
Por Alexis Rasftopolo. Posadas. Docente, escritor
“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo…”
Rodolfo Walsh. Cordobazo Periódico de la CGT de los Argentinos, 1968-1970.
La cuarta marcha federal universitaria desbordó las calles de este país y, por un instante eterno, una vez más, las diversas músicas, las creatividades y la potencia de lo colectivo, de lo popular, trasmutó la bronca en formas de la resistencia, la alegría y la lucha frente a la miseria planificada impuesta de manera impetuosa por las políticas de los hermanos Milei.
En Posadas, 11 cuadras colmadas de gente de diversas edades, profesiones, organizaciones y gremios, referentes del ámbito de la salud mental y comunitaria, de la discapacidad; artistas; militantes sociales y políticos; también jubiladas y jubilados, familias con sus chicos; principalmente estudiantes, docentes y trabajadores no docentes de la Universidad Nacional de Misiones, en caravana heterogénea, emprendieron el derrotero desde el punto de encuentro en las avenidas Mitre y Uruguay hasta la plaza 9 de julio para compartir el acto central donde la consigna principal giró en torno al cumplimiento inmediato de la insistida Ley de Financiamiento Universitario (27.795).
Aquí y allá, la polifonía de los carteles ayuda a interpretar con humor, sagacidad e inteligente contundencia las circunstancias del momento:
“¿Tanto miedo le tenés a un libro? Vení que no muerden”.
“Menos trolls, más becas”.
“El conocimiento no se audita con mentiras, se demuestra con hechos”.
“Si no saben lo que vale el saber es porque eligen no saberlo ¡La universidad pública se defiende!”
“¿Cuánto nos cuesta Adorni?”
“¡Cumplí la ley Milei!”
Con una pérdida del poder adquisitivo inenarrable, muy superior al 34% y transferencias que cayeron casi un 46%, la educación superior en Misiones enfrenta hoy un dilema existencial: sostenerse con dignidad y a fuerza del compromiso colectivo o deteriorarse estrepitosamente cancelando la posibilidad de que estas y las próximas generaciones puedan proyectar un futuro mejor.
“País de mierda”
Como bien observó Helena Villagra, entre los miles de carteles que irrumpieron en las calles de las marchas a lo largo y lo ancho de todo el país, acaso, uno de ellos, escrito por una mano anónima, leído en las calles de Buenos Aires, dio en el clavo para tratar de entender la gramática del conflicto:
“Nos hicieron creer que este era un país de mierda para que no lo defendamos cuando ellos lo destruyan”.
En rigor de verdad, este mensaje no es una simple queja. Es un diagnóstico ético-político.
El gobierno de Javier Gerardo Milei y los sectores empresariales, mediáticos, judiciales que lo sostienen cimentan su narrativa en la idea-fuerza de que la universidad pública es un “antro de adoctrinamiento” o una “caja negra”. Esta descalificación sistemática tiene un objetivo insoslayable: generar el desprestigio y la apatía social necesaria para que el ajuste no encuentre resistencia.
Si logran convencer a la ciudadanía de que lo público, en cualquiera de sus manifestaciones institucionales y organizativas (salud, educación, cultura, servicios sociales, empleo) es inherentemente malo, su destrucción no se percibe como una pérdida, sino como una “limpieza”.
Rodolfo Walsh y la “miseria planificada”
Y aquí es donde el presente se imbrica con el pasado más oscuro de nuestra historia. En 1977, Rodolfo Walsh, en su Carta Abierta a la Junta Militar, denunciaba que, detrás de la inefable represión, existía un plan económico de “miseria planificada”.
El autor de Operación Masacre advertía que el desmantelamiento del Estado y la caída de los salarios no eran errores de gestión, sino, por el contrario, parte de un diseño para transferir la riqueza y destruir minuciosamente el tejido social y la potencialidad cognitiva y experiencial de nuestro pueblo.
Pues bien, hoy la asfixia presupuestaria al sistema universitario (y también del ámbito científico-técnico, de salud, etcétera) opera bajo una lógica similar.
A través de este modus operandi tanático, de desfinanciamiento de las áreas principales que sostienen y estructuran la vida social y que, por cierto, costó un largo tiempo y esfuerzos desmesurados de generaciones conseguir, se resquebraja la dinámica de ascenso social y la dignificación de nuestra condición humana con toda la complejidad que esto supone en terminos materiales y sensibles.
Todo lo cual configura un modo de la muerte sigilosa.
El ajuste de Milei, al igual que el plan económico que denunciaba Walsh en el contexto del Terrorismo de Estado, necesita de un pueblo que no se cree digno de si, ni de lo que tiene.
Por eso, el ataque no es solo al bolsillo del docente, de las becas de las y los estudiantes o del presupuesto para pagar los servicios de agua, luz, limpieza, o el sostenimiento de las prácticas de investigación y extensión.
Avanzan sobre la autoestima de todas y todos.
Sin embargo, el despliegue experimentado ayer en las calles de Posadas y en las arterias principales de toda la Argentina demostró que la operación de “hacernos creer que somos un país de mierda” ha fallado.
Por el contrario, ayer, y, por cuarta vez, un grito impresionante, lanzado por los muchos y muchas que fuimos y somos, dejo en claro que eso que llamamos Argentina supone una complejidad inconmensurable, llena de historias y de voces y de una pluralidad experiencial y de sabidurías que da orgullo y es motivo de estima en todo el mundo.
Dejando en claro que el conocimiento es un derecho y no un privilegio de casta. Y que es la piedra de toque para proyectar un horizonte de país necesario y distinto a este que estamos viviendo. Defender la universidad pública, en última instancia, es un acto de afecto por el Otro.
Por lo que fuimos, por lo que somos y lo que queremos ser.
Crédito fotográfico: Principe Stupnicki Benjamin Octavio. La Rastrojera TV. Gracias