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El juego de las palabras en 3 series

Por Alicia Marina Rossi. Resistencia, Chaco. Escritora de poesía y novela

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La palabra empoderada. Como lo anunciáramos en la Serie 2, llegamos a la última palabra del juego. Trataremos el uso y abuso actual de: EMPODERADO/A.

La palabra empoderado también me hizo cric crac sorprendiendo y despertando mi letargo.

Recurrí al Diccionario de la lengua española editado en 1917 y NO estaba empoderado ni empoderar.

El diccionario salta de: empobrecimiento a empobrido, de empodrecer a empodrecerse.

Advertí lo cerca que estaban en el diccionario los significados: quedar pobre de pudrirse.

Lo cierto es que empoderar no existía en el diccionario de 1917. Fui entonces al Diccionario actual de la RAE.

Empoderar: Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. // Dar a alguien autoridad, influencia o conocimiento para hacer algo.

Y en desuso:

Dar poder a otra para que la represente en juicio o fuera de él. //Hacerse dueño de algo, ocuparlo, ponerlo bajo su poder.

Pero el término empoderado/a, como adjetivo o sustantivo no está en el diccionario de la RAE. Es un participio, un verboide.

Particularmente no uso esa palabra por el solo hecho de estar muy cerca del poder, emparentada, y sucede que el poder siempre me saca urticaria o me provoca nauseas.

Además esa modernísima palabra me acerca a la idea de estar en dominio respecto de otro, para terminar en lo alto del tobogán o trono que mencioné al inicio, y definitivamente no es mi lugar.

Desde lo literario esa palabra me resulta repulsiva al oído y a la mente, y la palabra siempre es sonido, aun cuando silenciemos el pensamiento y trato de llevar música a la mente para armonizarme.

También he notado que cuando las personas la pronuncian parecen inflarse, sacar pecho. Es toda una imagen la acción de empoderarse, convertirse en empoderada y empoderar.

En fin, todo lo dicho tuvo por finalidad atraer la atención y el oído de los lectores que estuviesen aletargados como yo, para recordarles que las palabras tienen poder, no son ingenuas, y a veces tampoco inocentes, Hay que estar atentos al contexto en que se dicen.

Es bueno prestar atención y pensar cuando nos nombran. Si queremos, o no, pertenecer a una manada de humanos, en tal caso es recomendable conocer al líder o pastor que guía el rebaño o la manada (depende si estás con ovejas o lobos) y adónde nos lleva.

Todos estamos incluidos en el mundo, nos llamen como nos llamen, sin necesidad de uniformarnos, la diversidad es inherente a la creación y a lo creado. Y desde una individualidad pensante podemos crear la realidad de la sociedad que deseamos.

Y ahora, dado que la literatura me permite descontextualizar, procederé a poetizar la realidad sin ingenuidad, pero con inocencia. Haré trampa, libre de toda culpa.

No olvidemos que la poesía es el espacio donde la palabra se siente libre de nosotros.

Ella nombra y si estoy despierta y logro oírla, la escribo:

Criatura

Prescindo de los empoderados

de toda idolatría.

Abandono los dioses a su suerte.

Me declaro deicida

y contemplo sin dueños

esta criatura incompleta

necesitada de todo.

Sosegada

pongo mis manitas en el agua

los pies en tierra

bebo el fruto de la vid

y siento las cosquillas del sol en la carne.

Desnuda voy hacia ningún dios

hacia el misterio y el azar.

Deicida existo.

Como la literatura hace jugar a los signos y juega con ellos, para despedirme de este juego pensando un futuro, me permito (¿una utopía?), desarmar la realidad:

Desnombrar

Palabras como guascazo

guillotina

hambreado desmonte

misil

llegan a mis ojos con su imagen maldita.

Para qué nombrar lo innombrable.

Si las borráramos del diccionario

del pensamiento.

Si nos olvidáramos del significado

del gesto

de representarlas.

Si hiciéramos el camino al revés.

Desnombrar las palabras

desarmar la realidad.

Tal vez

al no saber el nombre de lo que hace

el torturador

cese

cese.

Imagen: Luis Scafati. La ciudad ausente.

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