
Por NEACONATUS
En este magazine digital no privilegiamos las ciencias sociales o terapéuticas pues hemos decidido priorizar la dimensión literaria. Toda una osadía, casi irresponsable. Sólo apelamos a la piedad de los profesionales, eruditos y académicos declarando que, desde 2020, intentamos focalizar nuestra mirada hacia quienes escriben sin mayores posibilidades de trascender comercialmente, proyectos independientes (sobre todo juveniles) u obras que nos aportan contenidos de ineludible valor. Asumimos que hemos cometido algunos artículos donde la urgencia del contexto sociopolítico, nos impulsó a crear fragmentos donde primaba un cierto tufo crítico, alguna que otra cercanía al sermón peleón o, para no dar más vueltas, la bronca orientó nuestras publicaciones. Habiendo recibido sensatas reconvenciones, decidimos (no muy convencidos) bajar un cambio. Pero, la realidad insiste y el desatino alienante se cuela dentro de nuestras cabezas y nos sugiere escribir o apelar a la internación psiquiátrica voluntaria, sin dejar de lado la posibilidad del suicidio.
Es que por más que nos afanemos, no logramos eludir ver (quizás meras alucinaciones) conexiones espectrales entre la vida que hoy nos toca sobrellevar y la literatura. Si nos animamos, quizás, inspeccionemos alguna que otra manifestación artística. Pero por ahora, para atizar las brasas, recurriremos a Eric Hobsbawn. De acuerdo, al principio dijimos que no iríamos más allá de cuentos, novelas o poesías, pero el Eric es un historiador que supera a muchos novelistas. Cuenta la historia con una prosa tan ágil que no tiene nada que envidiar, por ejemplo, a Italo Calvino.
Vamos al grano, estamos transitando una era de cataclismos y, con asombro observamos, que la literatura no provee esperanza ni consolación. Es más, la vemos tiesa, paralizada, derrotada. Eso sí, cunden distopías y ucronías, pero tanto Walking Dead, medio que aburre. Según Eric cuando por la Europa de entreguerras sucedió algo parecido al presente, supieron despuntar textos pesimistas y trágicos, medio flojos, pero efectivos. Y cita a un misterioso autor alemán de apellido Traven que se dedicó a escribir historias con emotivas denuncias, una obrita suya la tomó Huston y con Bogart produjo El tesoro de Sierra Madre. Pero también una sustanciosa literatura encarnada en las obras de Babel, Kraus, Döblin o Hasek. Y por aquí ni que hablar, con Asturias, Carpentier, Mistral, y ya que estamos le damos cabida a Borges y Quiroga.
Cuando el cantante Miguel Cantilo regresó del exilio a la Argentina pegó con un hit donde preguntaba: “Y dónde están ahora los psicoanalistas / calmando la neurosis de los ahorristas / y dónde están ahora los hippies pacifistas / peleando para mantener a sus familias…”. Una letra quizás un poco empañada por lugares comunes, pero son frases “interesantes” como la filosofía de la profesora Patricia Bullrich.
Regresemos a Eric, nos cuenta que en estas épocas de hundimientos morales suele proliferar el género policial considerando que podría ser una “invocación a un orden social amenazado”. No está mal, aunque para el historiador es una incomodidad que tan solo le compete a la burguesía. Sin embargo, con la educación en franco retroceso es de esperar que el hábito de la lectura decaiga. Ni que hablar del cotidiano dilema entre “una libra de carne” o un libro de Shakespeare. Con perdón del mercader de Venecia.
Lo dejamos descansar a Eric y regresamos a nuestra devaluada realidad, en un estadio denominado Movistar Arena. De entrada nomás la palabra “Arena” es contradictoria, remite a la maravillosa pista de un circo y al espanto de un estadio donde los leones se comían a la gente. En este caso, creo que estamos más cercanos al segundo ejemplo. Pues en ese lugar nuestro presidente pudo ampliar su ya amplia bibliografía editada en papel presentando su libro La construcción del milagro (El caso argentino), un lujo actualmente. Luego cantó, apoyado por una “banda presidencial”, temas del rock vernáculo y, en algunos, les cambió la letra. Fueron: Demoliendo hoteles (Charly García), Rock del gato (Ratones Paranoicos), Blues del equipaje (La Mississipi), No me arrepiento de este amor (versión de Attaque 77) Tu vicio (Charly García), con la letra cambiada a “Yo soy un liberal”, también Dame el fuego de tu amor (Sandro), Libre (Nino Bravo) y Hava Nagila (un clásico del folclore hebreo). Aún no se han oído voces desautorizando las apropiaciones, aunque ya circulan por las redes posteos reclamando pronunciamientos al respecto. Mencionamos esta anécdota no desde una perspectiva política, sino por solidaridad con quienes no pueden imprimir sus libros y con los autores de las letras, que construyen “literatura” para consolidar las emociones colectivas.
Sławomir Mrożek fue un escritor (entre otras cosas) polaco, reconocido por sus breves relatos donde desnuda el abuso del poder en los sistemas totalitarios, es autor de un pequeño libro titulado Juego de azar. Forma parte de las dos bibliotecas que Neaconatus posee como único capital. Transcribimos algunos párrafos para sonreír ante el espanto: “Y me fui a dormir con la firme decisión de que a partir de mañana comenzaría una nueva vida. Porque a pesar de todo siempre tiene que haber un mañana.” / “El murmullo procedía de un dictador que no hacía mucho ocupaba bastante espacio en los telediarios, pero después huyó y desapareció sin dejar rastro tras producirse una revolución. El dictador era sudamericano o balcánico, ya no recuerdo bien, se ven cosas de estas hoy en día, y, por lo demás, no soy experto en uniformes.” / “Es verdad que tenemos un ladrón local, pero ¿cómo compararlo con un delincuente gentleman? A lo sumo robará una gallina, va andrajoso, no tiene ni idea de inglés. Es una vergüenza mostrarlo, y ahora que se acerca la temporada alta y pueden venir turistas extranjeros, no podemos permitir que les robe un ladrón de tan poca categoría.”
Cerramos parafraseando a Eric Hobsbawn, con respecto a la literatura, pues como explicar que el siglo (se refería al siglo XX y es válido aún en el XXI. N. del E.) no concluya, inevitablemente, en un clima de patológico desasosiego.