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1. Universidad, el problema no es tuyo

    Por NEACONATUS

    “¡Me gustan los estudiantes / que rugen como los vientos / cuando les meten al oído/ sotanas y regimientos!”, supo cantar Violeta Parra. Neaconatus, se vuelve eco de aquella trova insurrecta y no puede estar ausente ante un clamor colectivo que recorre el país. Nos importa el concepto de “ascensor social” que significó para la Argentina la enseñanza universitaria pública, gratuita y autónoma, asegurada desde casi principios del siglo XX.

    Solemos recurrir a una imagen para representar ciertos dramas sociales que nos azotaron cíclicamente. Dice el refrán “muerto el perro se acabó la rabia”, entonces como no se podía eliminar a todos los trabajadores demandantes que importunaban con sus reclamos, pues se acabó con el trabajo. Lo mismo está sucediendo, con algunos matices ahora. Cierta clase capitalista aprendió que tampoco era posible lavar la cabeza de todo chico o chica que pisaba una universidad abierta socialmente, en la actualidad se asfixia este riesgo formativo, se lo restringe para una minoría pudiente y se acabó con el problema que nos planteaba la sentencia del perro y la rabia. Desfinanciamiento, fin de la movilidad social, arancelamientos y mercantilización de la investigación, sino toca “uberización” como proyecto de vida.

    Neaconatus posee sus autoras/es favoritos, entre ellos destaca Nuccio Ordine. En su inefable libro La utilidad de lo inútil se despacha sin filtros sobre la universidad empresa y los estudiantes clientes. Lo primero que subraya son los efectos catastróficos que la lógica del beneficio ha producido en el mundo de la enseñanza, cita a Martha Nussbaum que logró describir esta ineludible degradación. “… en buena parte de los países europeos, con alguna excepción como Alemania, las reformas y los continuos recortes de fondos financieros han trastornado -sobre todo en Italia- la escuela y la universidad. De manera progresiva, pero muy preocupante, el Estado ha iniciado un proceso de retirada económica del mundo de la enseñanza y la investigación básica.”

    En sintonía con Ordine creemos que este disciplinamiento social que se trata de escamotear con el argumento falaz de un rigor en el gasto educativo, se aplica en un momento donde por el contrario necesitaríamos potenciar las actividades culturales y la enseñanza pública.

    El martes 12 de mayo, la ciudad de Posadas salió a llenar las calles de bronca, ¿un toque de atención?

    Algunas voces se acercan a estas páginas para coincidir en dudas y certezas, Fabricia Alexandra Maidana, periodista y escritora comparte su desazón: “Ante las condiciones que afrontan nuestras universidades, creo que nadie permanece indiferente. La preocupación, el miedo, la frustración nos interpela continuamente. En mi caso particular, estoy trabajando en la UNAU, una universidad joven que de alguna manera abrió las puertas a que todas las familias de una zona (la del Alto Uruguay) pudieran acercarse a la universidad. Y hablo de familias, porque es quizá un hijo/a, un hermano/a o alguien cercano que resulta ser la primera generación que accede a la universidad y todo el entorno vive y acompaña esa trayectoria. Y ahora ver eso peligrar es fuerte, si bien todo el recurso humano, está haciendo su máximo esfuerzo por sostener y acompañar hay cuestiones que necesariamente dependen de recursos económicos. Muchas veces se romantiza la educación, como si bastase con ir hablar de lo que se sabe, sin comprender todo lo que mueve una universidad. Todo el soporte que brinda, las actividades extra, las propuestas de formación continua, de extensión, la investigación, su continúa entrega a la comunidad. La universidad incluso en estas condiciones logra y habilita mucho, crea oportunidades, transforma realidades, pero no puede sostenerse de buena voluntad nada más. Todos estamos esperando que la situación mejore pronto y esperamos que el reclamo colectivo se haga eco en quienes tienen el poder de cambiar esto.”

    El problema de la Universidad no es tuyo, como nos quiere hacer creer el gobierno de Milei. El problema, que en realidad, son los problemas del mundo universitario argentino, es de todo el país, y sobre todo es responsabilidad del Estado, es decir del gobierno actual. No es un tema sectorial, acotado al mundo de las Facultades, es una cuestión política que tiene un fuerte anclaje en toda la sociedad.

    Once docentes o investigadores renuncian por día a sus puestos por los bajos sueldos.

    Los salarios de la profesores y no docentes de las Universidades argentinas son los más bajos de los últimos treinta años. Más bajos aún que en la crisis del 2001. Un cargo de JPS, que es un puesto docente de nivel inicial o intermedio, por ejemplo, una jefatura de trabajos prácticos cobra 260.000 pesos mensualmente.

    Recortaron las Becas Progresar, desfinanciaron todos los ámbitos y dependencias de la Universidad, por ejemplo, los Hospitales que dependen de la Facultad de Medicina de la UBA, pero también en otras provincias. Hay un colapso general de todas la Universidades argentinas, por eso en la marcha se vio a veteranos de Malvinas apoyando el movimiento (alguien resaltó al pasar que, a todos los veteranos de aquella triste guerra, le hicieron la dentadura en la Facultad de Odontología de la UBA), se notaron diferentes gremios y padres de estudiantes y recibidos en la Universidad pública y gratuita. Algunas familias hacían notar que gracias estas casas de altos estudios hay profesionales en sus integrantes.

    Desde ciertos sectores del periodismo bastardo quisieron dejar la sensación del movimiento como político y partidario, como que el problema es de los estudiantes que no quieren estudiar o los profesores que quieren enseñar (y comer) y no pueden hacerlo.

    Y sí el problema no es tuyo o mío, es de todos, pero sobre todo de aquellos que se quedan con la parte del león de un sistema injusto.

    Crédito fotográfico: Liam Noack. Gracias

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