
Por Daniel Omar Luppo. Formosa. Escritor.
N. del E.: Adelanto conceptual (apuntes) del prólogo definitivo de la novela Están volviendo de Francisco “Tete” Romero.
“El poder simbólico es el pder de hacer cosas con palabras” Pierre Bourdieu
Junio 2032. Invierno frío en Buenos Aires. cielo plomizo manchado por drones. Patrullajes permanentes generando seguridad. -seis de la tarde- piensa una mujer flaca, pelo blanco, estatura mediana, saliendo de la boca del subte a la altura de Avenida de Mayo, a una cuadra de la 9 de julio. Manos heladas. Piensa en el cielo de su Chaco surcado por drones. Porta un viejo celular sin chip. Drones descienden a la altura de su rostro, le recuerdan que tiene que renovar su carnet laboral.
El texto que acabo de fragmentar a modo de síntesis pertenece a la nueva entrega narrativa de Francisco “Tete Romero. “Están volviendo” novela de notoria experimentación con una trama que rápidamente atrapa al lector. La configuración textual es de treinta y un movimientos (capítulos) y un epílogo. Debo confesar que su lectura me ha llevado a tomar un rumbo analítico decididamente subjetivo, rizomático. Entonces, activo mi subjetividad. El texto me lo permite para poder encontrar en el recorrido técnicas, que -a mi parecer- Romero no había experimentado al menos en su concatenación estilística.
¿Es una novela distópica? Si, aunque la misma no está plantada sobre un excesivo y barroco espectáculo tecnológico. En las ciudades no circulan naves por el espacio aéreo comunal, tampoco subtes montados a electroimanes. Incluso en algunos párrafos nos informa que hay ciudades tomadas por la vegetación. “Están volviendo” produce en mí resonancias de lecturas y vinculaciones emparentadas con Orwell, Huxley, Rulfo, Atwood, Arlt. De Bradbury uno de los pasajes más inquietantes de su obra son los teléfonos, su sonido en las distancias. En “Están volviendo” hay un teléfono analógico a la espera paciente de un personaje que afirma que va a sonar y sus hijos piensan que su padre está demenciado. En ese mundo ficcional donde conviven dos universos el analógico y el digital. Cito: “Hasta que un lunes por la mañana sonó ese teléfono, atendí y Oscar, muerto hace 8 años, me dijo decíle a tu viejo que estoy volviendo”. Esta acción inesperada produce una serie de encadenamientos históricos y emocionales que serán uno de los principales motivos que potencian y empujan los diferentes ejes narrativos.
En esa Nueva Argentina del 2032 -no muy lejana- se ha asentado un nuevo orden administrativo de país creando singulares instituciones. Las mismas son brutalmente represivas, ejerciendo un control social muy estricto a través de pantallas que se comunican mediante redes interconectadas. Cito: “el nuevo país que estaba naciendo fue reconfigurado administrativamente en seis grandes regiones y seis provincias más CABA, la siempre reina del Plata”. Avanzando en la lectura, siento que lo narrado no está alejado a lo que nos ocurre hoy no solamente a los argentinos, sino a toda la comunidad global.
En “Están volviendo” las metáforas y los símbolos nos introducen en un laberinto que desplaza permanentemente de eje al lector. Cito. “En el aire se propagan silbidos de quienes están volviendo, silbidos que funcionan esperanzadores que articularán la resistencia”. Otro de los registros estilísticos de Romero es el género policial que despliega en varios capítulos. Al lector le sugiero leer con atención los sucesos en Ushuaia de lo que no me voy a explayar.
Romero utiliza entre otros, un recurso con mucha precisión y hace que la omnisciencia narrativa sea colectiva, coral. Todos los personajes narran, se narran a través de otros. Han cruzado la barrera de tiempo espacio, son animales narrantes. Narrar y recordar es tomar partido. “Están volviendo” nos plantea un universo en el cual conviven personas, humanoides practicantes de canibalismo, IA, ejércitos de ocupación, ciberterrorismo, entierros de cadáveres en casas particulares, etc. Detecto movimientos narrativos de cine gore donde la narración se convierte en cámara cinematográfica. En tiempos de incertidumbre global, el mejor antídoto conocido es recuperar la palabra, imaginando y creando mundos posibles de ser vividos con dignidad y fundamentalmente recuperar la escucha que hemos perdido, incluso en el mundo cultural. Volver a la ecuación nosotros y los otros erradicando y/o evitando el negocio del dataísmo y el scrolismo que incentivan el nosotros contra ellos.
Finalizando mi comentario fragmentario rizomático quiero acotar ciertos lugares a los que el novelista Romero vuelve: sus personajes migran, son persistentes en sus memorias, son perseguidos, resistentes, son políticos. Un tropo constante es el horror, la locura. Los mismos se desplazan generalmente entre el Chaco, Montevideo, Asunción y Buenos Aires. Atributos de sus flujos narrativos. Cito esta persistencia en su narrativa porque es constitutiva de la poética que ha desarrollado durante años en el campo de la literatura regional, nacional e internacional. Francisco “Tete” Romero nos invita a resistir leyendo y seguir narrando.