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Griterías y tolvaneras: Breviarios para reanimar mi mundo. Erni Vogel

    Por NEACONATUS

    Este libro forma parte de un proyecto que impulsa Neaconatus ediciones digitales:

     https://tiendaneaconatus.com.ar/. Un espacio en Internet que se dedica a la creación, publicación, y difusión de obras literarias de autores independientes, ofreciendo un medio donde la imaginación y las perspectivas diferentes, generalmente ignoradas por el mundo editorial comercial más amplio, puedan ser visibles. Promovemos publicaciones digitales gratuitas y con acceso libre (o a precios populares para los/las autores/as, que solo abonan los gastos básicos de edición) para hacer frente a las barreras económicas que a menudo limitan el hacer y la acción cultural o cajonean una ilusión literaria, siguiendo la filosofía de que la lectura y la escritura son herramientas para contar historias, pero también puentes hacia un mundo más colaborativo y comprensivo. Nacida en Posadas, Argentina, La Tienda asume un compromiso sociocultural en la provincia y en el NEA para democratizar los itinerarios de la literatura y apoyar a los escritores emergentes.

    Hoy presentamos GRITERÍAS Y TOLVANERAS (Breviarios para reanimar mi mundo) del escritor y maestro de ajedrez Erni Vogel.Un libro imprescindible que por determinadas circunstancias técnicas vio demorada la subida a nuestro sitio de Internet, pero hoy lo podemos disfrutar y compartir colectivamente. Porque consideramos a esta obra como una travesía poética y narrativa que sacude la memoria, el cuerpo y la tierra. Desde el grito ancestral de Latinoamérica hasta la ternura insurrecta del amor, el autor nos invita a caminar descalzos por los paisajes de la infancia, las utopías populares y las heridas colectivas aún abiertas. Una obra que vibra entre la rabia y la esperanza, escrita con la urgencia de quien no se resigna al olvido.

    Ya desde el prólogo, escrito por Nahuel Vogel, se nos advierte que este texto “podría definirse como una publicación que reúne una serie de poemas, textos breves, epístolas, manifiestos y confesiones. O también podría decirse que este libro es un facazo en el vientre. Una desmesura.” Estas palabras nos dan la pista por donde vienen los tiros. Pero Nahuel redobla la apuesta y afirma que “en aquel suelo donde las aguas aún bajan turbias y los prisioneros de la tierra continúan destilando naranja de sus frentes, el autor se anima a estrujar el trapo y juntar el suero de una vida personal y colectiva interpelada por un territorio testigo.”  No la tendremos fácil.

    Hoy, vale el hoy, vale el deseo de llenar de lindas palabras los rostros, las sonrisas, los tontos muros que nos protegen de otros rostros. Vale eso, vale decirlo con la indeleble tinta de los oprimidos, para que nadie pueda borrarlas de una bofetada, y aquel parto del ayer, sea de una íntima, valerosa y bella criatura, una realidad gozada, gozada hoy, no mañana, ni siquiera mañana como esperanza, sino hoy, ya mismo, como un hormigón indestructible. Porque en el mañana está la espera, el anhelo, y hasta la incertidumbre, ¿qué otra cosa es la esperanza? una entelequia difuminada de buenas intenciones, una ilusión, como si fuera una frase que antes llevara un “tal vez”. “Mañana” es un espacio posible de asentamiento contable para charlar en modo de rimas de emociones pretéritas, de fracasos rotundos, de éxitos del ayer que fueron resultados impensados de un destino azaroso. No, dice Vogel, como si fuera un pájaro delante nuestro que abre su pico y sus plumas para cantar, tiene que ser ahora, hoy. Hoy, ya, debemos escuchar la gritería del mundo. Si sos sordo de corazón, si no querés leerte no des vuelta la página, nos advierte Erni en el epígrafe inicial de su hermoso libro. Pero creemos, tenemos la certeza, de que para dar vuelta la página, primero hay que escribirla, la que tenemos enfrente. Y eso hace el poeta.

    Lo que nos llama la atención de entrada: no es un libro de poesía y ya. Hay poemas, claro, y es lo principal, pero también textos breves, aforismos, sentencias corredoras de telones que han tapado verdades históricas. Todo a viva voz. Son gritos cuya vocación natural e irreprimible es su carácter centrífugo, su tendencia al eco del lector, ese imprescindible colaborador del autor.

    Erni Vogel ha soltado una bandada de alados seres que fueron formando su volumen, de difícil categorización bibliográfica, para que retumben en el paisaje de lectores, planeen, se repliquen, balandros del alma, y vuelvan y vayan una y otra vez para crear las figuras vogelianas que no son adornos vanos sino que  constituyen la esencia misma de su decir poético y político (mas no partidario, ni rastrero, sino político en su acepción sublime), liberando la carga encubierta del mundo, a la que la prosa del común decir retiene cautiva.

    En Griterías y tolvaneras hay una electricidad que cruza todo el libro, quizás sea un dolor, o una emoción simple pero enorme, conmovedora, íntima pero compartida: es el pueblo y su sufrir, es Latinoamérica y su eterna postergación, como si fuera un amor que nunca se consuma. No hay mejor modo de captar ese sentimiento que leer el libro insólito y bello de Vogel, despojándose de vestimentas. Lo reafirma el autor en Desnudeces. Queremos decir esa camisa de lo que es correcto, o políticamente aceptable, ese pantalón de esperar floripondios, ese chaleco de fuerza que nos coloca la ideología dominante. Aquí hay amor. Amor por la tierra, amor por el prójimo, amor por las carnes desgarradas de Cantares, en palabras de Vogel, y amor-lucha por los que nos hunde en el ártico, retobado en los sótanos del cobre y en nuestro archipiélago cegado, sin estandartes. El autor nos dice que hay que cantar su extenso estribillo y sumar gargantas y salir a la calle. Hay que ocupar las calles, no dejarlas vacías porque si no se las apropian los enemigos de la vida. Es en las calles donde se dirime la vida, los acuerdos, el desahogo frente a la injusticia, no en el cubil del artista, no en el calor del hogar o en los anfiteatros de los legisladores o despachos oficiales. Es en la “calle” o sea en el monte, en la Patagonia, en el mar, en los hielos de la Antártida o las Malvinas, en las plazas de las ciudades.

    Comprender el lenguaje de Erni es comprender que requiere alto volumen, no para aturdir, sino para agarrar de cuajo sus combinaciones que seguramente están en la memoria de cada uno de los lectores y hay que agitarla, que no se duerma. Es un canto de desesperación que se encuentra ante una doble exigencia: por una parte, la de decir lo que viene a decirnos y decirse; y por otra la de decir “eso” con versos, metáforas y recursos retóricos. ¿Cómo se arregla Vogel para unir las dos partes del discurso? Con los fonemas, que son las combinaciones del léxico, es decir las palabras portadoras de las significaciones; y con una serie de caracteres que podríamos llamar “prosódicos”, el acento de los términos elegidos, los rasgos sonoros, el quiebre del verso como un tajo “hondo adentro de la sangre joven como huella que fluye/como brazos que agrandan, como sonrisa dulce”.

    Es exactamente igual, por ejemplo, decir son las dos de la tarde, o son las 14 horas, incluso It´s two o´clock p. m. Pero la cosa cambia apenas interviene el estilo, que es el sello indeleble del autor, y la estructura general del poema. Esto se ve en la parte del libro con la poesía más personal de Erni Vogel. Sus versos dan al contenido una forma específica que es difícil de transmitir de otra manera, o imposible. Parecen versos sencillos, pero es evidente que el autor no habla como los demás. Su lenguaje es “anormal” y en esa anormalidad radica el estilo, o sea su poética.

    En la quinta parte hay prosa en forma de minicuentos. Como es sabido el lenguaje se analiza en un doble nivel: fónico y semántico. La poesía se opone a la prosa en ciertos aspectos de ambos niveles, pero en esta última parte a Erni le interesa más el nivel semántico. Son como estampas, como fichas parientes de Monterroso, anécdotas. Lo retórico adquiere más peso ¿Poemas en prosa? Quizás, porque a veces los recursos semánticos bastan por sí solos para crear belleza (Ver, si no, Los Cantos de Maldoror, del conde de Lautremont, o Una temporada en el infierno, de Rimbaud).

    Felicitaciones a Erni Vogel por Griterías y tolvaneras, bienvenido a NEACONATUS. Un orgullo personal y social que nos place participar en tiempos de aislamiento y crueldad, de individualismo asqueroso. Vogel escribe desde la ciudad de Puerto Rico en Misiones, es docente jubilado y escritor. Capacitador de ajedrez educativo en Argentina, España, Angola, México y otros países. Cultor amateur de artes variadas (literatura-caricaturas-música-danzas folclóricas-escultura en madera) y del deporte. Un creador casi renacentista en una tierra donde a la vida hay que pelearla día a día aunque, casi siempre, solemos perder por knockout. O, en el mejor de los casos, definimos por tablas… 

    Pero antes la lucha debe continuar.

    Acceso al texto completo en: https://tiendaneaconatus.com.ar/griterias-y-tolvaneras

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