
Por Daniel Omar Luppo. Formosa. Dramaturgo y gestor cultural
-Se acabaron los tiempos de olvidar, han empezado los de recordar-. Honey Bunny y Pumpink
Escena I “Tiempos violentos”
-Te paso por WhatsApp mi última novela breve-.
Un día después la leo. A mi parecer observo algunos inconvenientes en la lectura. Le comento, me contesta al instante, te paso la segunda versión. Nueva lectura y efectivamente me encuentro con Furtivas una nouvelle atrapante y redonda.
Esta conversación la tuve con el escritor chaqueño Francisco Tete Romero. Resistencia 2001. Tiempos difíciles. Argentina en llamas. El sueño liberal desplegado en nuestro país ha dejado un tendal inhumano con consecuencias desastrosas en la sociedad nacional. En una vieja fábrica de aceite la gente se agolpa para intercambiar desesperadamente todo tipo de bienes y servicios. Es la era del trueque. Del hambre y del trueque humano. Un padrastro deleznable prostituye a sus dos hijas “del corazón” menores de edad. Por las noches, en esa fábrica se practican todo tipo de situaciones con personajes que buscan saciar sus pulsiones sexuales a cambio de dinero. A modo de cabaret lumpen, festines sexuales, de alcoholes y pornografía a la que son sometidas las dos hermanas Mara y Pau personajes centrales de Furtivas. Dos años después cierra La Fabril y las hermanas siguen en la prostitución callejera dominadas por el ex carcelero Pelusa, ex amante de su madre muerta un viejo repugnante que odiaban con todo su cuerpo. Ya mayores, las hermanas por un problemita policial dejan el Chaco clandestinamente hacia Buenos Aires y otros países.
Tete ensayista y novelista de comprobada capacidad intelectual, sabe que las curvas de la historia son el mejor momento para analizar acontecimientos. Romero selecciona una curva, emboscado apunta su procesador de textos y dispara desde su Resistencia natal su nueva producción ficcional. Rápidamente en el primer movimiento de Furtivas se activa un motor de búsqueda, el cual se excita mediante el uso de la herramienta primera persona. Técnica usada en todo el decurso de la trama la cual se va deshojando el múltiple espesor narrativo.
Un narrador omnisciente estructura el texto desde un registro poético que actualiza el aquí y ahora existencial dando paso al habla de los personajes que, mediante sus decires, encadenan memorias interpersonales navegando en ríos de recuerdos y desencuentros tratando de descifrar y reescribir unos enigmáticos cuadernos de tapas verdes.
Transitamos como lectores un registro poliarticulado de voces desesperadas, de realismo poético sucio y lenguas sucias que se concatenan en el entramado de sus destinos inciertos. La marginalidad y la sordidez -en Furtivas– contiene narrativas, las mismas se estetizan con potencia por el manejo de la coloquialidad y coralidades de voces que en su devenir atraviesan desasosiego y voluntades pulsionales irresistibles. “Vivir solo cuesta vida”-
Hay zonas indescifrables en las moralidades de los sectores marginales, eso los convierte en personajes complejos, lejanos a la moral institucional burguesa.
En este contexto, legalidades y legitimidades adquieren lógicas distintas de interpretación en tribus juveniles que han sido olvidadas en gran parte por los gobiernos en la estructura económico social de nuestro país.