
Por NEACONATUS
Lo que nos queda de medio ambiente es el sistema formado por elementos naturales y artificiales que están interrelacionados entre sí, y donde se desarrolla la vida. Incluye valores naturales, sociales y culturales. Tiene factores bióticos, abióticos y artificiales creados por el ser humano. Es importante porque del agua, el aire y el suelo depende la vida. La conservación de los mismos asegura los servicios ambientales, mejor conocidos por servicios ecosistémicos.
El medio ambiente es estudiado por la ecología, rama de la biología especializada en los seres vivos y en la interacción con el medio. El 5 de junio es el Dia del Medio Ambiente (porque este día tuvo lugar la Primera Conferencia sobre el tema en Estocolmo, Suecia, en 1972).
La concientización de la población y de los gobernantes es importante para proteger el planeta y sus recursos naturales. Actualmente 1.200 toneladas de CO2 se vierten a la atmósfera cada segundo; 8.000 personas mueren por día por causas de contaminación del aire. De ahí el valor de que todos los emprendimientos industriales garanticen la sustentabilidad real a corto y largo plaza de los ecosistemas.
Es muy difícil mantener un equilibrio cuando el sistema económico capitalista posee una voracidad insaciable de rédito cueste lo que cueste, y en poco tiempo. Y es más difícil cuando los dirigentes que toman decisiones macroeconómicas no son conscientes de los daños que pueden producir, por ejemplo, autorizar la deforestación de miles y miles de hectáreas de árboles.
Hay países con alto nivel de vida que consumen ingentes recursos vitales y la satisfacción de sus deseos produce devastación en zonas cercanas a ellos o en latitudes alejadas, pero que terminan afectándolos porque el planeta es uno solo. Por ejemplo, un europeo medio gasta para vivir cuatro veces más que un latinoamericano. Entre el 60% y el 70% de los ecosistemas del mundo se está degradando, y lo está haciendo más rápido de lo que puede recuperarse. Ese es el peligro. Cuando no hay gestión racional las pérdidas económicas son enormes, por ejemplo, alrededor de 80.000 millones de dólares se desaprovechan debido a la pesca abusiva en los océanos. La contaminación atmosférica es el cuarto factor de riesgo de muerte prematura.
La naturaleza está en amenaza y un millón de especies animales y plantas están en peligro de extinción. Pero los seres humanos no quieren entender a la naturaleza, la quieren dominar, estrujar, sacarle todo lo que posee. Y ella guarda secretos. Esos secretos enervan al hombre que se cree omnipotente, y está convencido de que debe saberlo todo. Este dilema entre la naturaleza, el medio ambiente, y los seres humanos, tiene una larga historia que comenzó simbólicamente en Éfeso, en Asia Menor, alrededor de 500 años a.C. el día en que uno de los más antiguos pensadores de Grecia, Heráclito, depositó, como refiere la tradición, en el templo de la célebre Artemisa, el libro, probablemente sin título en que estaba resumido su saber. En este libro se encontraba la enigmática frase “La naturaleza ama esconderse”. De esos 126 fragmentos de la obra del filósofo, que nos han llegado, se deja entrever a través de ese modo de escribir oscuro y hasta literario, lo que para él es la ley de toda realidad: la lucha entre los contrarios, y la metamorfosis perpetua (el cambio continuo) que resulta de ese eterno combate entre fuerzas opuestas.
Las artes marciales orientales tienen un concepto original que nos puede servir para esas “fuerzas opuestas”: ellos aprovechan la energía del oponente para potenciar las propias. Quizás toda la tecnología desarrollada para sojuzgar a la naturaleza podría utilizarse para protegerla.