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Réquiem para un marciano en mameluco

    Por Walter Tresols.Misiones. Escritor

    Primera mañana del año. Despierto en el monte como cada día, pero un rato más tarde. ¿Será que realmente algo empezó a cambiar?

    No me animo a sacar conclusiones definitivas, es una muestra poco representativa una mañana de trescientas sesenta y cinco. Hay que ser prudente con las proyecciones me digo, pero íntimamente no puedo dejar de ver por todos lados señales de cambio. Anoto: revisar esa última palabra.

    Digo palabra y caigo en la cuenta de que, en esto, nada se modificó. La primera mañana del año desperté como tantas otras, recordando palabras rescatadas entre las hilachas del sueño. Vuelvo a anotar: marciano y mameluco.

    Mameluco

    Apenas contengo las ganas de empezar a tironear de las palabras mientras preparo el mate. Hay que saber diferenciar lo urgente de lo importante.

    Preparo el mate. Busco mameluco.

    Sabemos qué cosa es un mameluco. Igual, a mí me gusta hacer la búsqueda y en general vale la pena. Algunas palabras nos sorprenden al comenzar a rasparlas. Es como si debajo de la primera capa del significado, se escondieran pasadizos y túneles con señales que la historia nos dejó ahí para recorrerla. Y aunque a simple vista mameluco no prometiera grandes hallazgos, fue una sorpresa.

    Lo primero que me sorprendió vino por el lado de la etimología. Parece que es de origen árabe y hace referencia a unos guerreros esclavos. Es decir, eran propiedad de alguien. De ahí la conexión con el significado más literal de mamluk, así es la palabra en árabe, que quiere decir poseído.

    Pero la sorpresa no termina allí. Seguí por el lado de los sinónimos y los regionalismos. Hay dos que están bastante extendidos en nuestra habla: overol y el más castizo mono, que no sería poca cosa, si lo imaginamos portando una navaja, por ejemplo.

    Pero resulta además, que otra forma de nombrar al mameluco es pelele.

    La primera acepción de pelele es: Figura humana de paja o trapos que se suele poner en los balcones o que mantea el pueblo en las carnestolendas. Me digo que no es lo que estaba buscando, aunque la próxima época de las carnestolendas, junto a la palabra pueblo, sumada a los sinónimos de esta acepción: muñeco, monigote, títere, espantapájaros, me tienta a pensar que bien podría ser.

    La segunda acepción debe ser la que la emparenta con mameluco: Prenda de una sola pieza, generalmente de punto o de algodón, que se pone a los niños para dormir.

    Me resisto a descartar la primera. Por alguna razón que va más allá de los diccionarios, me resulta de lo más acertada.

    Para darle más rigurosidad a la búsqueda retrocedo y reviso también la segunda acepción de mameluco, dice: Hombre necio y bobo.

    Marciano

    Hasta hace relativamente poco tiempo, solía usar muy seguido lo que llamaba el test del marciano. Lo ensayaba frente a algún hecho/acontecimiento que asumimos es de determinada manera y nadie lo discute. Algo que, a pesar de ser consecuencia de acciones y decisiones humanas, nuestro sentido común lo pone en un lugar parecido a un hecho natural. Hay un consenso tácito que lo ubica en una categoría que no admite discusión, como una inundación, un terremoto, la lluvia.

    Trataré de poner un ejemplo que me resulta actual. Se me ocurre ahora el caso de los nuevos hiper, ultra, mega ricos. Damos por sentado que eso existe, es así y no hay mucho para discutir. Incluso es el horizonte hacia donde la mayoría de las personas de bien, miran para proyectar una vida exitosa.

    Imaginemos la situación de tener que explicarle a un marciano qué cosa es un milmillonario.

    Lo primero que habrá que explicarle es que se trata de una persona. La repregunta obvia (en general las preguntas de los marcianos son obvias) es qué lo diferencia de otras personas. Habrá entonces que decirle que la diferencia fundamental es la cantidad de dinero que posee. Es una persona como cualquiera pero que tiene una fortuna personal, mayor que el PBI de varios países juntos. La suma de las fortunas de sólo diez de ellos es mayor al capital de media humanidad.

    En este punto es donde el marciano tiene una cantidad de preguntas que, si llegaron hasta acá, les voy a ahorrar, pero baste decir que todas en general comienzan con: para qué.

    Al marciano le resulta difícil entender lo que a nosotros nos parece natural.

    Desde hace un tiempo cada vez que estoy en una situación, en la que me tienta usar el test del marciano, me detengo. Me encuentro de pronto cuestionando la existencia de los marcianos.

    Quiero decir, el test del marciano funciona partiendo del supuesto de que el marciano existe.

    Creo que necesito seguir explicándome. No es que yo creyera literalmente en la existencia de marcianos, sino que el ocasional interlocutor podía ponerse en el lugar del marciano.

    Y vuelta a explicar, no porque tampoco él/ella se transformara en un enanito verde, sino porque era capaz de hacer el ejercicio de mirar el mundo desde un lugar de asombro genuino. De no saber. Usando herramientas básicas para indagar sobre cualquier cosa, para intentar llegar a una pretendida verdad que no sea la establecida, la que todos aceptamos sin cuestionar. La que nos cuentan. En definitiva, que fuera capaz de extrañarse. Cruzar sus propios límites del asombro y mirar el mundo desde allí.

    Marciano muerto

    Los marcianos han muerto.

    Hoy el lugar del marciano no existe. Es mucho más probable que alguien crea literalmente en la existencia de los marcianos, que en la posibilidad de cuestionar la realidad en términos críticos.

    Y si les parece que exagero, busquen alguna foto reciente de un marciano vivo en mameluco. Nadie cuestionaría que tal cosa existe y nos (des)gobierna.

    ***

    Digo monte y el eco retumba como una estampida

    porque en tiempos como éste,

    para que vos te dignes a escuchar, es necesario

    hablar sobre los árboles

    Qué tiempos son éstos – Adrienne Rich

    Desde el borde de la oscuridad que te vuelve tu propio verdugo, cae un silencio de hojas que te sobresalta. Escucharte no estaba en tus planes. Escribís: ¿cómo puedo hacer para recuperar la sordera?

    La pantalla demora apenas un instante más que el habitual en devolver la respuesta, pero vos lo percibís. Responde sobre la manera de recuperar la audición.

    Volvés a escribir, ahora en voz alta: NO LA AUDICION, LO QUE QUIERO RECUPERAR ES LA SORDERA.

    Dice que entiende la distinción, pero le parece un pedido poco común. Además de poco ético, sin contar que no hay forma de que, si se trataba de un tapón de cera, se pueda volver a colocar en el oído. En el caso de que fuera un audífono o un implante, alcanzaría con apagarlo.

    *

    Digo monte y el eco retumba como una estampida

                Nadie escucha

    Vuelvo a repetir la palabra letra por letra

    hasta que penetra la sangre

                desborda los mapas

                            reinventa futuros marcados

    Hay un estado de sitio en la parte de nosotros que sale del monte

    y se interna piel adentro

    Hay una noche autoinfligida que no escampa

    Esta mañana frente al monte decido acariciarte

                para que el árbol no nos tape ayer

                para que la muerte no se escriba con las letras

    de la palabra futuro

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