
recuerditos juveniles
por temor a descubrir lo que fueron y soñaron en sus recorridas por las estancias patronales de la patria los miserables puestos gauchos y los despreciables rinconcitos de cultura municipales en las que ocultaban sus prácticas de sexo primerizo bebiendo a escondidas sopitas de cola de lagarto en latas de duraznos oxidadas fue cuando el Cristo se quedó sin ellos y ellos sin horizonte sólo los vapores de lagunas con sus garzas dialogaron sus traiciones al futuro las fumadas clandestinas los amores prohibidos y los besitos de lengua de práctica en los baños de la escuela sus memorias bien guardadas en las ancas de las yeguas las pólvoras secretas el armado de cajitas explosivas y libros escondidos en el pozo de las ranas el en sus tetitas imaginaba racimos de lúpulos hebras del té de las misiones guayabas con gusanitos y plantines de albahacas germinando en sus espaldas sin alitas arrancadas en las cárceles clandestinas de la patria ella insomne sus ojos parpadeaban refucilos en los cuernitos luminosos de los escarabajos nocturnos atragantados de escamas y lenguas de arco iris en masajes silenciosos a familias por sus muertitos cayendo al mar desde aviones de ocupación avergonzando las banderas de las patrias ellos hoy en convivencia la aterradora persistencia de recuerdos nasales de las sangres y combustibles del Estado a orillas de lagunas Cristo se quedó sin ellos y ellos con la historia en ayeres sus memorias bien guardadas en las ancas de las yeguas.
Lo que se dice
En sus vísceras/ furias hacen revoltijos de estofados.
Hamacadas sus piernas en várices sangrando/ zumban moscas en concierto.
En sus siestas/ humos de cigarros/ labios partidos sin aguas
y lenguas de lagartijas tratando de atrapar mariposas negras
excretando huevos en sus memorias.
Hurgando en silencio/ sus territorios:
risottos de carnero cocinados en latas de aceite lubricante de motores/
las muletas del tío abuelo combatiente de la guerra del chaco/
el carro tirado por mulas saturado de angelitos caídos del cielo
durante las tormentas de los meses de las tormentas
de esas que sí eran bravas.
Situados en su cuerpo
repugnantes relatos de encubrimientos/ soplón de retaguardias/
de metrallas inventadas y leyendas éticas de combates.
cuerpo cansado, edad cansada, vërguenza cansada
y la palabra compañero asqueada de vacío sometida a sus génesis de muertes, torturas, heroísmo y delaciones.
Aún perviven sus amiguitos/ caminando senderitos sin rubor/ sin culpas/ dando palmaditas en espaldas y sus ojitos ciegos de billetes,
cieguitos de envidias/ vomitando mentiritas -es decir-,
verdades asfixiadas de repeticiones guionadas -no en sus cabezas-
sino en oficinas de personas vergonzantes discutiendo folios,
triplicando ítems durante endemias-pandemias en rubros fantasmas
aumentando patrimonios.
Cuerpos cansados, edades cansadas, vergüenzas cansadas.
No quiere flores/ ni discursos/ ni reposo
ese cuerpo/ esos cuerpos
no merecen/ siquiera
descanso en la finitud de las estrellas.
Daniel Omar Luppo
Victoria ausente
Casi no recuerdo nada de mi primer viaje a Buenos Aires (todavía era muy niño en abril del setenta y cuatro).
Me quedan de entonces una visita al zoológico, interminables plazas magníficas y un Cabildo recortado y sin paraguas.
Lo que permanece con más luz es el eco de una voz. La voz alegre de mi prima Victoria, quien nos mostraba la ciudad a mis hermanos y a mí. Apenas retengo su cara, pero su voz todavía tiembla en mi alma.
Su joven voz.
Y su risa.
Cincuenta años después, hablo con la madre de Victoria. Es una mujer de ojos turbios, hartos de destilar sal.
Ojos aún entorpecidos, confundidos por la última imagen que guardan de Victoria.
Ojos que, en esas madrugadas atiborradas de relojes, repiten la visión insomne…
los gritos y el hierro
arrastran a Victoria
hacia una muerte fantasma,
muerte agazapada
en catacumbas de sangre
Me despido de la madre huérfana, y ahora sé que cada vez que escuche el eco de Victoria pensaré en esta mujer de ojos turbios. Ojos que hoy no saben adónde mirar cuando quieren ser plegaria.
Ojos que imaginan…
Un foso sin nombre.
Una lápida inconcebible hecha de basura.
Una parcela de viento.
Una sepultura inabarcable
bajo el mar.
Carlos Miguel Zarza Machuca
Gracias Neaconatus por la publicación de mi texto.