
Por Evelin Rucker. Posadas. Docente y escritora
Leer, enseña Roland Barthes, es encontrar a nivel del cuerpo, y no de la conciencia, la forma de mantener abiertas las preguntas de la vida. El movimiento de la búsqueda conduce a menudo, por una vía clásica, a reconstruir con placer la poética de la obra. Pero es recién cuando el olvido o la pereza distraen al lector de ese propósito que el texto irrumpe en sus desbordes y empieza entonces la lectura de lo que no ha sido escrito todavía.
Lo primero que me pasó al terminar de leer “Letrario”, de Pierina Fenocchio fue haberme quedado con ganas de más, pero, conociendo su riqueza creativa, esperanzada con lo que no ha sido publicado aún.
La autora recopila aquí relatos que contienen en algunos casos un aparente ensayo, en otras una pseudo confesión que se caracteriza por un ritmo lento, con la permanente inclusión de sentires; presencia de máximas filosóficas y paradojas en las que alterna el amor y el humor como contados en una charla de amigas. También hay una riqueza actual en el lenguaje cotidiano, pero no por eso poco claro o coqueto.
Cuando leemos a Pierina, nos encontramos con un texto honrado, un pensamiento que no finge saber lo que no sabe y que se esfuerza en no perder potencia y concentración. La sencillez expresiva de la autora nos lleva a adentrarnos en relatos que poetizan la prosa que es capaz de hacerse visible en virtud de que es lo que permanece oculto para todo otro modo de acceso a la realidad. Es un libro que, aunque breve (muy breve), concentra la riqueza de una pieza artesanal, con una cuidada redacción metapoética para momentos de relax e introspección.
Este libro variado, demorado y ágil, a ratos íntimo, es un placer para quienes descubren a nuevos autores misioneros.
Contiene lo sagrado de historias vividas en el calor intenso de la tierra roja y el frío pavoroso de Europa expresado en palabras con cadencia musical armoniosa, en general en estructura simple, despojada, ardiente, como un balbuceo existencial solo envuelta, de vez en cuando, por el canto furioso del alma.
¿Cómo logra Pierina la iridiscencia de sus textos? La repuesta solo puede encontrarse mediante una lectura amorosa y dejándonos llevar por sus letras escritas con la inteligencia y fluidez que unen a Misiones y Copenhague en un derrotero de sabores (y saberes). Se presenta, en este su primer libro como una relatora solvente, moderna, conocedora del mejor hacer en el género. Con esa humanidad femenina que va desde la sombra hasta la sonrisa, deja expuesta la realidad y sus diversas formas logrando un efecto estético y filosófico originales. La impronta de la fuerte personalidad de la autora incide en la esfumatura de los límites genéricos en estos textos que, aunque los reconocemos como relatos, escapan a las características estrictas del canon y nos la planteamos como prosa poética en la mirada de una mujer urbana contemporánea, o tal vez sin tiempo, puesta bajo el signo de las estrellas.