Ir al contenido
Inicio » La lucha de egos

La lucha de egos

    Por Alberto Szretter. Posadas-Puerto Rico. Escritor y médico.

    Henry Morgan, un duro, fogueado en la miseria, era un traficante en el mercado negro, llevaba y traía turistas y contrabando entre Cuba y Miami, en los años ´30, y era el héroe de la segunda novela de Hemingway. La obra se diversifica en tramas secundarias, pero tenía como telón de fondo el trato ríspido entre la isla, ese “largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua” (Nicolás Guillén, dixit) y los EUA. El director de cine Howard Hawks compró los derechos, pero las relaciones políticas entre los países hacían que Hollywood rechazara al personaje de dudosa moral, y que encima mostrara cómo los yanquis ricos despilfarraban el dinero en lo que por ese entonces era considerado un prostíbulo flotante. Siguiendo las recomendaciones de la Oficina de censura de Hays, la Warner Bros, cambio de locación de Cuba a Martinica; y de guionista, de Hemingway a … Faulkner.

    La película de 1944 fue un éxito, se llamó Tener y no tener, y actuaron en los roles principales, Humphrey Bogart y Lauren Bacall, que allí se conocieron, se amaron y se casaron (y ¡chan chan! fueron felices, en la vida y en el celuloide).

    A Hemingway no le gustó nada el enroque, pero lejos de los sets, y más cercano a la caza en África o dónde sea, a la pesca de tiburones, a las armas, a la aventura, continuó escribiendo, obsesionado con el mito de la masculinidad, celebrando la vida con personajes sin artificios ni tormentos, ni lugares alterados como Yoknapatawpha.

    En 1947 William Faulkner dio una charla en la Universidad de Mississippi donde los estudiantes le pidieron una lista de los mejores escritores del mundo. Él se colocó segundo, detrás de Thomas Wolfe. ¿Y Hemingway? “Hemingway no tiene coraje, nunca usó palabras que hiciera que el lector deba buscarlas en el diccionario” dijo. A lo que el autor de El Viejo y el mar respondió: “Pobre Faulkner ¿Realmente piensa que las grandes emociones provienen de palabras difíciles? ¿Has leído su último libro? No es más que prosa etílica, esa prosa que una vez fue buena. Fue buena antes del alcohol, cuando sabía cómo mantenerlo a raya”.

    Lo gracioso es que lo haya dicho él, el autor de ¿Por quién doblan las campanas? Que se bajaba una botella de Johnnie Walker como si nada. Independientemente de la sed de cada uno, ambos tenían un modo distinto de narrar. Pero no se quisieron. Los dos, excelentes escritores, fueron famosos y recibieron el Premio Nobel, aunque uno era reservado y el otro vivía de fiesta en fiesta. 

    Faulkner era como un relojero suizo, donde el pequeño engranaje argumental de una página se perdía, para ser encontrado después, con párrafos a lo Proust: largos, de veinte renglones, sin punto aparte y poblado de múltiples voces. Hemingway, en cambio, era seco, sus diálogos describían a los personajes. Tenía frases cortas. Iba al tuétano de la trama. Él mismo reconoció que fue el periodismo el que le enseñó a ser conciso.

    Todos los escritores del boom aceptaron la influencia de Faulkner, aunque en un reportaje a García Márquez que le realizó Osvaldo Soriano, Gabo dijo que en los últimos años le costaba horrores leerlo, y que le aburría mucho (Ver, Rebeldes, soñadores y fugitivos).

    Los años han sido más generosos con Hemingway que con Faulkner, pero esto forma parte de los ciclos de la literatura. Como el olvido, las modas o las tirrias entre autores. O algunas expresiones, como la de Faulkner cuando se enteró en 1961 que Hemingway se había pegado un tiro: “No me gustan los hombres que eligen la vía rápida (para morir)”.  Al final Faulkner también iba a morir rápido, un año después, de un infarto de miocardio.

    Como anécdota para terminar, hay una desopilante película española, Amanece que no es poco, (1989) donde un escritor argentino (el actor Arturo Bonín) es detenido por plagiar Luz de agosto, la novela de Faulkner, por quien el pueblo de Albacete tiene verdadera devoción.

     

     

     

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *