
Por NEACONATUS
“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. ¿Si “pintamos” a Misiones, a sus pueblos, “pintamos” al mundo? ¿Cómo hacerlo en tiempos de internet, FB, celulares, satélites, pantallas? La aldea de la frase -tecnología mediante- dejó de ser algo local, para ser más que nunca todo el orbe. Aquel viejo concepto de frontera (lejanía, olvido, rusticidad) cambió, casi desapareció. No hay centros ni periferias.
¿Y la identidad de la provincia? Misiones es un territorio extraño, metido como un dedo del país, en la carne de América del Sur. Si hace unos años nos cuestionábamos qué somos los argentinos, o si existe una literatura nacional, qué podemos preguntarnos ahora de las letras misioneras, expresión de ese apéndice geográfico y social, extremidad de un cuerpo, al que está unido, pero siempre distante.
Existe un trabajo de varios autores de la Universidad de Misiones, publicado por la Edunam, “Autores de la región misionera: la producción de los años noventa a la actualidad” (2011), que habla de la desordenada dispersión de la literatura en este período y que es distinta a la de los años ´70 y ´80. De aquellos grupos literarios (AVE en Aristóbulo del Valle, Dementeazul en Eldorado, Misioletras en Posadas, pero también en Oberá, Leandro N. Alem, Puerto Rico, Apóstoles, Iguazú, etcétera) que surgieron en esos años en distintos puntos de la provincia, prácticamente no queda nada. En este estudio un capítulo interesante es el de Tamara Mogensen “Reconocimiento y legitimatización (sic) de una literatura: una función de las antologías”. Porque muchos escritores se reúnen en la edición de un libro como forma de resguardar sus creaciones del olvido. Neaconatus mismo publicó una antología de autores jóvenes que posiblemente de otro modo quizás nunca hubiesen sido conocidos. Sin embargo, antes de estas décadas mencionadas, cabe destacar que en 1936 se editó Triángulo, de Ramírez, Felip Arbó y Acuña, un libro liminar, fundante, de nuestras letras; pero las producciones que vinieron después ¿pueden considerarse típicas de la provincia, forman un corpus literario inconfundible de esta tierra? Permítannos el planteo, porque no basta que una obra sea realizada por los residentes para ser propia, o que los personajes de los libros deambulen por el monte, se nombren mitos zonales o por enésima vez dancemos alrededor del tótem de Horacio Quiroga. Estupenda contradicción, sin ser “misionero” es nuestro mayor monumento literario local. Ni que pensar si el uruguayo se afincaba en Corrientes… San Martín y Quiroga hubiera sido el acabose.
Quizás la forma de aproximarnos a una respuesta, sea analizando la vida, la historia, sus goces y sufrimientos, sus avances y retrocesos, la impronta del portuñol por un lado, y del yopará, por el otro lado, con respecto a la experiencia estética (que siempre tiende a ser un ejercicio de libertad) sin importar las formas, estilos, o géneros. Lo que realmente incluye y genera pertenencia es la búsqueda de un “nosotros”. Un nosotros que no se define por toponimias, pintoresquismos o conceptos morales ni siquiera cognitivos, sino afectivos.
Nos vamos a identificar y aceptar, mucho más allá de la tecnología, por la empatía estética de un amor y un sufrimiento colectivo ¿Por qué la literatura rusa es universal y sin embargo profundamente rusa? Porque fue al caracú de su pueblo, pintó su aldea, pero no con los rasgos de la caricatura, sino del alma eslava. Reconocemos que estamos caminando al filo de la navaja. ¿Existen “almas eslavas”, “germanas”, “latinas”? Zona de riesgo. Las esencias étnicas siempre han creado problemas. Un caso, el de Herta Müller, nacida en Rumania y Premio Nobel de Literatura a la cual se la presenta como la gran representante de la literatura alemana. Su obra es un laberinto de conflictos territoriales y culturales. Treinta años vividos bajo el régimen comunista en Rumania, su familia pertenece a una minoría alemana, la obsesión con los gulags rusos… Un párrafo de su relato “Aquí en Alemania” puede sernos útil.
“El anfitrión abrió la puerta de cristal y dijo, mientras daba la vuelta a los trozos de carne:
–Canetti también es de Rumania, ¿verdad?
Yo dije:
–Es de Bulgaria.
Él dijo:
–Ah, vale, siempre confundo los dos países, pero me sé las capitales: la de Bulgaria, Sofía; la de Rumania, Budapest.
Yo dije:
–Budapest es de Hungría, de Rumania es Bucarest.”
Durante el paso del tiempo, ¿soy de aquí o de allá?
Otro aspecto que influye en este tema y lo problematiza es la crisis de la palabra, que se exacerba en épocas convulsas. El resultado, la devaluación de sus sentidos. Dilema para el que escribe y también para el lector. Los que inventan ficciones deben cautivar creando mundos nuevos y prodigiosos, pero compiten con una realidad que supera, con creces, sus mismos cuentos y novelas. De todos modos, ante el pasmo de lo cotidiano, la literatura es una forma de amor, porque hay que reconocerse, conmemorarse, preocuparse, vivir en suspenso y encontrarse al borde del abismo. Paul Valery decía que la literatura es arte cuando nos pone nerviosos. Pero ¿ha disminuido (por no decir que desapareció) la capacidad de ver el mundo con ojos literarios? o sea de manera diferente al objetivismo a rajatabla. No se encuentra belleza, o digámoslo en potencial, no encontrarían belleza los que supuestamente están dotados de una habilidad con las palabras para plasmar un mundo diferente, para transformar una percepción en otra leíble, impactante. Porque la creatividad, ¿es producto de la inspiración? Habitualmente está asociada, de manera espontánea, al sujeto que sorprendido (digamos, supongamos) por una idea o una imagen, lucha por llevar dicha idea, o imagen al papel, transformarla en una historia entretenida, desestabilizante, descubridora de otro universo. Quizás no puede, está como seco, aturdido. La literatura creemos que no es la repetición del anecdotario real, de lo que sucede a cada grupo o individuo. Es la construcción de otros mundos. Ese pasaje a “otra dimensión”, es lo que estaría faltando. Aplastados por cifras, por problemas cotidianos (que por otra parte siempre han existido), los escritores y escritoras misioneros/as, deambulamos los días sin la elevación de esos muros literarios o sin la demolición de muros literarios anteriores.
A pesar de todo, Misiones (y el NEA inclusive) reiteran la pertinaz insistencia de crear un corpus literario. Heterogéneo, contradictorio, tal vez verticalista, pero con sana tozudez. ¿Qué podríamos objetar? Puede que la falta de vasos comunicantes. Observamos un panteón de autores y autoras legitimados socialmente por premios y ediciones bendecidas oficialmente y un tumulto de jóvenes que vienen empujando contra viento y marea. Con sus fanzines, publicaciones artesanales, nuevas editoriales independientes, juntadas, falta endémica de fondos, exiguas subvenciones. Pero la pelean. A pesar de que la atomización de jerarquías, las categorías académicas y cierta indiferencia generacional existen, y generan barreras yermas.
¿Estamos en modo siesta? Y si ponemos el despertador. Claro, a lo mejor tememos que si nos levantamos, otro u otra viene corriendo y se acuesta en nuestra cama. Así pasa en la historia, unos ocupan el lugar del otro de inmediato. Pero los escritores no deben dejar lugar para que avancen los arribistas y degradadores de la palabra. Queridos amigos y amigas, escriban cuentos, novelas poesía, teatro, ensayos, crítica, no dejen de escribir. Es hora de volver a crear y publicar, hay que renovar la literatura de la provincia, romper cánones y clichés, producir revulsión de temas y provocar, asustar al letargo. Lo que no hay que hacer es quedarse exánime, apoltronado en el sillón, porque vivir me agota.
Neaconatus está para difundir las obras inéditas, lo hace gratuitamente. Tenemos una tienda virtual a disposición con descarga libre: https://tiendaneaconatus.com.ar/ Que nos cuesta soñar con grupos de discusión, mesas redondas sobre determinados asuntos, concursos, premios, incentivos para a los trabajadores de las letras… Pero por favor ¿dónde se ha vista un escritor que no escriba?