
Algo de Música
¿Y… si cada color del paisaje produjera su propia nota musical? Una sensación por cada tono de color.
Tal vez las personas llorarían más de seguido… sobre todo aquellos con los corazones más endurecidos.
Los más distraídos no notarían la diferencia… después de todo, si no está en algún tipo de museo o muestra ¿para qué dignarse girar la cabeza?
A otros, sin embargo, le dolerían las manos de aplaudir por cada pieza musical que en su andar van apreciando, tal vez se la pasen llegando tarde a su destino, pero seguro oirían un gran concierto en cada uno de sus recorridos…
Y si… si los colores fueran notas, y el paisaje música los paseos serían cuanto menos más intensos… ¿Vos te acordás de aquel cielo nocturno, brillante y estrellado, en ese campamento de enero?
Llevá ese mismo cielo a una ciudad de luces tenues y edificios bellos… y escuchá que lindo que es el color de ese tango tranquilo que de a poco va surgiendo.
¿Recordás el otro día aquel colorido café que vimos a lo lejos, ese con la gente divirtiéndose adentro? Juraría que desde la distancia se podía oír un alocado y divertido jazz, sin un nombre en concreto.
Tal vez los paisajes si tienen algo de música… ahora que lo pienso…
Atico
No me siento bien
…Mis pensamientos logran desahogarse un poco en forma de sollozos, pero no pueden escapar por completo de su jaula. ¿Qué pasa, qué me pasa?
Será mi mente que otra vez recuerda un pasado de ofusca y escasa belleza… O tal vez se aproxima con agria y maldita prepotencia algo más que el mero recuerdo de mis antiguas vivencias…
Siento los nervios, aquellos nervios similares a los de un marinero en altamar que observa la oscura tormenta acercarse en el horizonte… amenazante, inevitable.
De pronto todo se vuelve ventisca y torbellino, el tiempo se acelera, la respiración se agita, y la cadencia con la cual mis pensamientos surgen y se consumen en el ardor de mi psique se incrementa hasta volverse imparable… casi imparable.
El espiral descendente empieza pero no termina, el fondo no se siente pero se padece la caída. Cuánto daño puede generar una mente sin riendas que ataca sin previo aviso. Qué puede aterrorizar más que una mente que se torna en tu contra. Tendrá límites el huracán, o su poder sobre mi ser es absoluto.
¿Qué pasó? Veamos, mente borrosa, uñas color carmesí, un ego alguna vez altivo, ahora casi evaporado, casi desaparecido, y la humedad de mis párpados que dejan un rostro que prefiero no reconocer.
¿Ya acabó? ¿Cómo salí de aquella sensación? Lo último que recuerdo… no sé, creo que no hay último recuerdo, pero ya estoy bien como para seguir el día… o la noche, ya se hizo de noche… Mañana será más leve, estoy seguro… casi seguro…
Ático