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La palabra herida

    I

     

    Mi mamá, me quería

    mi mamá pasó por la facultad,

    mi mamá cocinaba lo que me gustaba para darme una sorpresa cuando llegara del colegio, y no le importaba lo que hubiera hecho, siempre volvía a abrazarme.

    Mi mamá tenía la voz fuerte, y a veces daba miedo, pero también daba risa, escucharla reír.

    Mi mamá estudió mucho, y me dejó todos sus libros, mi mamá, tuvo amores, y muchos amigos.

    Mi mamá fue una estrella fugaz, brillante e inquieta, pero a veces quemaba.

    No quiero escribir un texto, porque quiero que cada línea tenga su espacio alrededor, para leer una al azar y que me lleve a ella.

    Mi mamá me daba siempre un beso “de buenas noches”, antes de dormir.

    Mi mamá sembró árboles y flores en el patio de casa, pintó mandalas en las paredes,

    colgó atrapasueños, que hizo con sus manos.

    Mi mamá peinaba a Jazmín, mientras hablaba con Ivo, mientras miraba una serie con Felipe, mientras…

    Mi mamá se vestía con colores vivos, texturas y brillo.

    Mi mamá brillaba, hasta que dejó de hacerlo, pero por eso ahora escribo esto, para intentar que siga brillando,

    para intentar vivir mientras la extraño.

     

    II

     

    Y es que entre tanta vida estoy yo, sin reconocer la propia mía.

    Entre tantos espejos no veo mi rostro, veo el cadáver que algún día seré.

    Lloran las noches cuando llueven mis ojos, se me escapan los recuerdos,

    que quiero todavía vivir, pero no puedo.

    El impedimento en vida me genera muerte en el alma,

    las condiciones de mi existencia no son comparables a las razones por las que algún día deseé estar aquí, con todos ustedes.

    Como si todo lo que alguna vez tuvo valor ya no lo tiene,

    como si todo resentimiento ahora fuera dolor, como si el estarlo evitando no hiciera que no esté, claramente no, pero ya nada es claro.

    No veo más allá, es decir, sí, pero es el más allá del que no queremos hablar.

    No quiero hacerlo, no quiero decirlo, no quiero hablar, no quiero ser comprendida,

    nada es una cuerda en este pozo oscuro que es mi pecho.

    Todos los recuerdos que conforman mi vida son como la melodía de un piano,

    no la voy describir, cada uno se imaginará lo que quiere.

    El efecto adverso de verlo en la música no incita otra salida que escribir,

    y cuando escribir incite otra salida, pintaré, y cuando pintar incite otra salida, lo haré con mi sangre, y será mi última obra.

    No quiero que me comprendan.

    Como si el ayer fuera inalcanzable y el mañana borroso,

    cómo, como, como, no es un “como” es que “es”, pero cuesta tanto decirlo que lo escribo así, para eso nos transformamos en seres discursivos,

    a través del portal, aun así, todo es verdad.

    Mi verdad es un grito callado que no sé a dónde dirigir.

    Y las mentiras de los demás son cenizas en el aire que respiramos.

     

     

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