
Lo que nos acompañó se queda siempre con nosotros,
extrañar es convivir con algo que todavía está pero es su
ausencia (…)
Franco Rivero
Broches es el segundo poemario de la escritora y periodista correntina Constanza Pérez Ruiz. Fue publicado por la editorial deacá, de Villa Mercedes, San Luis en el año 2020. Cuenta con un prólogo preciso y revelador del poeta Franco Rivero, quien se encarga de la asesoría poética de la editorial y colaboró en la corrección del poemario.
El libro condensa en 30 poemas breves la experiencia del desamor y reconstruye el tránsito de la pena, el vacío y el dolor hacia el reencuentro con la naturaleza, el río y el resurgimiento de un eros sutil que recupera paulatinamente el goce de ser y estar en la aventura de este mundo. ¿Qué nos sujeta ante el viento destructivo del tiempo? ¿Qué nos une en la vida y nos sostiene firmes? ¿Qué nos dispone receptivos ante la brisa del río? Pensar los sentimientos y otorgarle voluntad a los elementos y objetos cotidianos es la práctica que ejercita Constanza para interrogarse y avanzar en busca de comprensión.
Los poemas finitos y centrados forman siluetas delicadas por las que desciende la vista con agrado y sorpresa, porque tras la brevedad magnética de cada poema emerge lo grandioso del sentido, versos que condensan epifanías potentes y originales nos van ampliando la mirada y nos obligan a detenernos en su amable hermetismo para intentar entender el sentimiento, la imagen y la intención que los sustentan, nos permiten oír los ecos del poema anterior y disfrutar la música precisa de los latidos del verso. Pausarnos y pensarnos en una imagen bella es ganarle la pulseada a los apurones del tiempo actual.
Las palabras como broches sosteniendo sutilmente el alma en la intemperie, en las tormentas y en la brisa, esto nos ofrece Constanza con su poesía. La magia /de unos broches/ te sostiene. Expresa y nos deja ver en la palabra la fuerza mágica de afirmar la existencia, aun en la desazón. Después concluye todo está sujeto/ a la voluntad/ del viento, dándole entidad sonora al elemento natural (que late y tironea en este verso, toc tac toc tac nos toca el sonido intentando desatarse), para presentarlo como un personaje o símbolo divino que fluye e influye a lo largo del poemario. Por momentos el viento se inmiscuye en la casa vacía, se infiltra y causa aversión, también alrededor de las cenizas/ baila el viento. No sabemos si baila con regocijo o buscando reencender al fénix del amor. El viento es una fuerza inefable, invisible pero más perceptible que un dios, -soplohálitoydíctum poético- aparece y desaparece cuando quiere, agrupa y desprende con voluntad incomprensible. Y ante este poder hacemos casas/ sobre el paso mal dado. Construimos el refugio confiando en el cemento del amor, en su poder cohesivo y resistente. Pero qué pasa cuando el amor deja de unir. ¿Construir para irse? Se pregunta Constanza encarnando en los anzuelos del pensamiento la paradoja humana.
El yo poético reconstruye en símbolos el diálogo –agón- entre el viento y la casa, y avanza reconociendo verdades del otro de tan clara/ tu ausencia/ es transparente y de sí misma una es/ también/ la piel que deja. Avanza buscando en los copulativos la reunión de epifanías y sentencias que le den entendimiento y ánimo para seguir el camino el miedo/ puede parir coraje se dice y encara el destino. Fui al río/ llegaron hasta mí/ tus palabras se mueve la poeta y oye voces de poetas que la acompañan. Luego reconoce llegaste como un viento/ que barre las hojas muertas. Y en ese avance que despeja lastres el sol calentó/ el camino/ encendió pájaros. La narración de la pérdida suelta el pretérito en su andar y se alza en un presente de luz para iniciar la reconstrucción y dar comienzo a la nueva aventura, aunque el olvido no exista.
Recordar es recortar la sombra de lo que se fue, y a su vez es recobrar la experiencia vital del amor y del dolor que le dan sustento a toda escritura. Y así, con la memoria abierta Constanza cuelga al viento sus versos (algunos) endecasílabos perfectamente acentuados y trozados en dos o tres partes que le dan ligereza y ritmo al poema, o con aliteraciones le calza alitas al encabalgamiento para sostener eufónicos poemas en el aire, flameando resplandecientes de música y sentido. Con la imagen y la música Constanza pinza en la soga del tiempo sus poemas, uniendo estas fuerzas presiona y hacer saltar de la palabra el jugo semántico con nos convence de la sutil belleza de su poesía.
Constanza Pérez Ruiz nació en Corrientes, el 16 de marzo de 1972. Publicó el poemario Tiene voz, en 2011. Recibió el primer premio de poesía en el certamen Creadores de la Universidad del Sol en 2011, y el 3er premio en poesía del concurso de CCU UNNE, 2014. Es periodista, actriz y madre de tres hijas.
la magia
de unos broches
te sostiene
¿acaso no lo ves?
qué hay de seguro
en un broche de ropa
sólo la voluntad de la mano
que aprieta la tela
contra la soga
el viento pelea
sus posesiones
de tierra resecada
de vez en cuando
una se escapa
vuela
encontrará una libertad
precaria
todo está sujeto
a la voluntad
del viento
qué quedó
de nosotros
de aquel fuego
alas quemadas
de los pájaros
que no dejo partir
alrededor de las cenizas
baila el viento
llegaste como un viento
que barre las hojas muertas
la hierba
empezó a crecer
el sol calentó
el camino
encendió pájaros
bebo la copa
de su vientre
para tomar la vida
que me ofrece
voy a tomarla entera
no conozco su nombre
sé que me espera
que su cuerpo intuye
mi llegada
que su sangre está tibia
la mesa preparada
la copa presta
comienza la aventura
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