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2. El exilio no es dorado

    Por NEACONATUS

    Sócrates acusado de corromper a la juventud fue declarado culpable. Atenas le dio la oportunidad de retractarse o el ostracismo, que era como una pena de muerte. La expulsión o exilio forzoso, provoca la marginación social y política del individuo. El destierro es la muerte comunitaria de la persona. Esto causó el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976, en miles de argentinos.

    “Nadie nació para ser extranjero, de ahí la necesidad imperiosa de volver. Argentina puede ser un infierno, pero es mi infierno. Creo que es el caso de todos los que se fueron antes de ser asesinados por los militares. En las casas de los argentinos en España siempre se encuentra algún símbolo de la patria. Y los que salieron apurados amenazados por la triple A. Algo de la patria colgaron en sus paredes. Recuerdo, la cocina de un amigo que puso una caja de arroz Gallo, todo un símbolo de lo que significa el desarraigo”.

    Horacio Salas (1938-2020), poeta historiador, ensayista. De un reportaje realizado por Daniel Parcero y publicado en El Atlántico de Mar del Plata. Año 1982.

    “Nunca podrá saberse con exactitud si los que vivieron el exilio sufrieron más que los que estuvieron condenados a vivir día a día en el interior de la locura. Ahora estamos frente a frente con la posibilidad de saldar historias y de verificar las consecuencias de la radiación de la represión, el autoritarismo, el dogmatismo y el olvido”.

    María Seoane (1948-2023), periodista y escritora. De un artículo del periódico Uno más uno, de México, del 29.03.84.

    “Estuve catorce años preso en Argentina, fui secuestrado en una ocasión, mi hogar fue allanado muchas veces. Mi mujer perdió un hijo por esas intromisiones en la casa, a altas horas de la madrugada, por hombres de civil con armas. A tanto llegó, que cada vez que oíamos un automóvil era un terror”.

    Raimundo Ongaro (1924-2016) Dirigente de la CGT de los Argentinos. Párrafo, sin fecha, extractado de La Argentina exiliada N.º 19, pág. 103.

    El escritor Antonio Di Benedetto fue víctima de un prolongado secuestro y de la represión reinante en Argentina a mediados de los ´70. Apenas pudo debió abandonar el país, ante ese estado latente donde era sospechosa toda persona que pensara, y sus libros retirados de circulación. Hasta el momento de exiliarse en España fue el director del diario Los Andes, de Mendoza. Evitaba hablar de su destierro porque le producía un profundo dolor.

    Antonio Di Benedetto (1922-1986).

    “La fecha exacta de mi ida fue el 15 de julio de 1976. Me lo sugirió un primo. Juez. Católico. Me dijo: ándate. Peludo, no queda otra Al menos por ahora”. Así cuenta el escritor que inició su exilio que lo llevó a estar en España, Italia, Francia, Alemania Occidental, Dinamarca, México y Estados Unidos, haciendo las tareas más diversas, desde enseñar historia en universidades hasta volverse zafrero. Tuvo dos hijos desaparecidos.

    David Viñas (1927-2011) Escritor, dramaturgo, crítico y profesor. La cita que se transcribe fue copiada de una publicación no precisada.

    “Las razones por las que me tuve que ir, más bien las tiene el enemigo. Yo estaba muy junado. Nos amenazaron a Nacha Guevara, a Alterio, a Brandoni, a Horacio Guarany, a mí, a otros. Si me quedaba me iban a matar. Fue en 1974. Salí urgente, de Ezeiza a Perú donde trabajé siete meses con los campesinos en una cooperativa agraria de Calca. Pero la policía del Perú era igual a la argentina, entonces nos fuimos a la montaña Un exilio dentro de otro. De ahí me fui a Venezuela, luego a México, Francia, España y al final Estados Unidos (donde para comer comencé a robar en los supermercados). Los exilios son de tres tipos: el familiar (el que se peleó con la madre o con la novia, por ejemplo), el económico (el que se raja porque quiere o cree que va a ganar más afuera) y el político (que era para aquellos que habían pertenecido a una organización política, especialmente de izquierda). El primer lugar elegido por el exiliado político era México, luego Barcelona”.

    Norman Briski (1938), actor, dramaturgo, director de escena y director de cine. Párrafo extractado de “El arte y la militancia”, pág. 11 Biblioteca Política argentina.

    Emigrar por causas políticas es una degradación pública donde nos arrancan nuestros “galones dorados” de ciudadanos libres y nos transforman en parias nómades marcados a fuego. Amargura tan enquistada en el corazón que reclama el recato prudente, el respeto de la economía egoica. En un pasaje musical pleno de dramatismo, la inclusión en un compás de un silencio, produce más zozobra que cualquier nota que elijamos.

    Muchas víctimas de grandes ignominias históricas padecieron el dilema de callar por siempre, el suicidio, o testimoniar para evitar el olvido. Es una afrenta vergonzante, una moneda de níquel sucia de barro. No cabe alardear con el estribillo “a mí me persiguieron y me tuve que escapar”, estaríamos personalizando la memoria de los hundidos. La “culpa” (no merecida) del sobreviviente (Giorgio Agamben – Primo Levi).

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