Ir al contenido
Inicio » Horacio Quiroga, textos periodísticos

Horacio Quiroga, textos periodísticos

    Por Alberto Szretter. Puerto Rico, médico y escritor

    Con el título Textos políticos, extraviados y dispersos, se editará en Córdoba una colección de artículos de Horacio Quiroga, con selección y notas de Alejandro Ferrari, y prólogo de Horacio Tarcus.

    El monte y el desapego o desinterés por lo urbano impregnan la obra de Horacio Quiroga (Salto 1878- Buenos Aires, 1937). A esto hay que sumarle un Sino de hechos trágicos que fueron enhebrando su vida. Su obra parece estar construida sobre o contra las inclemencias de la naturaleza. Los personajes del escritor luchan a brazo partido por sobrevivir dentro de las fuerzas desatadas en plena selva, casi sin nada, más que su ingenio y tesón.

    El refugio rústico, la lejanía de los ambientes culturales, el trabajo incesante calafateando una canoa o levantando su propia casa-taller, que lo enfrentaba a labores duras e intentos de inventos algo delirantes, le dejaron, sin embargo, tiempo para que en la segunda década del siglo XX, pueda observar y opinar sobre cine, hacer crítica literaria, ofrecer opinión sobre varios tópicos y misceláneas. Había, hay que decirlo también, una necesidad de arrimar un dinero a la enflaquecida y muchas veces frustrada experiencia rural.

    Es aquí cuando consigue presencia en los medios gráficos, vertiendo sus pareceres. Y son estos textos los que ahora se editan, con notas al pie que ayudan a contextualizar la temática planteada. Hay que pensar que por los tiempos quiroguianos la inmigración era aluvional, había anarquismo, estaba la revolución rusa, y el surgimiento del fascismo.

    Hay artículos de La Nación, que parecía reproducir la melange social, porque a las notas de Quiroga a favor de la revolución proletaria, en la página siguiente o en la anterior, salía la indisimulable tendencia de derecha de Leopoldo Lugones (que culminaría con “la hora de la espada”, discurso del fundador de la SADE en 1924 en conmemoración de la batalla de Ayacucho); y antes o después, un ensayo marxista de Mariátegui (1894-1930).

    En el libro de selección de autoría periodísticas de Quiroga se eligieron notas salidas en las revistas Mundo Argentino, El Hogar, Revista Popular, Insurrexit, Babel y Vida Literaria.

    En la revista El Hogar (N.º 467, de septiembre de 1918 y en el N.º 469 de noviembre de ese mismo año) saca crónicas de su primer acercamiento al cine. Con este tema hará el cuento “Miss Dorothy, mi esposa”.

    Es interesante hacer notar que el cine en ese tiempo recién comenzaba a producirse, era en blanco y negro y mudo, la velocidad de la cinta era entre 16 y 18 fotogramas por segundo (por eso caminaban rápido). Quiroga incorporó la nueva tecnología de grabación de imagen en movimiento, a sus tramas, por ejemplo, en “El espectro” (1921) un actor muerto espía desde la pantalla de proyección a su esposa y su pareja sentados en la platea, en “El puritano” (1926) y en “El vampiro” (1927) vuelve a pintarnos su visión sombría del mundo con temática cinematográfica.

    Pero Quiroga no solo iba a las salas en Buenos aires, sino que escribió un guion para el cine “La jangada florida”. También hizo crítica de films en Caras y Caretas, y en Atlántida, publicaciones que salieron entre 1919 y 1922. Saludó al séptimo arte que surgía y escribió que el otro se iba a extinguir (se refería al teatro). También lo atrajo el asunto de la censura. Defendió “las escenas escabrosas, a favor de la coherencia expresiva de la película”; y analizó, con esa típica lupa de los que no solo miran o se deslumbran ante un espectáculo, sino que la analizan: la performance de los actores, por ejemplo, qué exigencias básicas se necesitaban para la actuación.

    Como corolario final de esta faceta del escritor debemos recordar que, con varios de sus cuentos fusionados, se produjo una de las películas más memorable del cine argentino “Los prisioneros de la tierra” (1938) dirigida por Mario Soffici. El asunto era el problema de la explotación de la yerba, que cien años (en 2025) después sigue vigente. Y un dato de color, todo el equipo de filmación vino a Misiones, para las tomas exteriores, y se rodó en diversas localidades, pero los actores se alojaron en el Hotel Ideal (que ya no existe más) de la calle San Lorenzo, de Posadas, ante el alboroto de la entonces pueblerina ciudad. En esa cinta actuaron Francisco Petrone, Ángel Magaña, Elisa Galvé y otros. Y el guion fue escrito por Ulyses Petit de Murat, con colaboración de Darío, el hijo de Horacio Quiroga.

    El escritor transgrede muchas veces su Decálogo de buen cuentista, pero no impresiona mucha contradicción, solo vehemencia poética y algún ardor. ¿Qué escritor no tiene alguna objeción a sí mismo?

    Posiblemente si cambiamos un poco los tiempos verbales y algún detalle puntual, las crónicas de Quiroga son tan actuales como entonces. Puso en sus párrafos el decir de alguien que mira y critica un acontecimiento. Porque lo que comienza a asomar en esos años, a la postre iba a ser terrible, y el escritor nunca deja, nunca dejó, de mencionar el compromiso, el juramento con la verdad. Que una cosa es la literatura, y otra el análisis periodístico del mundo que queremos entender.

    No encontramos en la bibliografía un libro exclusivo de su valioso epistolario. Quizás exista, pero no lo hallamos. Quiroga, bisnieto del famoso Facundo, asesinado de Barranca Yaco, daba la impresión de ser hosco, solitario, huraño. Él mismo se reconocía así. Doña Dorila G. De Pérez, maestra de San Ignacio, que lo conoció, nos contó que, efectivamente, el escritor se acercaba al pueblo para hacer su “provista”, casi no hablaba con nadie y regresaba a su casa. Pero sus cartas desmienten un poco el mito. Era fraternal con sus pares. Le regaló a Martínez Estrada unas hectáreas vecinas y lo instó a que venga a Misiones. Además, hay correspondencia desde 1902 a 1923 (104 cartas en total) que lo muestran como un hombre seguro, ambicioso en su idea de ser escritor, autoexigente, muy buen lector. Entre 1923 y 1934 escribió noventa cartas. En sus últimas confidencias se lo nota como alguien que ha conocido el éxito, pero las nuevas generaciones de escritores lo iban empujando a un costado. Está cansado, además tenía problemas de pareja, inseguridad económica e intranquilidad espiritual. La vida, al final, se le dio vuelta, y el látigo de los años lo golpeó con indiferencia y soledad. En esa etapa se reconoce como un padre y marido fracasado, con mucho de anarquista, con un amor infinito por los pájaros, las tareas manuales y los libros. Los benditos libros que lo acompañaron en las subidas y bajadas de su existencia trágica.

     

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *