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¡Paren el Mundo…!

    Por Heraldo Giordano. Córdoba – Misiones. Escritor

    Este seis de abril, recordada a un amigo entrañable que se nos ha fugado antes de tiempo, ese mismo día hubiera sido su cumpleaños. Un escritor que escribía sin vueltas, por más que duelan situaciones cotidianas que raspan la piel cuando nada pasa, a lo que me importa, sino un compromiso con la vida misma. Así era Roberto “El Bicho” Miranda, poco afecto a la exposición mediática y perversa, muy afin a la amistad y a la solidaridad. Nos veíamos poco, apenas una o dos veces al año, pero nos sabíamos hermanos. Era un contarnos la vida, café mediante en alguna librería de la docta. Por esas cosas de la vida, que siempre transcurría en contra mano de nosotros, pecábamos de antisociables y resentidos para muchos, es que no es fácil cuajar en este mundo lleno de luces y donde el dolor espanta. Por ejemplo; uno recorre las calles y observa que la gente se detiene ante un animal y le ofrece tiernamente una caricia, y a metros, un niño pasado de falopa, se ignora completamente su presencia. Es increíble concebir al mundo de esta forma.

    Para graficar el sentimiento profundo de Roberto y su compromiso literario, en unos versos muestra a esta sociedad como nadie “… somos la muerte de los que no querían morir/aunque nacieron muertos / atravesando un vientre muerto como ellos… no querían morir y estaban muertos /soñando que vivían/ que vivir era caerse en lágrimas/ hasta que otros viniesen a llorar por ellos/ por sus muertes… nacidos de la muerte/ no querían morir/ sólo no querían morir/ pobres tipos desparramados por el mundo/ nada más que para no morir/ trabajando amando construyendo procreando para no morir/ sufridos optimistas tristes inocentes/ cantándole al cielo/ desde el mismísimo útero de las tumbas.

    Se podría incluir al pensamiento Heideggeriano, donde de la inactividad se traduce el término “renuncia”, significa cualquier cosa menos darse por vencido o dejarse llevar. La renuncia no quita, la renuncia da. Esa renuncia a hacer lo que todos hacen, a ser mejor que el otro en esa vorágine del capitalismo que arrastra a la nada misma, a la destrucción del ser. La ética de la inactividad de Heidegger consiste en hacer uso de lo posible en lugar de imponerle lo imposible. Debemos contemplar para contraponernos a la producción, La acción de actuar de producir y de rendir conduce a la falta de aire. El ser humano se asfixia en su propia manera de hacer, explicado con detenimiento en “Vida Contemplativa” de Byung Chul Han, y plantea parar la mano con la hiperactividad, entrar en la calma, y desplegar una acción decidida para reparar inclusive, las consecuencias catastróficas de la intervención humana sobre la naturaleza. Hoy se impone la forma de vida consumista en la que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. La espera empieza cuando ya no hay nada que esperar, ni siquiera el fin de la espera. La espera ignora y destruye lo que espera. La espera no espera nada, Hannah Arendt.

    ¡Paren el mundo que me quiero bajar! Frase atribuida a Mafalda, desmentida por Quino.

    En esto de recordar gente querida, que se han ido a fecundar otros cielos, otras alturas, con la brisa de su poesía, un fragmento de un poema “Diferencias” del querido Alberto Szretter, que despeja dudas, del lado que se encuentra la verdad.  Es claro…/ Si uno vive detrás de un mostrador/ O reza cada mañana la palabra “oficina” / y se viste y mastica y se va al cine/ Pensando en el mercado cuando orina / Y no sueña con nada mientras muere/ Entonces… ¡Es claro!

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