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KRYPTONITA 1

    Por NEACONATUS

    El reciente bochorno presidencial vinculado a una mega estafa a través de criptomonedas no podíamos dejarlo pasar. Nos lo sirvieron en bandeja. Hemos producido dos entregas, aquí va la primera. Nos centramos en perspectivas vinculadas al cómic, los guiones de televisión y la literatura, no es nuestra intención incomodar economistas, banqueros o políticos (por ahora) con análisis satíricos. Eso sí, nos interesa enviar un mensaje, que redoblaremos en el próximo artículo: Queridos criptobrothers vuestras tropelías son posibles porque nuestra población se compone de un 50% de delincuentes (ustedes) y otro 50% de lelos (nosotros).

    Abrimos este artículo recordando unas viñetas perdidas de un ejemplar de las aventuras de Superman, de ser encontrada una sola de estas revistas de historietas, ameritaría una subasta en millones de… criptomonedas.

    Superman y Luisa Lane yacen en la cama, ella dice:

    –No te preocupes, le pasa a cualquiera. Tanto salvar al mundo, estresa.

    –Luisa… sólo soy vulnerable a la Kryptonita– Luisa Lane se desespera y pregunta qué es eso. Superman responde jadeando.

    – Es un elemento radiactivo que se formó a partir de los fragmentos de la explosión del planeta Krypton. Sus radiaciones anulan mis poderes, me producen todo tipo de disfunción…

    –¿Cómo puedo ayudarte?

    –Necesito tocar algo de plomo.

    De inmediato, Luisa Lane abre un periódico y lo pone en manos de su adorado héroe.

    –¡Tócalo! Trae las últimas noticias de un país que se llama Argentina.

                Este diálogo fue censurado y el cómic retirado de la venta. Dos motivos: la sugestiva escena y la posibilidad de que el planeta Krypton, luego del escándalo de las criptomonedas, pudiera ser identificado con esa nación sudamericana. El riesgo de que nuestra patria sea un gran residuo de kryptonita nos lleva a explorar esta palabra. Consultamos, y nos enteramos que en griego clásico kryptein es ocultar, la primera persona es krypto, el adjetivo kryptós es oculto. Las kryptomonedas utilizan mensajes criptográficos que impiden saber de quién vienen y a quién van. Son independientes del tiempo y el espacio. Lo nuestro abarca desde filosofar sobre los fraudes canallescos e irracionales, y también acerca de la literatura y sus derivados, como ser un guion televisivo.

    En La dimensión desconocida, la inolvidable serie, hay un capítulo donde el famoso Buster Keaton activa un botón de un artefacto que lo lleva desde 1890 a 1962. Si antes se quejaba de los ruidos de la ciudad, la inflación y la vigilancia policial, ahora, de pronto, se halla en la locura de Nueva York, con un tránsito caótico, las cosas carísimas y la represión feroz de las fuerzas del orden. Quiere volver a sus verdaderos tiempos. Pero sin ficción fílmica si desde los ´60 saltamos al presente nos encontraríamos con Internet, teléfonos móviles, fotos digitales, impresión en 3D, el metaverso, los token no fungibles (NTF), las criptomonedas…

    Y hasta es posible, la criptoliteratura.

    ¿Qué es la criptoliteratura? Es la literatura compuesta para ser distribuida de un modo asociada con los NTF. O sea, igual que los artistas visuales están usando los mercados de NTF para distribuir y vender sus obras, algunos escritores ya han comenzado a usar la tecnología blockchain para publicar sus trabajos, cuentos, novelas, poesía.

    Un NTF es una unidad única no intercambiable de datos almacenados en un sistema de blockchain, que además puede asociarse a otros archivos digitales. Por ejemplo, un escritor/a puede generar una imagen tipo GIF con la portada de un libro suyo, que asocia a un NFT y la ofrece a la venta con una copia digital en PDF. Esta imagen que sirve como prueba de propiedad del libro no se almacena en un estante, sino que se puede agregar a la billetera virtual del usuario.

    Este sistema digital, con NFT y blockchain, ofrece la posibilidad de compra y venta de obras, además de -si se desea- experimentación formal, cosa que unida al metaverso pueden alterar la observación del lector. Por ejemplo, una persona tendrá la oportunidad de usar lentes VR (realidad virtual) para interactuar y desenvolverse en el mundo de fantasía del metaverso.

    Esta manera de producir está en la mira, con recelo, de las empresas dominantes (Amazon, Google Play, etc.) porque abarataría los costos de acuñar NFT y prestan servicio de venta y distribución, por fuera del sistema clásico y sin intermediarios. Otro dato, pronto existirán los llamados NFT con recursos múltiples, permitiendo que la obra funcione como

    e-book (libro electrónico) o como audiolibro, con reproductor de sonidos, si a esto le agregamos las gafas modernas de visión virtual, coordinadas con la lectura, tendremos una experiencia insólita e impensable, no solo para Buster Keaton en la década de 1960, sino para los lectores y creadores del 2025.

    Una aclaración: en el capítulo 78 de La Dimensión Desconocida, que se llamó “Érase una vez” y que salió el 16 de diciembre de 1961, luego de muchas peripecias, Keaton logra volver a fines del siglo XIX, de donde había partido, y con él viaja, al pasado, un científico loco, que no se adapta a la incomodidad y rusticidad de ese tiempo, y a la falta de tecnología. Pasaría lo mismo con un chico de los años actuales si lo mandamos a una época sin teléfonos móviles, ni Wifi. En aquella serie, entonces para solucionar el inconveniente, Keaton le fabrica un casco transportador y lo regresa al acompañante, arrepentido y delirante, a la década de 1960 de donde originalmente era.

    Pero hay más sobre la CRIPTOLITERATURA. 

    Supongamos que es cierto eso de que “siempre se escribe para alguien”, entonces la pregunta es ¿para quién escribimos? Ese otro que deseamos que nos lea, deberá captarnos, descifrarnos. De otro modo su cuento no será sentido.

    Cada escritor posee su estilo, que según Pier Paolo Pasolini no debe sacrificarse para ser comprendido, pero seguramente se cuestionará si su obra la que está en proceso o concluida, es entendida. Si no es entendida, no será querida.

    La literatura es un espacio público, pongamos como un parque, que presenta “jardines de senderos que se bifurcan”, zonas de mucha luz, bosquecillos con ramajes más o menos enredados, lagunas, zonas oscuras. Los creadores pueden invitar a sus lectores a ese sitio y llevarlo por diferentes zonas, algunas más difíciles de transitar; pero siempre sabiendo que ese otro, el lector, no es pasivo, es el que completa el paseo. Si el lector no puede cerrar el círculo del proceso artístico, porque la escritura es criptográfica, se frustra la intención solidaria de la literatura, su aspecto comunicacional.

    Hay escritores difíciles, porque tienen un vocabulario extraño o una gramática tan alterada que es complicado o imposible, seguirlos. O retuercen la trama de su relato o cargan con tanto surrealismo que sus obras parecen sueños o rompecabezas imposibles de armar, o poetizan de una manera personalísima, digamos muy íntima, que sus lectores, al no conocer su biografía, no pueden emocionarse con sus versos. La ambigüedad, la polisemia de las palabras, en literatura se buscan a propósito y hacen de los textos el alma de lo literario. Ahora, escribir sencillo y bien, es lo más difícil del mundo. Y lo más bello.

    La criptofasia es un término empleado para describir un lenguaje secreto desarrollado por dos o más personas, pero en número muy reducido, generalmente por hermanos gemelos y, a veces, por parejas especiales o amigos muy cercanos. Este concepto fue estudiado por René Zazzo en 1960, y está relacionado con el concepto de idioglosia. ¿En Rayuela no hay un capítulo con un modo de hablar (o escribir) muy particular? En Finnegans Wake, James Joyce también usa la criptofasia. En Oulipo se escribía literatura experimental o desde el idioma con juegos de palabras, no para volverlas secretas, sino con intención lúdica. Cuando los niños comienzan a aprender a hablar, al principio, no se los entiende. Ellos hasta se enojan con los adultos que no los comprenden, porque para los niños esas expresiones no son trabalenguas, ni quieren encriptar nada.

    Nos volvemos a encontrar en el próximo de estos “criptoartículos”. ¿Dudan de la veracidad de alguna línea que han leído? Bueno, en la vida virtual que hoy vivimos toca aferrarse a la “criptofe”, ya lo pronosticaron los Beatles: Let me take you down / Cause I’m going to Strawberry Fields / Nothing is real.

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