el rock, nos decían que éramos extranjerizantes. Ningún partido, ni de izquierda ni de recontra izquierda estaba con el rock.” (Ada Moreno).
Alejandro Correa tira una frase lapidaria sobre los tiempos escolares, “los varoncitos tenían que ser bien varoncitos y sino la pasabas mal. Había pibes, compañeros nuestros, que tenían tendencia gay, o qué sé yo, y tenían que andar con cuidado…”
No menos compleja fue la construcción ideológica de Charly, Soto cita unos párrafos de una entrevista con Pettinato que diseña la ruta del desconcierto de aquellos años. “Bueno, recuerdo una época en que me ponía una esvástica en el brazo y salía a perseguir niños judíos por el patio.
¿Es una metáfora? No, va en serio. Era casi de verdad. Estaba totalmente copado con Hitler. Me parecía una estrella de rock o algo así. Me encantaban los uniformes negros… Eran como un shock estético. Después se me pasó. (Que curioso, a mediados de los años 70 David Bowie se transformó en el ‘flaco duque blanco’, uniformado con pantalón negro y camisa blanca. El pelo rubio anaranjado, peinado hacia atrás. Él mismo se definió como “un tipo muy ario, estilo fascista”. Leía a Goebbels, Speer y coleccionaba memorabilia nazi. N. del A.)
Y lógicamente, cuando te fuiste de tu casa pasaste a simpatizar con la izquierda. Bueno, con Sui Géneris no tuvimos carnet de nadie, pero hicimos algunos trabajos en villas miserias. Yo tenía amigos de la JP y en el PCR. Yo escribía carteles revolucionarios, pegaba fotos del Che Guevara por todos lados y letras de Bob Dylan.”
Estas confesiones son bravas. Y el carozo no es lo que dice Charly sino lo que cree la gente que es un genio. Porque a esta altura del partido debemos preguntarnos ¿estamos ante un genio? Pongamos que sí. La naturaleza del genio conecta con la filosofía desde la estética y el arte. Que de esto va la cosa. Para Platón, el griego más pelma y figureti, tiene que ver con la “locura divina”, y dale con la inspiración celestial. Aristóteles modula y considera que no tiene que ser, necesariamente, irracional. Simplificando alguien genial ve la idea dentro del fenómeno sensible y crea una regla. Son los benditos románticos (Goethe y su pandilla) los que dan la lata con la intuición de lo Absoluto. Insisten con eso de la infelicidad, la melancolía y la soledad. Hasta consideran una licencia social ética respecto a los demás seres humanos. Y he aquí la trampa. La genialidad no necesita de valores morales sensibleros. Sabe tomarlos o descartarlos a voluntad. El mismo Charly lo confirma, pudo ir por la vida del brazo de Hitler o Dylan. Libertad de elegir el goce sin que importe la norma verticalista y encorsetada, salir del closet social (diría Facu Soto, ¿o Lacan?). Pues eso fascinó durante casi cincuenta años a miles y miles de seguidores. Giorgio Agamben diría algo así como que la gente ya no sabe como encender el fuego, sólo unos elegidos conocen lo que queda del misterio.
Mario Alberto Martínez líder del SUI GENERIS FANS CLUB (oficial) define muy bien los tantos “el García que investiga Facu Soto en este libro -a través de reportajes a las personas que estuvieron a su lado en la primera época de su carrera musical- nos permite conocer a Charlie antes que sea Charly; ¿o es el mismo en otro tiempo y espacio?”
Para el escritor Alberto Szretter “Fue” es el término más utilizado en la descripción del ocaso. “Fue” es la contundente demostración de algo que ha sido, y ya no es sino en forma de memoria…Es la evocación del fuego mientras se miran las cenizas… Por eso en literatura ese tiempo verbal trata de dar a la frase contemporánea, actual, una cualidad de otro tiempo; que indica el clímax de una vida que existió, pero nos ha dejado o nos está dejando. Algo que floreció o pudo haber florecido Algo que estuvo magnífico o supusimos que iba a estarlo. Algo que nos hizo felices.
Ahora vayan a la librería más cercana y compren Hubo un tiempo que fue hermoso. El Charly de Sui Géneris por sus amigxs de Facu Soto. Ahhh y… Say no more.