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¿La poesía es seria? Apuntes para una polémica

    Por Alberto Szretter. Posadas – Puerto Rico. Escritor y médico

    Lo serio y la seriedad, en poesía no existen. La poesía, la buena, posee siempre un toque trascendente, una filosofía, tal vez pueda decirse, una profundidad que podría tachársela de seria, pero que no sería la palabra adecuada. Porque no hay poesía seria y no seria. La poesía escapa a esos encasillamientos.

    Los versos bien escritos poseen un toque de hondura, que no es seriedad ni formalidad, sino encaramiento a los abismos humanos. Por eso la poesía es difícil, y no podemos definirla. Pero hay de todo en la viña del Señor. En un extremo tenemos poesía críptica, muy subjetiva, complicadísima de entender o descifrar (porque el bardo se ha puesto a cantar sus cuitas muy personales que ni los parientes conocen) y del otro extremo poesía sencilla, como las décimas, la poesía popular, más descriptiva de momentos, de atardeceres, de noches nostálgicas, de temas cotidianos.

    ¿Qué es la seriedad? Lo que no da gracia, lo formal, lo que está bajo la regla, la ley. Serio es lo respetuoso, adusto, circunspecto, sobrio, desabrido, arisco, insociable. La poesía ¿es esto? No. Entonces el calificativo de seria no le cabe. Tampoco dan pistas los temas que trata.

    Lo primero que nos sorprende de la poesía es su ilimitación. Entonces ya estamos en problemas porque no acata los cánones.

    Todo es poetizable, por eso todo es potencialmente poético. La óptica estudia lo relativo a la visión, la geología trata de la tierra, la medicina del hombre y sus enfermedades, la psicología, las operaciones y propiedades del alma humana. ¿Pero cuál es el objeto de la poesía? Puede ser cualquier cosa, por ejemplo, la hierba que estudia, también el botánico. Pero lo va a hacer, no desde el punto de vista nutritivo de los pastos, o en qué tierra viene mejor para el ganado, etc., sino de la hierba en tanto verdor del mundo, o algo así. Su campo de mira es tan amplio que da miedo. Si la poesía nos empuja a la seriedad es por ese miedo a semejante espectro abarcador. Podríamos arriesgar que el o la poeta opera sobre la realidad, pero la realidad, que es indispensable, no es suficiente. Lo real es crudo. El mundo es una posibilidad incompleta. El hacedor saca de la enorme masa del anonimato, un simple detalle para desmenuzar su belleza. Quizás lo que podamos decir es que el o la poeta no deben describir la realidad, sino recrear otra realidad.

    El primer texto literario español fue El Cantar de Mío Cid (siglo XII) y fue un poema. Posiblemente esa obra marcó el carácter de la literatura española, porque a partir de entonces, durante tres siglos, hubo una poesía narrativa, en sus múltiples formas, digamos épica. Mientras en Francia la lírica se desarrolla exuberante en dos lenguas, en Italia, desde el siglo XIII se da el dolce stil novo. Pasó mucho tiempo en España para que la poesía se abriera, digamos, de contar realidades, proezas y hazañas. El famoso “cantar de gesta”, que evolucionó junto a la poesía religiosa. Luego aparece el romance, y donde iba un español, iba el romance. Los conquistadores de América lo trajeron a estas tierras, los judíos expulsados lo llevaron a los Países Bajos, a Constantinopla, fue la expresión más popular y difundida. Sin embargo “no era seria” tal vez porque la cantaba el pueblo. El marqués de Santillana (siglo XV) escribió que “solo la gente baja y de servil condición” gustan del romance. Pero este modo de cantar y escribir enriquecerá a los poetas cultos del siglo siguiente (el XVI).

    Lo que pertenecía al pueblo era aborrecido por las clases ilustradas. De aquí se han tomado ciertos académicos con cara de constipados para decir que la poesía es cosa seria o solo de entendidos. Que es difícil de poetizar, nadie lo niega, porque a pesar de la libertad creativa, parece que la construcción de versos requiere por ejemplo cierta actitud o predisposición. Por ejemplo, no debe sobrar o faltar una palabra, una coma, un punto. No debe ser (en lo posible) anecdótica, porque a quién le interesa el divorcio de la poeta, o quién se quedó con los hijos, o el problema de la anorgasmia de fulana. Otro tips (como dicen ahora) los artículos no son bien venidos, ni las conjunciones. Se los puede usar, pero le bajan estatura. Otro, las palabras largas, tampoco agradan. Sí, el ritmo, la poesía (para mi gusto al menos) debe tener ritmo, cierta musicalidad. Hay recursos retóricos (poco usados, la verdad) que embellecen el idioma poético. El español debe ser el idioma más hermoso para poetizar, porque es el más rico y bello del ser humano.

    A un/una poeta se le agradecería no particularizar “Mi mamá, que se levanta temprano a ordeñar las vacas, trae la leche a los críos” ¿Qué es esto? Aquí no hay nada de poesía. Eso es prosa. También vayan nuestras felicitaciones a los y las poetas que evitan hablar enrevesado, creyendo que por ahí está la salida. Por ahí está la entrada al ridículo.

    La poesía dice siempre la verdad. No es como la prosa, que miente. La poesía no engaña, es rigurosa, cumple, es seca aunque emotiva, sobria, severa, aunque “llegadora”.

    Hay un tipo de poesía que no es poesía: los “momentos”. Existe una versificación que se llama “momentos”. Es algo así: estoy sensible, veo un atardecer lleno de amarillos y anaranjados, me conmuevo por ese instante (ese momento) entonces voy y escribo ese sacudón. O llueve, gotea el techo haciendo un agujerito en el suelo, la tarde está gris, me acuerdo de un amor del pasado, entonces voy y escribo ese momento.

    Son estados de ánimo de un alma sensible. El asunto es que esos momentos luego se editan, publican. Todo muy lindo, pero la poesía es algo más que momentos.

    Hay un tipo de poesía de sello norteamericano, o mejor anglosajón, que es conversacional, digamos, es decidora. Bueno son estilos que pueden gustar o no, pero si está bien construida es excelente. Aunque tuvo y tiene gran impacto e influencia en Latinoamérica, a nosotros nos gustan más las metáforas, la creación de giros. ¿Es una más seria que la otra? Y, no, son formas expresivas. Leamos para ejemplificar, La Tierra Baldía de Eliot, y luego los inmensos recursos dialécticos de un Neruda, por ejemplo, de Residencia en la Tierra (tal vez su mejor libro). Ya quisiera yo que los lectores se pronuncien.

    Otra forma de poesía es la de verso libre. Aunque -es una opinión personal- el mundo está en estado tan trágico, que ni siquiera nos queda libertad para una forma “libre” de poesía. Si hablamos de seriedad, podríamos referirnos al modo en el cual nos dedicamos a los versos.

    Aquí puede estar la diferencia: o nos dedicamos a jugar con la rima, a divertirnos a pasar el tiempo, a hacer catarsis; o de verdad nos dedicamos a la poesía, buscando ese resquicio, esa “herramienta” del idioma (la única) en que se puede decir lo indecible.

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