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6. No salga los días grises

    Por Alberto Szretter. Puerto Rico, Misiones. Escritor

    Existe una asimetría en la relación entre patrón y empleado. El primero posee ventajas estructurales, económicas y de información. El segundo está subordinado a ese poder, luego no posee capacidad de negociación real frente a la toma de decisiones empresarias.

    Por eso existe en la Constitución Nacional el Art. 14 bis: “las leyes asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagadas; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática. Queda garantizado el derecho de huelga. El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable”. Sigue mencionando el establecimiento de seguro social obligatorio, en defensa de la familia y el acceso a la vivienda digna. Que vaya esta transcripción a los senadores (con minúscula) que votaron “la modernización laboral”.

    El derecho a la protesta (la huelga) es una defensa de los trabajadores. Sin embargo, el 16 de febrero de 1976 con el gobierno de Isabel Perón jaqueado por la crisis política y el descontrol económico, con los “sordos ruidos” tras los muros de los regimientos, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), o sea “los patrones”, hicieron una huelga, denominada lock-out. Este hecho no fue uno más de la puja entre los laburantes, los empresarios y el Estado, faltaba un poco más de un mes para el golpe militar más sangriento de la historia argentina, y hasta podemos decir, que lo preparó. Porque los patrones reunidos en APEGE se oponían a la conciliación entre precios y salarios, y aumentó la presión sobre todos los problemas nacionales, fue el caldo de cultivo (hiperinflación y descontento social). Pero hubo otros condimentos graves: en los últimos meses del año anterior (en 1975) la presidenta tomó licencia por enfermedad y se hizo cargo del Poder Ejecutivo el jefe provisional del Senado, Ítalo Luder, en ese tiempo Montonero atacó el Regimiento de Infantería de Monte, en Formosa. La consecuencia fue el decreto de “aniquilamiento de la subversión” y la militarización de la Argentina.

    El cielo del país se iba nublando, volviéndose gris. El clima se enrareció con el intento (fallido) de un Acta de Concertación Social Dinámica, que pretendía un acercamiento entre las fuerzas laborales y las empresarias. La prensa, a su vez, alimentaba la insatisfacción de la población. En esas semanas finales del año previo a la usurpación del gobierno por Videla, Massera y Agosti, se produjo el asalto del ERP al cuartel de Monte chingolo, que fracasó, pero tensó la cuerda y alentó el disgusto general por los cambios de cara en los estamentos del gobierno, pero con decisiones erráticas.

    Isabel nombró en Economía a un tal Emilio Mondelli, creyendo, por sugestión de su entorno, que iba a apaciguar el descontento general. La respuesta de los dueños de fábricas y comercio, fue el lock-out. Y la fractura de cualquier entendimiento con el gobierno. Muchos de las representantes de ese empresariado (Cámara de Comercio, Unión comercial, Sociedad Rural, Carbap, Cámara de Sociedades Anónimas, Cámara de la Construcción) fueron, después, funcionarios de la dictadura. Por eso decimos que el golpe del 24 de marzo de 1976, fue cívico-militar.

    Aquellas semanas de febrero, antes del golpe, los empresarios habían amenazado con la “suspensión del pago de impuestos, la retención de cargas fiscales y de los aportes sindicales y dejar de pagar otros gravámenes”.

    Este año se cumplen 50 años de aquella tragedia que enlutará al país. Los días serán más que grises, negros. El año pasado se cumplió el centenario de la salida de El Territorio. Tenemos el primer ejemplar, de 1925. Su formato es el de sábana. Ese año vino al país Albert Einstein, se inauguró el Palacio Barolo en la Avenida de Mayo, Carlos Gardel era una figura musical destacada, la Capital con dos millones de habitantes, aún no tenía el Obelisco, y se podría decir que los días brillaban con el peso a la par de la libra y el dólar, los tranvías cruzaban, iban y venían, por las calles porteñas, se difundía el tango.

    Aquel diario del 2 de junio, que dice “año I, número 1” trae una nota del problema escolar, otra de la cuestión del Hispano-Americanismo, hay una que cuenta del telegrama elogioso del presidente Alvear felicitando a S. M. el Rey Víctor Manuel III con motivo de un aniversario más en el trono, en fin varias más, por ejemplo la que informa que España prepara una gran ofensiva en África, con Primo de Rivera al mando del ataque. El diario trae muchos avisos. Pero hay una sugerencia desconcertante en la página 4 que nos sirve para cerrar esta nota porque nos grafica 101 años después, y a medio siglo del Golpe cívico- militar argentino la tragedia que golpeó a Argentina. Dice en un recuadro grande, “Use el teléfono. No haga sus compras sin averiguar precios. Economice. Con las diferencias de precios paga el abono. No salga los días grises”.

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