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“Hombres corren, fondo verde”

    Por Santiago Morales. Posadas, escritor

    Murakami corre, Pérez Reverte navega. Hemingway moría por las corridas de toros, además pescaba y además boxeaba. Paul Auster ideaba jugadas de beisbol. Soriano era muy futbolero como Fontanarrosa y a Sábato se lo podía encontrar en la popular de Estudiantes de La plata.

    Sabemos por Wilde que la vida imita al arte. En el ámbito futbolero la realidad parece estar dándole la razón a la ficción: “Ser es ser percibido” es un cuento de Borges y Bioy en el cual visitan al dueño del fútbol y este les dice que el futbol no existe, que lo que ven es todo un invento.

    Así como Lamborghini recomendó primero publicar y después escribir, en el fútbol pasa igual, primero hay que meter un gol, después jugar. El fútbol imita al arte.

    Cuando Messi estuvo en PSG (Club de París) rodeado de Neymar, Mbappé, Di María y otras figuras del primer mundo futbolero de ese entonces, parecía ya no valer la pena mirar pensando en un resultado. Parecíamos estar más cerca de un espectáculo en el cual ya los protagonistas y espectadores saben de antemano el final y solo resta revelar los detalles, el proceso, la forma.

    Aquella injusticia, que el autor sepa la resolución y no los personajes (¿quién la dijo?) en el fútbol no existía porque autor y personaje eran uno solo: Los futbolistas. Después sonó a obra ensayada, sea quien fuera el autor, los personajes y espectadores ya sabríamos el resultado: Ganaría Messi.

    Se convertía en una ficción que vale la pena mirar por su forma, su estructura y contenido y no por su anagnórisis.

    Y así quejarse por partidos de futbol arreglados sería como denunciar, en el teatro, que el autor ha arreglado el suicidio de Romeo al final de la obra.

    Denunciar que el resultado final de un partido de futbol estaba arreglado sería como denunciar que el final de una obra de teatro lo estaba.

    Hay expertos que pasan años pensando en la injusticia del futbol, en la imperfección de un árbitro decidiendo, arruinando, perjudicando, abriendo sospechas. Y a partir de eso reclamando la inclusión de la tecnología sin derribar el espíritu del juego. Así nació la oportunidad del negocio del VAR.

    Se puede intuir una respuesta que no va en dirección contraria. El juez es parte ya que las computadoras (VAR) las maneja un hombre. Pero hay que avanzar más. El juez nunca es parte dicen los románticos, si nunca tocó una pelota. (Salvo casos extraordinarios como el de Pitana, ex jugador) Es un botón, un bombero, policía, un jurista como mucho pero nunca un futbolero, un deportista. Los reformistas ven ahí la clave: Hay que volver al picado y a la elegida. No son 22 corriendo atrás de una pelota, son 23. El de negro, (fomentan volver al color) es parte del show, es uno más. Hoy le toca a Messi, mañana a Garnacho, pasado a Mbappé, después a Neymar ponerse el pito, avisar a todos que se ha cometido una infracción a las reglas. Ahí sí los errores están perdonados y justificados. Erra un gol un delantero, erra una sanción un juez.

    Discurso de Kiko Villalba, el herrero del barrio, un viejo entrenador en un entrenamiento: Cierren los ojos y repasen todo lo que recuerdan de Kini, su compañero, aquí presente. Kini jugando al futbol, cada vez que lo recuerdan tocando la pelota, metiendo un gol, festejando, tirándose al piso, robándola, protestando, corriendo.  Y así con cada uno de los compañeros del plantel. Sirve para conocerlos y después ubicarlos fácilmente en la cancha.

    Esta es temporada, como todas, de espectáculos deportivos nacionales y no solo por el Boca-River en fútbol, tenemos a Colapinto, tenemos que alentar a Los pumas, etc., etc. Temporada de fenómenos. Así como los ingleses se ufanan la invención del futbol, según Darwin poeta (libro de Osvaldo Mazal) el rugby lo inventaron unos grumetes pataduras del Beagle en Entre Ríos.  Es probable que a Darwin y su séquito científico le gustara, porque es matemático, lógico, el fútbol. Hay dos premisas innegables: tratar de meter goles y tratar de que no te los metan. El medio campo es secundario. Sirve para defender desde más adelante.

    Mucho tiempo pensé que eran lo mismo, hasta que descubrí una leve ventaja del futbol americano sobre el rugby: La cantidad de metros que recorre la pelota en el aire lanzada hacia adelante con una mano.

    Ventajas del rugby sobre el futbol americano: La cantidad de jugadores que pueden tocar la pelota en una misma jugada lanzada hacia atrás. Puede recorrer en el aire la misma cantidad de metros que la del futbol americano, pero en intervalos, tramos cortos, pasando de mano en mano, con mas chances de ser interceptada.

    En el fútbol los amontonamientos en las áreas esperando un corner, en aras de un cabezazo, remiten al scrown de rugby, será idéntico cuando levanten a un compañero para que llegue a la pelota.

    En una correspondencia entre ganadores de grand prix (pero apenas de literatura) J.M. Coetzee le escribe a Paul Auster: ¿Por qué desperdiciar el tiempo arrellanado delante de una pantalla de TV mirando cómo juegan unos chicos? ¿Acaso el deporte es como el pecado, y uno lo desaprueba pero sucumbe a él porque la carne es débil? Un espectador serio debe padecer grandes momentos de deja vú, y está justificado: Todo ya está hecho antes. En cambio, si un buen libro presenta alguna ventaja es que nunca antes se ha escrito.

    Los dos popes de la escritura, consagrados en títulos y ventas, reconocen, mientras lo interpelan y se interpelan, su amor al deporte y a mirarlo por televisión (uno por el criquet, el otro por el beisbol).

    Auster le responde: “No hay duda de que los deportes tienen un sólido elemento narrativo. Seguimos los giros y peripecias del encuentro con objeto de saber el resultado final”.  

    Yo no sé qué más decir de todo esto, pero sólo me remito a mirar y describir que todo el fútbol que miramos, todos estos deportes por televisor, por led o por cel o por x tecnologías, no son otra cosa más que un cuadro, un cuadro cada vez más grande con el fondo verde.

     

     

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