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La primera novela policial del mundo

Por Alberto Szretter. Puerto Rico, Misiones. Escritor

La primera novela policial del mundo fue de un uruguayo, hijo de los argentinos Justa Cané y Florencio Varela, exiliados en Montevideo en tiempos de Rosas. El escritor se llamó Luis V. Varela y utilizó el pseudónimo de Raúl Waleis. Publicó en 1877, La Huella Del Crimen, donde un detective, L´Archiduc, utilizó el método deductivo para resolver casos policiales, diez años antes que Sherlock Holmes en Un Estudio En Escarlata (1887), el primer libro de una serie de historias que harían famoso a Conan Doyle y a su personaje.

Pero el género policial (aunque no nos gusta hablar de “género”, lo aceptamos por convención) como cuento, no como novela, fue inaugurado por Edgar Allan Poe con Los Crímenes De La Calle Morgue, en 1841. En Misiones, Horacio Quiroga que se declaró discípulo de Poe, escribió un solo cuento policial, El Triple Robo De Bellamore (1903).

Varios factores contribuyeron a la invención del policial en el siglo XIX. La revolución industrial que creó trabajo marginal y a desocupados; la explosión demográfica urbana, con nuevos actores que migraron del campo a la ciudad, ante la necesidad de mano de obra en las fábricas; la decadencia de la nobleza y la aristocracia; la creación de los cuerpos policiales; la crisis de valores clásicos; la formación de una clase proletaria; la pérdida de lo que hasta entonces se consideraba Justicia y la lucha por los derechos elementales; la inestabilidad y efervescencia fabril en muchos países, revoluciones y guerras (que fueron adquiriendo inéditos y crueles matices); y sobre todo el nuevo orden social político y económico, que se desarrollaba. El mundo moderno (el actual) nació en ese tiempo.

Hubo otro factor importante en la aparición del género policial, que fue la eclosión de la ciencia, la matemática, los descubrimientos médicos, y los avances técnicos. La técnica de cada época, que muchas veces no es valorada por los intérpretes posteriores, influye muchísimo en el tejido social.

Bernardino Rivadavia, el primer gran endeudador argentino, creó en nuestro país el inicial cuerpo de policía, en 1821. La policía de Francia fue creada en 1812, por un delincuente, Eugenio Vidocq, que se infiltraba en las bandas de ladrones, a las que perteneció, y luego los delataba. Tanto éxito tuvo que el gobierno le encomendó la formación de un cuerpo policial, la Sureté. La Scotland Yard se estableció en 1829 (lleva ese nombre por la calle donde estaba la sede). En Prusia se concretó un cuerpo policial, que al principio era secreto, en 1854. En México, en 1825. Y así. Las Policías como órgano represor, brazo armado de la Justicia, fueron creadas en el siglo XIX.

Si hay un asesinato en un relato no quiere decir que estemos frente a un policial. Lo mismo sucede si en un libro nos encontramos con la descripción de una escena íntima de una pareja; no quiere decir que ese volumen sea erótico, sexual o de amor.

¿Entonces?

En el policial hay un crimen alrededor del cual se despliega, con trazos de verosimilitud, una trama de ficción, de misterio (porque no se sabe quién es el asesino, al principio fueron de enigmas preferentemente) y de acción, que intenta atrapar al lector desde el lado oscuro del ser humano. Desde la parte de noche que tenemos. Desde esa violencia que (en más o en menos) es innata a la especie.

La muerte de un personaje provocada por otro, u otros, puede ocurrir en cualquier historia, pero en la novela o en el cuento policial el crimen es el hecho central. ¿Por qué ocurre? En términos generales, porque hay un personaje que desde el costado sórdido de su condición produce un desorden. Y es el detective, el que restaura el orden. El héroe es el investigador, no la policía (que hasta entorpece el rastreo), que siendo un organismo oficial es incapaz de dilucidar el problema, porque está atada a normas y burocracias. A la irracionalidad del asesino que liquida a un congénere, se le contrapone la racionalidad del detective que lo rastrea, que consigue las pruebas y que con habilidad lo descubre en la última página.

Antes de Poe hubo relatos de crímenes, pero la importancia fundacional de este autor reside en sostener que los actos del personaje malo, son previsibles, que sus episodios son consecuencia de su mentalidad perversa, y que incluso uno bien podría adelantarse y prever sus planes y frustrarlos.

Lo que hace policial a un texto es que plantea de alguna manera la lógica de un delito; y el intento, siempre exitoso, del detective de desentrañar el intríngulis, esclareciendo el asunto.

Pero las cosas se complicaron con el policial norteamericano, con mucha acción y aventura, donde no importa tanto resolver los casos, incluso hay historias desde la primera página que indican quién es el asesino, sino llevarlo al lector por las calles mugrientas y lugares apestosos de subsuelos, u oficinas de edificios altos y vidriados, de una ciudad, donde el detective es, en realidad, tan sucio, a lo mejor, como el homicida, pero que a pesar de todo está, aún perdedor, del lado bueno de la sociedad. Aunque esa sociedad sea una mugre.

Por ejemplo, en la novela policial negra la separación entre buenos y malos no está muy clara, pero además, plantea una mirada crítica de la sociedad, cuestiona al poder, al dinero, a las instituciones, desde argumentos violentos. Porque el capitalismo es de por sí violento.

El género policial exige presentar algo capaz de lucir como realidad; no real, que es otra cosa. Los personajes que se mueven en la literatura fantástica están en conflicto con lo real, por eso la decepción del lector cuando luego de situaciones raras, extrañas, en el desenlace, el autor da una interpretación científica, explica lo sucedido, racionalmente. En los cuentos y novelas fantásticas, y también en las de humor, picaresca, o sátira, lo que llamamos “real” posee un carácter circunstancial. O sea, hay tantos hechos reales como acontecimientos, y el encadenamiento de la trama origina una sucesión de cosas reales diferentes a veces incompatibles y hasta contradictorias.

No es así en las novelas policiales. Porque el escritor de policiales encara la realidad como un conjunto de regularidades, que se mantendrán, cualesquiera sean los hechos que se van presentando. Ese telón de fondo, esas regularidades indican lo que es posible de lo imposible, y -además- implican un orden. Ese orden está referido a la religión, el parentesco, las asociaciones secretas, el Estado, sus leyes y reglamentos, los grupos, las empresas, la sociedad en general. Esa realidad, ese orden, es como una escenografía, pongamos, por ejemplo, es una ciudad con sus rutinas, su devenir, su gente, sus problemas, que forman un sustrato, un paisaje, diríamos, donde se produce una alteración (un crimen) y a partir de allí se desencadena la acción. Aquí está el quid. ¿Por qué? Porque se ve afectada la realidad. Ha sucedido algo singular, grave; ese orden parece como vulnerable. La estabilidad de la sociedad es interpelada. Entonces el autor despliega la trama y al final se soluciona el intríngulis dándole al lector la seguridad de que todo sigue bien, en su lugar.

Y fin. La vida continúa. 

1 pensamiento en “La primera novela policial del mundo”

  1. Gran artículo. Enhorabuena.

    No todo el policiaco salta a la América de los gánster. Agatha, la dama del crimen, pule el género de toda violencia, acto contestatario y con un éxito tremendo. Pero estoy de acuerdo que la rama principal, es el noir, y que conste que soy un asiduo lector de la obra de Agatha.
    La Ilustración como origen, la revolución industrial como motor, las revoluciones liberales en EE.UU. y Francia crean el “mundo moderno”.
    Simultáneamente a la creación del policiaco nace la ciencia ficción, que comparten los mismos elementos maestros que los configuran.

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