Ir al contenido
Inicio » 7. Fragmentos del prólogo Pensar el Chaco desde la dictadura

7. Fragmentos del prólogo Pensar el Chaco desde la dictadura

    Por Francisco Tete Romero. Resistencia, Chaco. Escritor, docente, director académico del Instituto de Estudios Superiores de la Fundación Mempo Giardinelli.

    Un libro polifónico donde se pueden leer capítulos concernientes a la economía, a la educación, a lo histórico-cultural, a las artes, a los derechos humanos, al ambientalismo, al periodismo, al sindicalismo, al análisis politológico y también al de la política desde la experiencia de una historia militante. Escritos por destacados referentes académicos, de los derechos humanos, la cultura, el periodismo y la política, en clave de diversidad y pluralidad, en forma individual o a través de equipos. Textos de Federico Muñoz Femenia (economía), de la Dra. en Ciencias de la Educación María Teresa Artieda (educación), uno mío (histórico-cultural), de la Dra. en Historia del Arte Mariana Giordano y Andrea Geat (artes) y Franco Pasarelli (artes audiovisuales), de Cristian Muriel (periodismo), del Dr. Diego Vigay y el periodista Bruno Martínez (derechos humanos y los juicios de lesa humanidad), del docente Hugo Rodríguez (sindicalismo), del politólogo Alejandro Javier Zabaleta y del profesor Carlos Cacho Quirós, que abordó un capítulo en clave de crítica y autocrítica focalizando en el devenir político del movimiento nacional y popular.

    Extractamos algunos fragmentos, dada la extensión del original. Agradecemos a su autor el aporte enviado a NEACONATUS.  

    (…) El aniquilamiento material -… “producción de muerte colectiva o muerte seriada”- debe obligatoriamente realizarse –para lograr sus objetivos- en el campo de las representaciones simbólicas, a través de determinados modos de narrar –y, por lo tanto, de re-presentarse- la experiencia de aniquilamiento.

    … no resulta suficiente para los fines genocidas eliminar materialmente (aniquilar) a aquellos cuerpos que manifiestan dichas relaciones, sino que aparece como tanto o más importante clausurar los tipos de relaciones sociales que dichos cuerpos encarnaban (o amenazaban encarnar) generando otros modos de articulación social entre los hombres (reinstalando relaciones sociales anteriores o, más común, construyendo nuevos modelos de relación social), en definitiva, reorganizando las relaciones sociales[1] (pp.180-181).

    Releo este fragmento de la obra del sociólogo argentino Daniel Feierstein, porque resulta fundamental como anclaje teórico para fundamentar, a modo de umbral conceptual de este libro colectivo, por qué decidimos escribirlo, es decir, desde qué horizonte de sentidos concebimos “Pensar el Chaco desde la dictadura”, a cincuenta años de su inicio.

    Por un lado, porque entendemos a la dictadura cívico-militar-empresarial y eclesiástica, iniciada el 24 de marzo de 1976, primero como un acontecimiento parteaguas en nuestra historia, porque cambió drásticamente, a sangre y fuego, las matrices económico-productivas, sociales, culturales y educativas argentinas, y por ende, chaqueñas; pero, sobre todo, porque lo pensamos como el inicio de un largo proceso que llega hasta nuestros días. Porque inaugura el régimen neoliberal que venimos padeciendo, porque hoy estamos en su cuarto ciclo histórico, porque las consecuencias más graves de aquella dictadura –y del régimen que da inicio- llegan hasta nosotros y explican en buena medida qué clase de sociedad fuimos y estamos siendo, así como también el sistema de representaciones –creencias, ideas y prejuicios- a través del cual nos pensamos y pensamos nuestra realidad en sus distintos órdenes y niveles desde esa dictadura hasta nuestro verano de 2026.

    ¿Quiénes padecieron material y simbólicamente ese genocidio? ¿Cómo y de qué forma persiste la dinámica de esa estructura genocida?

    ¿Qué tipo de relaciones sociales buscó clausurar y lo logró la dictadura y las políticas neoliberales que la continuaron? ¿Qué nuevas formas de articulación social instauró como nuevo modelo de sociedad?

    ¿Cómo se narró y está narrando-representando lo que aconteció en la dictadura?

    Cubrir un espacio vacío, contribuir a la investigación del pasado para interpelar el presente y debatirlo.

    Mi hipótesis, desde hace por lo menos dos décadas, es que el peso de la autoridad académica e intelectual del doctor Ernesto J. Maeder fue de tanta relevancia, que el campo de investigación histórica acerca de lo que aconteció en la dictadura chaqueña se constituyó, en consecuencia, en una zona rigurosamente vedada. Recordemos aquí que Maeder fue primero subsecretario y luego ministro de educación durante la dictadura en el Chaco (1976-1981), y que durante los gobiernos también de facto de los sesenta fue rector interventor de la UNNE.

    La interpretación del pasado puede transformar nuestro presente y abrir o cerrar horizontes de futuro.

    Eric Hobsbawm[2], escribió que la “destrucción del pasado, o más bien, de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX”.

    En su mayor parte, los jóvenes… de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven. Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia que la que han tenido nunca, en estos años finales del segundo milenio. Pero por esta razón deben ser algo más que simples cronistas, recordadores y compiladores, aunque esta sea también una función necesaria de los historiadores.

    Pienso en la destrucción de esos mecanismos sociales que vinculaban nuestra experiencia individual con la de las generaciones anteriores, cuyo resultado es la percepción coetánea, ahistórica y por lo tanto asocial de vivir en un presente permanente donde todo tiene que ser rápido, breve, efímero, saturado de infodemia[3].

    Por eso está siempre en disputa la memoria, porque no hay transformación política sustantiva sin modificación de la matriz cultural de la memora histórica sobre cuya interpretación se erige una determinada visión política que podrá o no ser hegemónica. Porque somos entonces lo que recordamos, pero también lo que olvidamos o no conocemos, o acallaron o silenciaron de nuestra historia.

    Pienso ahora en los jóvenes nacidos después de 1983. Pienso ahora en la Argentina que no conocemos y a lo que no escuchamos ni hablamos ni vemos. Porque recordar significa volver a poner –o a pasar- algo en el corazón. Es cierto, pero no alcanza con repetirlo como si fuera un conjuro o un mantra contra el olvido. Porque solo puede recordar quien vivió la experiencia que busca o buscamos que recuerde. O bien, porque se lo contaron, lo leyó y/o aprendió en su trayectoria por el sistema educativo.

    ¿Pero qué ocurre cuando existe, según el último censo de 2022, un 65 por ciento de argentinos/as menores de 45 años, y un 44 por ciento de menos de 30?  Dicho de otra manera, se trata de personas que solo vivieron la experiencia del sistema democrático, que no conocen lo que fue la dictadura, o bien, a las que no les enseñaron qué fue la dictadura y cuáles sus consecuencias y huellas en nuestra sociedad y presente, o su explicación fue meramente formal y/o poco significativa. Pero, además, más de la mitad de esas personas se encuentra entre la economía informal y el cuentapropismo, es decir en la precariedad laboral[4], carece de derechos y buena parte de ellos ni puede estudiar, ni trabajar ni alquilar. Son nuestra dolorosísima deuda interna. Como también lo son los trabajadores registrados sumidos en la pobreza, un 22 por ciento de ellos, según datos oficiales a fines de 2025. Como lo es, fundamentalmente, nuestra infancia, donde la pobreza alcanzó niveles críticos, afectando a aproximadamente el 66,1% de los niños, niñas y adolescentes (0-14 años), mientras que la indigencia (pobreza extrema) en este mismo grupo etario llegó al 27%, según datos del INDEC.

    La democracia hoy en la Argentina está concebida como un régimen de pérdida de derechos y de concentración escandalosa de la riqueza material y simbólica.

    En cuanto a los cambios de percepción en nuestra sociedad, Alberto Quevedo, en una entrevista realizada por Eduardo Aliverti en su programa Marca de Radio del sábado 7 de febrero de este año[5], anticipó algunas de las conclusiones a las que está arribando luego de 14 años de una investigación sociológica con mediciones desde 2012 sobre cultura política, valores, sensibilidades y posicionamientos, para saber qué le ha pasado a nuestra sociedad. Se pregunta, por consiguiente, ¿qué condiciones sociales han cambiado en la Argentina de estos últimos años?

    Primera conclusión: los valores del futuro, sobre todo en los jóvenes, son pensados como fruto del solo esfuerzo personal.

    Segunda conclusión: en relación al posicionamiento ideológico, en cuanto a la autopercepción fue virando mucho, porque en 2012 solo el 11 por ciento de los jóvenes decían que eran de derecha, hoy son el 42 por ciento. Sobre todos varones. Hoy ese universo ideológico tiene mucha bibliografía, existen además eventos como la Derecha Fest, canales, programas, que instalan una visión muy contraria a la agenda que odian y que llaman genéricamente woke; son antifeministas, antiderechos, antiambientalistas.

    Tercera conclusión: la reivindicación de las derechas antes era vergonzante, minoritaria. Hoy es exhibida con orgullo. 

    Agrego aquí otro factor muy importante: el cambio drástico en nuestros consumos culturales operados en los últimos trece años…El teléfono móvil se convirtió en la principal puerta de consumo informativo y cultural virtual.

    Conclusiones provisorias:

    El acceso a la información y la cultura se ha vuelto fragmentario, inmediato y visual, especialmente entre los jóvenes. 

    En cuanto a los principales cambios en los perfiles de consumidores:

    • Lectura y Noticias: Cerca de 7 de cada 10 argentinos consumen noticias a través de redes sociales y medios digitales, mayormente desde el celular.
    • Plataformas Líderes: Instagram se posiciona como el líder en entretenimiento e información, mientras que TikTok ha crecido exponencialmente, especialmente en menores de 24 años.
    • Cambio de Formato: El consumo pasó de formatos largos a contenidos breves, de “scrolleo” rápido, reposteos y visualización pasiva (mirar publicaciones de otros).
    • Impacto de la Crisis: Debido a la caída del poder adquisitivo, muchos usuarios han limitado sus suscripciones a plataformas de streaming, volcándose a contenidos gratuitos en redes sociales (TikTok, YouTube, Instagram) como su principal vía de entretenimiento.
    • Nuevos Referentes: Los influenciadores y creadores de contenido nativos digitales han reemplazado a los medios tradicionales como los principales prescriptores culturales. 

    En conclusión, este giro radical hacia el universo digital se produce porque la conectividad pasó de ser accesoria a convertirse en el principal acceso a la información, la cultura y la interacción y/o participación social. No puede soslayarse en este punto a la pandemia como un antes y un después. Porque sus grandes vencedores económicos son las corporaciones dueñas de las grandes plataformas. Porque sus usinas de contenidos promueven el odio y son de cuño de extrema derecha. Porque tal como dijo Liliana Herrero y citó Diego Sztulwak[6], el Covid 19 nos encerró doblemente: en las casas y en las tecnologías. Salimos del encierro físico, pero no de las pantallas.

    Agregado aquí, capitalismo de vigilancia, porque no hay el uno –el de plataformas, sin el otro, el de vigilancias.

    Las tecnologías de vigilancia permiten hoy un control social sin precedentes, que haría palidecer los peores fantasmas de Michael Foucault. No es un panóptico que nos mira desde nuestro encierro, sino una vigilancia basada en la libertad de entregar nuestros propios datos que producimos cotidianamente las personas, sin darnos cuenta. Y en nombre de la seguridad nacional los Estados procuran tomar el control de esos datos[7].

    En cuanto a cómo modifica este giro radical las percepciones sobre la realidad y las autopercepciones, destaco el lúcido videoensayo de Ofelia Fernández “Cómo ser feliz[8]”. Allí analiza la cultura de la dependencia del “like” –“me gusta”-, surgido en 2010, como una adicción a las pantallas que fragmenta la atención, genera ansiedad y reduce la experiencia real a su validación digital. Propone que la búsqueda de aprobación constante y la hiperconexión afectan la salud mental juvenil, necesitando una regulación y una nueva forma de vincularse con la tecnología. 

    En consecuencia, no puede entenderse el malestar de la cultura argentina actual, sin ahondar en esta problemática, vinculada, desde luego, con las dimensiones socio económicas, políticas y culturales. Porque no se puede comprender el proyecto neoliberal abierto en marzo de 1976, que hoy se encuentra en su cuarto ciclo, sin pensarlo como un proyecto cultural de transformación drástica de una cultura más comunitaria a otra hiper individualista.

    Sucede que no se puede recordar lo que no se vivió, leyó o aprendió. Por un lado, existe esta dificultad. Porque si bien es cierto que la reapertura democrática se fundó sobre dos pilares básicos: la bandera de los Derechos Humanos, desplegada a partir del principio del “Nunca Más” a la violencia material y simbólica para dirimir diferencias políticas, y la de la Educación Pública con su horizonte igualitario; no es menos cierto que de eso ya pasaron 43 años y la condición para valorarlo es el conocimiento profundo de qué fue la dictadura y por qué y para qué ocurrió.

     Nosotros a partir de este libro queremos proponer su debate, su ratificación, pero ampliado y enriquecido incorporando las nuevas necesidades de ese sub 45, de ese sub 30.  Porque la memoria no se impone por decreto. Se siembra y crea colectiva y pluralmente, desde abajo hacia arriba, como el fuego para calentar, como nos recitaba el Martín Fierro de Hernández.

    Que así sea.

    .


    [1] Feierstein, Daniel (2012). Memorias y representaciones. Sobre la elaboración del genocidio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económico.

    [2] Hobsbawm, Eric (2008; primera edición, 1994). Historia del siglo xx, p. 13. Buenos Aires: Grupo Editorial Planeta.

    [3] El término infodemia se emplea para referirse a la abundancia de información sobre un tema concreto. El término se deriva de la unión entre la palabra información y la palabra epidemia. Se relaciona con conceptos similares como fake news o infoxicación, en la medida que la cantidad y exposición de estos se intensifican. ​ La infodemia es considerada como una transgresión ética al buen periodismo científico, porque su origen fue la pandemia del Covid 19.

    La Organización Mundial de la Salud advierte sobre la infodemia, también conocida como fake news, una práctica que consistió en difundir noticias falsas sobre la pandemia, cuya consecuencia fue el aumento del pánico en las sociedades. ​

    La Organización Mundial de la Salud viene refiriéndose a un concepto que se da en paralelo a la pandemia por coronavirus: la “infodemia”. Se trata de una cantidad excesiva de información ‒en algunos casos correcta, en otros no‒ que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando las necesitan

    [4] Según datos oficiales del INDEC, al 2025 en Argentina, los puestos de trabajo informales y cuentapropistas superan la mitad del empleo total, representando más del 50% de la fuerza laboral según datos de 2025. Esta precarización se compone principalmente de asalariados no registrados y cuentapropistas de baja calificación, reflejando una estructura laboral donde el empleo formal se ha convertido en minoría. De más de 22,5 millones de puestos de trabajo, aproximadamente 11,4 millones se dividen entre asalariados no registrados y cuentapropistas, alcanzando cerca del 51% del total

    [5] https://www.youtube.com/watch?v=NcwYWG6foCc

    [6] Sztulwark, Diego (2025). El temblor de las ideas, p.148. Buenos Aires: Ariel.

    [7] Resnik, Dylan. La fantasía de un mundo aséptico, sin Estado ni política. De Milei a Bukele, las consecuencias del culto a Silicon Valley en el Sur Global. 13 de febrero de 2026. Página 12. En:

    https://www.pagina12.com.ar/2026/02/13/de-milei-a-bukele-las-consecuencias-del-culto-a-silicon-valley-en-el-sur-global/

    [8] https://www.youtube.com/watch?v=d2JHtBoSxBg&t=108s

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *