
Por María Tresols. @sovotodoeltiempo. Oberá, Misiones. Escritora, editora y artista visual.
Es viernes. Intento hacer uso de mi buen espíritu. Me siento a mirar el verde del patio. Aprovecho la luz del día leyendo hasta que los mosquitos molestan y hay que ponerse veneno o meterse adentro de la casa. Ya a resguardo, con un vaso de vino con hielo, me siento a la computadora, pongo un disco que amo e intento escribir, recortar y pegar. En el medio, voy a abrir alguna red social como de niña iba a abrir la puerta de la heladera de mi abuela.

Veo las noticias: Otro femicidio, casi uno por día. Un señor agrede a una pareja de chicas que iban de la mano por la calle, camino al dentista. Un señor les dice que por qué se visten como hombres si son mujeres y les pega, envalentonado por el discurso de odio que da el presidente. Un presidente que nos miente, que ajusta jubilados y les pega cada miércoles. Uno al que no le importa cerrar hospitales. Uno que estafa. Marchan las y los científicos. Marchan docentes. Hinchadas de fútbol. Marcha todo el Garrahan. Desinstalo las redes sociales. Hubo una avalancha.

Intento hacer uso de mi buen espíritu y leer las noticias en diarios digitales, dejo lejos el celular. Me obligo a ver las fotos de los incendios, aún consciente de mi terrible ecoansiedad. Word aún no reconoce esta palabra, es nueva, la han inventado para describir lo que sentimos al ver el mundo destruyéndose. Me propongo, al menos, no ser testigo de este momento scrolleando sin sentido, leyendo solo títulos y pasando a otra cosa, a “fingir demencia. No finjamos una mierda, enloquezcamos o, al menos, intentemos algo, como cambiar la costumbre. Tampoco es una costumbre ¿sabes? Es más como una adicción, está estudiado. No salimos de cosas tremendas para caer en este antro.
En la oficina una señora me cuenta, en modo lamento, que sus hijos no quieren tener hijos. Que uno de ellos ya está en pareja hace 15 años y el otro, pareja de profesionales y, aun así, se niegan a darle nietos. Le contesto “el mundo se está prendiendo fuego señora, no es tan fácil como antes imaginar un buen futuro”. Ella se sorprende, no lo había tenido en cuenta.
¿Deberíamos estar completamente locos con todos los incendios e inundaciones? Sí, la verdad es que sí. De hecho, lo estamos. Como siempre en la historia de la humanidad, hacemos grandes esfuerzos para que no se note. Y ¿Quién puede juzgarnos? ¿A caso no merecemos vivir sin tiempo, un poco más lento, sin el fin del mundo pisándonos los talones?
Las imágenes son terribles. Compruebo, una vez más, que el queísmo y dequeísmo han perdido su eterna batalla. Las cosas más simples parecen ser las más afectadas. Así como un “de” perdido o colado en medio de una frase en las noticias, todos los días, los incendios se llevan árboles, hectáreas, casas, animales, autóctona flora y fauna. Los lugares más hermosos están siendo atacados por todo lo que predijo el humano. También por las máquinas.
¿Debería mi cuerpo saber que es viernes? Me pregunto si debería saber todo lo que pasa, si debería haberse hecho trizas, achicharrado. Si debería entender algo, mientras no finjo demencia ni me distraigo. ¿Qué deberían saber nuestros cuerpos? ¿Cuánta responsabilidad deberían sentir? Es viernes y mi cuerpo debería saberlo. Me obligo a ver las imágenes de las inundaciones que persisten a cada temporal. Familias que se quedan en la calle, personas arrastradas por el agua, animales ahogándose. Alguien que puede, va y hace donaciones. Adopta 7 perros que están solos ante el caos. Nos queda humanidad en el mundo, a pesar de que se fomente lo contrario. Deberían nuestros cuerpos saber cuándo es miércoles, como el padre Paco.
Nos queda la humanidad que pusimos en la memoria, en la música, las imágenes, las letras, las personas. La misma que hay en el barro, la misma que tenemos en las manos. La posibilidad de pensarnos, que es la misma que hay en un abrazo. La ternura suficiente, la cofradía en la cual nos refugiamos. Los refugios que construimos, los deseos que pedimos a las estrellas, el cielo inmenso sobre nuestras cabezas que hará que nunca vayamos a olvidarnos.