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Arrivederci é buona fortuna! (*)

Por NEACONATUS

Una difundida “tesis” propone que en el arte visual o en las letras de las canciones, se plasma la época que vivimos. Referencia histórica. La Década Infame argentina (1930-1943) comenzó con un golpe de Estado cívico-militar que derrocó al presidente radical Hipólito Yrigoyen, y concluye hacia 1943 con otro golpe de Estado militar que destituyó al presidente conservador Ramón Castillo. Se ve que la cuestión era dar golpes de estado como jugando al tenis. Pues bien, durante ese período las letras de los tangos, las novelas, cuentos, y artes visuales, produjeron mensajes en consonancia con la vida enredada de este país-máquina-de-picar-carne.

Hoy cabe preguntarse: ¿Atravesamos otra década infame? ¿Qué letras se hacen, qué poesía, qué arte? ¿Estamos a la altura de los acontecimientos? Posiblemente tenga razón de ser el boom de Mariana Enríquez y su prosa de terror gótico, la descripción de esos ambientes lúgubres. Porque estos años son terriblemente fúnebres y crueles. Hay señales que preocupan. Hace poco más de seis meses todo lo conectado con el hacer cultural se comenzó a desmantelar. Cierre de instituciones y bloqueo económico. El argumento: Basta de subvencionar vagos, los verdaderos creadores tienen éxito por sí mismos y ganan mucho dinero sin necesidad del Estado. El mercado premia sus talentos.

Ahora parece ser que la Secretaría de Cultura con sede en Buenos Aires, es muy importante y dejaría el ostracismo de ese espacio surrealista bautizado, siniestramente, como “Capital Humano”. Permiso para digresión semántica. Aclararemos por qué consideramos “siniestro” el rótulo “Capital Humano”. La palabra “capital” remite a “recursos físicos y financieros”. “Humano” consigna “un ser”, en este caso un sujeto, individuo o persona. Por lo tanto, se puede inferir esta ¿metáfora?: Existe un lugar donde se acumula el patrimonio de poseer muchas personas que producen peculio. Puede ser a través de trabajo asalariado o esclavo. En el primer caso, una fábrica. En el segundo, un campo de concentración especializado en trabajos forzados. Albert Speer, ministro de armamento de Hitler sabía muy bien lo importante que era cuidar de su “capital humano”. Cuando visitó una fábrica subterránea donde se intentaba producir una Wunderwaffe (en alemán “arma maravillosa”) para intentar ganar la guerra in extremis, su primera recomendación fue aumentar las calorías alimenticias diarias de los prisioneros para que rindieran más y mejor. Al que se le ocurrió en Argentina crear un Ministerio de Capital Humano, le recomendamos leer Las benévolas de Jonathan Littell.

Regresemos a la Secretaría de Cultura de la Nación. Sería dirigido por una dama licenciada en relaciones públicas, que estudió marketing y comunicación, además cursó prácticas de repostería poniendo en marcha un emprendimiento de tortas. Ejerció la lectura de tarot y es artista de cuadros de estilo bricolaje donde plasma soles y lunas, asimismo, confecciona siluetas de madera y canastos. Si perteneciera al género masculino, podríamos decir que estamos frente a un “genio renacentista polifacético” en modo Leonardo da Vinci. Qué mejor elección para regir nuestra área cultural. En esta línea y retomando el postulado inicial, donde preguntábamos si surcábamos otra Década Infame, la respuesta es no. Lo que hemos comenzado a recorrer es, quizás una “Década Prodigiosa”. Prodigiosa en el sentido de espectáculo de asombros y/o fenómenos de circo, un cotidiano freak show.

En el repertorio de Rubén Rada hay una canción emblemática, Blumana, su letra cuenta que “Siempre en los conciertos / pasan cosas raras”. Tal cual sucede hoy. Por un lado, vamos a un recital de A 18 minutos con Cerávolo, Arrom, Torres y Resico, luego escuchamos a Cecilia Sinonetti, vemos una muestra de Mónica Millán, leemos a María Gainza y la vida nos saca a pasear. Pero si nos atrevemos con Laje, Fátima Flórez o Furia en Gran Hermano la vamos a pasar fatal. Claro que depende en cual vereda nos encontramos y si da el sol o no. De todos modos, estamos en un clima de época donde el bardeo es la herramienta de la descalificación pública. Todos y todas en la mira, cualquiera puede pisar la mina del desprestigio social, crisis del pensamiento crítico, miedo, falta de certezas, nave a la deriva. Complejo.

Leamos estas líneas: “De forma que el público, podemos afirmarlo con seguridad, se ve condicionado principalmente por un pseudoarte más que por el auténtico que debería ser…”

“Es cierto que el arte refleja su tiempo… y es todavía más cierto que el arte refleja las condiciones sociales de una época determinada… Pero, también es verdad que muchas veces el arte debería ir contra su tiempo…” Bien, ¿Alejandro Dolina lo dijo en la radio? No, Gillo Dorfles en Las oscilaciones del gusto, por 1970.

(*) Palabras introductorias a la canción Circo Beat de Fito Páez

 

 

 

 

1 pensamiento en “Arrivederci é buona fortuna! (*)”

  1. El arte crea su propio tiempo, en mi pálido juicio. La obra en sí ya se ambienta dentro de ese tiempo que inventa. El mejor ejemplo es la música que es la forma más bella del tiempo. Lo que pasa en lo social incide, por efecto o por defecto, en la obra. A menos que el artista viva en formol.

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