
Por NEACONATUS
“Éxito” deriva del latín, “exitus” que significa “salida” o “término” o “fin”. Tiene dos raíces indoeuropeas: “ex” (salir, fuera de), por ejemplo: explicar, extraer, excitar, etcétera. “itus” (participio de “ire”) que forma las palabras: aditus (aditivo), coitus (coito), circuitus (circuito), reditus (rédito), transitus (tránsito), initium (inicio), etcétera.
Otro término emparentado con “éxito” es la palabra griega “kairós” que representa un lapso de tiempo, un momento adecuado, una oportunidad. No es el tiempo en tanto ciclo solar o terrestre o del reloj (cronos) sino que es de naturaleza cualitativa. Kairós es el intervalo, el plazo, asociado con “todo aquello que es mejor que algo”. Kairós es la “ocasión”. Los griegos lo representaban como un dios joven y hermoso, con pies alados, y era el que traía las cosas en el momento indicado.
En español “éxito” es el resultado feliz de alguien, de un suceso, de una empresa. También es la aceptación de una persona o cosa por una gran cantidad de gente. En el capitalismo se dice que un libro, un disco, una película, obtienen éxito cuando tienen gran salida, cuando se venden bien, cuando a alguien, o a algunos, le da ganancias. Porque en este mundo todo se mide por el rédito (reditus). O sea, hay éxito cuando las cosas “van bien”. Pero ¿qué significa que a uno le vaya bien?
Nosotros podemos analizar la palabreja, y no atarnos exclusivamente al aspecto económico, porque -la verdad- su significado excede los objetivos monetarios. Cualquiera de nosotros puede decir que tuvo éxito si ha conseguido metas que tiempo atrás se propuso, en la vida, o en un aspecto de su trabajo, etcétera. Además, hay otra cuestión, que es la relatividad de propósitos; lo que anhelan algunas personas, no le interesa a otras y viceversa. O sea, el éxito de una persona es insuficiente para otra, o el éxito de alguna empresa es el fracaso de otra gente o proyectos. Suele suceder en el ámbito de la política. Por ejemplo, si al gobierno de Milei le va bien, si tiene éxito, significará que a la mayoría de la población le irá mal. No lo afirmamos por un costado ideológico, sino por datos duros de la realidad: objetivamente es un gobierno para pocos, que fue votado por muchos.
Cuando comenzaba la pandemia de COVID, también empezaba Neaconatus. La revista virtual (ya creemos que “virtual” es una voz antigua) para Misiones, el Nea y todo el mundo de habla hispana. Se iniciaba no por el virus (que fue una coincidencia), sino con la idea de desarrollar un espacio, que no existía, donde pudieran expresarse los y las escritores sin censura de ningún tipo (estamos convencidos que la autoexigencia es una buena práctica, y la ejercen los colegas). Y fuimos creciendo de manera dinámica, con ética, con una actitud abierta, y (pensamos) con creatividad. Entonces se impone la pregunta ¿tuvo éxito? ¿utilizó su kairós?
Sí. Sobrevivimos a la plaga y los avatares del país. Multiplicamos contenidos, viajamos a las ferias del libro en Chaco, Misiones y Buenos Aires, construimos una Editorial, grabamos podcasts, escribimos decenas de reseñas de libros, y cuanto dislate se nos ocurrió. Siempre protestando, cuestionando, algo de fama polémica supimos ganar, también prestigio. No trabajamos sólo difundiendo la obra de los “consagrados”, preferimos buscar la voz de los/as que poco acceso a los medios suelen tener. Nuestro credo está cerca de aquella letra de Manal: No hay que tener un auto / ni relojes de medio millón / cuatro empleos bien pagados / ser un astro de televisión / No, no, no, no pibe / Para que alguien te pueda amar / porqué así solo tendrás / un negocio más… Y tan consecuentes fuimos con estas ideas que nunca ganamos un mango ni apoyo publicitario privado u oficial. Pero aún, aquí estamos.
Y vamos a aguantar este nuevo empellón contra la cultura, los libros, la creación artística, nos empeñamos en resistir, porque nuestro triunfo se mide en la persistencia, en ese conatus que nos define. Una vez le preguntaron a Fito Páez:
“–El no te mueras nunca de los recitales, ¿cómo te suena?
–Cuando lo oigo me da risa, pero es violento. Están afirmando la muerte. Es como si te dijeran: No te mueras nunca vos que te vas a morir. A veces en nombre del cariño la gente dice cosas repesadas.”
Algo así le sucede a Neaconatus, nos llegan muchos “¡no se mueran nunca!”. Pero aún no tenemos claro si va de amor o celos. Porque como dijo el cabrón del Nietzsche en Así habló Zaratustra: “Hemos inventado la dicha”, dicen los últimos hombres guiñando el ojo.
Quizás esa dicha sea jugar con el fracaso y el éxito lanzando una moneda al aire, e iniciar el riesgo de un nuevo Kairós. Porque…
El Parque Güell de Antoni Gaudí fue un fracaso inmobiliario. De las setenta viviendas programadas solo se hicieron tres, y una sola se vendió. ¡Tomemos en cuenta lo que es ahora!
Thomas Edison probó mil veces una lámpara y en todas fracasó, hasta que dio con el famoso foco incandescente.
A Charles Darwin uno de sus maestros le dijo que era una desgracia para su familia, porque su inteligencia estaba muy por debajo del nivel general de los otros muchachos.
Charles Chaplin participó de incógnito en un concurso sobre “dobles de Chaplin”, y no calificó.
Harry Potter fue rechazada 12 veces. Ya con éxito J. K. Rowling hizo una novela para adultos (2012) que fue un fracaso, se llamó “Una vacante imprevista”. Solo vendió por inercia de su fama lograda por el libro sobre el niño mago.
Borges mandó El Aleph a EUA al editor Alfred A. Knoopf que le escribió “Lo siento es imposible publicar su texto. Será invendible”
James Joyce envió “Ulises” a la editorial de Virginia y Leonard Woolf, Hogath Press, y fue rechazado por “ser de baja calidad”.
Carrie de Stephen King también recibió 12 rechazos. Una carta de un editor le decía “Las utopías negativas y el terror, no venden”. Hoy el autor de Misery tiene despachado más de 350 millones de libros.
A Nabokov le rechazaron “Lolita” cuatro veces por distintas razones.
Lo mismo pasó con Rebelión en la Granja, de Orwell y con El Túnel de Sábato. Este libro se hizo conocido gracias a Albert Camus que lo recomendó a su Editorial francesa. En Argentina no querían publicarlo. En el caso de Orwell (en 1944) la Editorial Faber and Faber la consideraba muy trotskista. Un año después Orwell la llevó a la Editorial Secker and Warburg y fue un éxito total.
La Conjura de los Necios, de John Toole fue rechaza por todas la Editoriales. Toole terminó suicidándose. La madre encontró el manuscrito y le pidió encarecidamente al escritor Walter Percy que la leyera. Lo hizo de mala gana y luego de muchas insistencias. Al final recomendó (en 1980) a una Editorial su publicación. Fue un éxito absoluto. Y hasta recibió el Premio Pulitzer.
Hay un proverbio persa que dice “la paciencia y la persistencia son raíces de un árbol amargo, pero los frutos de ese árbol son muy dulces”. Invitamos a luchar juntos, a participar. Que el éxito, y también el fracaso, sea de todos. Por una literatura nueva, fuerte, remozada…