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Catarsis y literatura

Por NEACONATUS

La participación a través de un video en las redes de nuestra colaboradora y gran amiga Evelin Rucker, nos motivó a enhebrar algunas acotaciones. La escritora, referente cultural de Misiones, afirmó que “escribir, supongo, que es hacer catarsis”. Una alegación muy veraz, desde cierta perspectiva. Más teniendo en cuenta su reciente experiencia vital.

Es factor constitutivo del magazine digital NEACONATUS, dialogar, abrir picadas de palabras que nos acerquen a la coincidencia, el disenso, en síntesis, el encuentro con la otra/o a partir, como diría otra cómplice muy querida, Alicia Marina Rossi, ir hacia “ese otro que nos devuelve la imagen que sacamos a la luz, como un cuerpo que nos recibe, nos retorna y reintegra.” En este caso, nos interpeló la mención del término “catarsis”. Y sin más, pusimos en marcha la máquina asociativa, veremos hasta dónde nos lleva. Que el escribir nos guíe.

La primera aproximación es un tanto escatológica y fisiológica. Catarsis, cuando se refiere al aparato digestivo, es la purga intestinal, la evacuación de los detritus sólidos o líquidos que constituyen el producto final del proceso de la digestión. Por eso los catárticos son agentes utilizados para la deposición. Laxantes, ¡bah! Que, en su forma manual, se llama enema. Las enfermeras apuntan en sus planillas de los enfermos internados, registros cotidianos de los procesos que hacen a los signos vitales y además la diuresis (si ha orinado y cuánto) y la catarsis (si ha sido positiva o no).

Pero la noción de catarsis también se usa en psicología para describir la liberación emocional de una persona a través de un proceso terapéutico. Catarsis es un término griego que aquella civilización utilizó para “remover” de un personaje sus tensiones por medio de una experiencia transformadora. Los seres humanos tendríamos emociones reprimidas que necesitamos eyectar para sentirnos mejor. Ese acto sanitario puede darse de diferentes maneras: la meditación, el llanto, el baile, la expresión artística, el sapucay, el pogo. En la primera exploración orgánica y en esta otra vinculado con lo psi, es ineludible que se trata, como expone la letra de una canción del legendario grupo Virus: “¡Hay que salir del agujero interior!”, o como cantaba Mercedes Sosa: “Hay que sacarlo todo afuera”.

Dependiendo de qué terapia se utiliza, se ejercerá más o menos énfasis en alguna actividad catártica, siendo el psicoanálisis su principal precursor. Las técnicas y las herramientas para desbloquearse y exteriorizar son varias, siendo la clave la adaptación y el apego a sus características. Este método ha sido adaptado por otras orientaciones, como la terapia humanista, entre las que se encuentra la Gestalt. Lo interesante es que muchas personas pueden, digamos, personalizar el método de acuerdo a su patología: trastornos de ansiedad, depresión, enfermedades clínicas, abuso de sustancias, incluso el famoso, mal de amores (enamoramiento abrupto, divorcio consabido, soledad de matrimonio, pareja despareja) o también la “trampa” decorada con cornamentas varias.

Esta motivación catártica, no olvidar que NEACONATUS va de lenguaje y periferias, es uno de los motivos más frecuentes por el cual la gente escribe. Escribe, decimos, no especificamos: escribe literatura. La escritura simple y llana, sin pretensión de literatura o ¿quizás? con pretensión, sería como una gestión del estrés, una especie de confesión o desahogo. ¿Pero existen otras razones? Por supuesto, hay muchas: para contar su experiencia personal y a la vez para enseñar (muchas personas creen que la literatura es pedagógica, educativa, principalmente infantil), para comunicar, para buscar identidad, por cuestiones económicas, para pasar el tiempo, para organizar su propio pensamiento, para criticar, para buscar fama, para publicar, da prestigio en el barrio editar un libro, ¿verdad?

Hay gente que escribe para transmitir un mensaje, otros porque les ayuda a razonar o a recordar, o al revés: al escribir sobre el pasado lo cambian para que la memoria olvide (créase o no). Hay personas que escriben porque se divierten, otros en cambio no están conformes con el mundo y atacan la realidad con todo el diccionario (estupenda arma arrojadiza para tirarle por la cabeza a alguien que nos cae fatal), hay otros que escriben, pero no con un lápiz o bolígrafo, ni siquiera con una computadora, sino leyendo, leer es una forma de reescritura infinita. Suena borgiano, disculpen, pero no podíamos dejarlo afuera a don Jorge Luis.

Nosotros creemos que se escribe literatura, por dos cosas, o tres. La primera, Porque es cosa de niños. Efectivamente una encuesta entre miles de escritores (3500 hispanoamericanos) nos confirma que la mayoría de ellos/as, empezó a escribir en la infancia y la adolescencia. Una estadística entre escritores/as de lengua española dice que el 73% empezó a redactar alrededor o antes de los diez y seis años, y el 93%, antes de los veinticinco años. El segundo punto es que casi todos los/las escritores/as de literatura escriben por placer. Eso del terror a la página en blanco es un mito. Los verdaderos escritores aman la página en blanco porque tienen allí un espacio para llenarlo de historias. Habría un tercer aspecto, que los y las escritoras de literatura saben y casi nunca confiesan, pero aquí delatamos vilmente: la literatura no sirve para nada. Lean (o escúchenlo en YouTube) sino a Nuccio Ordine y La utilidad de lo inútil; con ese oxímoron lo explica mejor que nosotros.

T Kira Maden es una joven escritora queer estadounidense autora de la autobiografía Long Live the Tribe of Fatherless Girls (Larga vida a la tribu de las niñas sin padre). Escribió unas escalofriantes memorias sobre su infancia donde ha plasmado los recuerdos de su “padre intentando beber gasolina tras una borrachera, y sobre la sobredosis de opiáceos de mi madre, y su posterior coma. He escrito sobre la sangre de todo aquello. El bate de béisbol en las manos de mi padre cuando intentó matarme estando borracho.” Pero escribir sobre todo eso no la curó, no hubo catarsis que valga porque “La historia no es la vida”. La historia se construye como la diseñan los vencedores y la vida es lo que nos pasa mientras estamos ocupado haciendo otros planes, según John Lennon.

Para Maden escribir es sólo un trabajo, imaginemos “al escritor llenando páginas con la Experiencia Completa, fiel y precisa al detalle: palabras exactas, descripciones precisas, transcripción completa de los diálogos, cada persona con su historia, su pasado y sus traumas (porque, claro, esto es lo que llevamos con nosotros a cada instante, lo que aportamos a cada interacción), inundando la escena.” Culmina contunde, que entonces no habría espacio para el lector. No propone que “ignoremos los beneficios sanadores de la creación”, sugiere ser más realistas “sobre lo que significa plasmar una experiencia por el arte, por el compartir. Crear algo y pulirlo hasta que haya espacio para algo más que catarsis”. Porque “toda escritura, todo arte, es proyección, ilusión, una representación”. Insiste, los personajes de un libro “no son las personas de mi vida. Son, y yo también, proyecciones”.

De pie, llega el señor Wittgenstein para quien el proceso creativo objetivado en la escritura literaria semeja a una máscara, bajo ella se oculta lo indecible o lo escamoteado. Todo lo que escribimos, creyendo que son nuestras experiencias reales y tautológicas, podrían haber sido también de otra manera. Aquí deberíamos subrayar que, en realidad, proyectamos y traducimos una realidad muy cercana a lo onírico.

No negamos que pueda construirse literatura a partir de la catarsis, sólo nos permitimos insinuar que no toda literatura es catártica. ¿La liberación emocional es arte sin discusión? ¿Qué nos proponen muchos terapeutas en las primeras sesiones? “Tome un cuaderno y una birome, déjelos a su lado en la mesita de luz, cada mañana al despertar escriba de inmediato lo que acaba de soñar”. Si con algunos de estos párrafos pergeñamos un futuro texto literario, ¡estupendo! Pero, ¿la mayoría de las veces se crea una obra a partir de estos impromptus? Como solemos rematar en varios de nuestros artículos: Puede que sí, puede que no, vaya uno a saber…

¿La seguimos? Pues en los comentarios que nos atrevamos a postear “catárticamente” en las redes. Mega autopistas de la catarsis colectiva hoy en día.

 

2 pensamientos en “Catarsis y literatura”

  1. honestlypiratef624d4fcab

    Leí el Texto, lo re-leí… y después de un tiempo voy a comenzar nuevamente a Intentar comprender ese largo paseo de catarsis-emociones-psicología-sociología… experiencias personales y…

    me sorprendió el citar al gran filosofo Wittgenstein sin haber comentado su importancia histórica. Esto no es crítica, simplemente necesito mas tiempo para leer y pensar acerca de lo leído… Tardé bastante en comprender a “Heidegger” -ser o no ser- veremos con el texto este…

  2. Y sí, para mí escribir es una forma de hacer caca.
    Los genios queridos de Neaconatus tomaron una entrevista que me hicieran María Irina Bondarenco, @iribondarenco yFacundo Chemes, @facundochemesok y lo convirtieron en una asociación de ideas perfectamente tramadas que a mí me sirvió para corroborar que escribo para sacar la caca que llevo adentro.
    Digo caca sin entrar en los eufemismos que utilizó mi admirado y respetado dr. Alberto Zsretter. Caca.
    Entonces, entiendo que hacer catarsis es sacar a luz lo que nos incomoda, lo que ya cumplió su función, lo que nos atravesó el cuerpo, el alma o el aparato digestivo.
    ¿Es placentero escribir?, también nos cuestionan, o afirman esta sentencia.
    Con esto termino de confirmar mi idea inicial: generalmente, ¡ojo!, no siempre, hacer caca y escribir da placer.

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