
El siguiente poema de Alberto Szretter (padre), recientemente hallado entre sus papeles aún en constante inventario, es un anexo a la Antología in memoriam reciente publicada por la TIENDA NEACONATUS. Cabe destacar que en algunos versos nombra flores, quizás, inexistentes. Salvo una, a las otras las inventó él.
No digo suicidarme
digo solo exiliarme en extramuros,
en un insospechado hueco de la ciudad o la casa.
Atrás de una escalera, en un patio trasero,
en una rajadura del jarrón de la sala
en un baldío abandonado lleno de ariscos gatos,
de lirios, vagabundos y latas.
Ocultarme en la página 75 de Vidas Paralelas
aprovechando que ya nadie lee ni recuerda a Plutarco.
No digo suicidarme
que es un recurso reservado a los cuerdos
o a los grandes poetas,
a gente que corre a grandes trancos,
digo internarme en un hospicio
y anotado con un alias andar como un alfil
paseando en diagonal
de rincón en rincón y de perfil,
escribiendo versos de costado,
mirando de reojo
a contraluz a contrapelo a contramano
del gobierno -es claro- del estableshiment endemoniado
y a favor, desde luego, de todos mis hermanos.
No. No digo suicidarme
por ser un acto intrascendente que nada garantiza.
Digo perderme en un jardín a cosechar frulimias y nelumbios
eróbinas, pangemias y sublimias
hasta formar un ramo que arome como fruta
tu presencia virtual en la fotografía.
¡En fin!
Buscar un punto perdido en el abismo
digamos en el antecielo,
tras el telón del cosmos de mis propias entrañas,
y allí escribir centrípeto
el verso que crezca, gire y mastique a sí mismo.
Total… como todas las cosas será un hoy sin mañana,
un algo indiferente, un desatino,
un moscardón desesperado
un beso sin destino,
en el aire un castillo,
un cáliz, un tiempo, un amor esperado
llenando el espacio de inútiles anillos.