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Lo contrario de desaparecer es estar demasiado presente

    Por Juan Báez Nudelman. Posadas, Misiones. Maxikiosquista del arte

    Siguen llegando aportes a nuestra serie de artículos sobre los escritores frente al avance global de la utraderecha. En este artículo el autor, rompe tabúes “políticamente correctos” y se la juega partidariamente. NEACONATUS no censura, simplemente da voz. Podemos estar de acuerdo o no con nuestros colaboradores. Nuestra posición es ideológica y ética. Abrir el diálogo, respetar al otro. Pasen y lean.  

    Ahora sí, hablemos de lo que no paramos de pensar hace muchos días. Política y sentido de pertenencia.

    En los Juegos Olímpicos no se menciona la palabra muerte cuando se juegan videojuegos. El League of Legends consiste en una serie de personajes legendarios, con habilidades singulares que pueden pelear entre sí dentro de un escenario ficticio. La jerga de los gamers siempre le ha dicho kill a lo que el juego llama derribo. Como el juego es de cinco contra cinco, una pentakill es la mayor proeza a conseguir, sin embargo no puede ser dicho de esa forma cuando se trata de elecciones nacionales.

    Con el peso de las palabras podemos construir la realidad que nos conviene. La suavidad de llamar “punto” al resultado de una serie de espadazos mágicos realizados contra un oponente que explota al final del combo, es un simple eufemismo. Y ni siquiera estamos hablando de un juego demasiado gráfico, pero estoy seguro que las hachas, los arcos, las pistolas y todas esas cosas con pinchos no están ahí para hacerse caricias. Nos gusta jugar a la guerra, es así, pero para los Juegos Olímpicos no queda bien.

    Hablamos mucho de las cosas en términos de eufemismos, ha crecido la sensación de que mencionarlas directamente puede ser mufa. Por ejemplo, para no discutir sobre desigualdad social, hablamos de salud mental y productos eco friendly/cruelty free. El que puede, comprará pastillas para dormir y jabones que no hayan sido probados en conejos. El que no puede, pensará que no está haciendo lo suficiente. Que nuestro signo social sea la ansiedad no nos hace sospechar que a lo mejor… ¿deberíamos estar haciendo algo?

    Por lo pronto, una gran parte del país le dijo que no al gran discurso de odio que se viene orquestando a nivel global con los payasos asesinos como Trump y Bolsonaro. Ya me parecía raro que el país campeón del mundo, el que tiene valores como el sex appeal entre varones, la terapia, el amor entre colegas y la solidaridad como bandera, fuera el mismo que elige una figura tan mala leche como lo es el peluca. Algo de alivio trajo el resultado de las últimas elecciones, pero ahora empieza una prueba mayor porque nada está definido.

    Cuando empecé a creer en la política también conocí algunas injusticias. Recuerdo que estaba terminando la secundaria y se discutía la ley de retenciones con la que Clarín salió a hacer su campaña de “Somos el campo”. Habían pasado algunos meses apenas desde que Cristina Fernández era presidenta y ya tenía todos los cañones apuntados en su contra. Con su marido habían sido benevolentes, pero ella es mujer. Surgieron las notas periodísticas de alta calidad sobre los carísimos accesorios que usaba y la ropa que vestía. En esa época empezaba a discutirse también, la necesidad de una ley de medios.

    Cada vez que recuerdo esos tiempos me sale pensar en primavera. Tiraban leche en la ruta para manifestarse los productores y el problema estaba en las enormes y asfixiantes retenciones que pretendía poner el gobierno. También empezaban a brotar los comentarios célebres como “se embarazan para cobrar un plan” y “quieren todo gratis porque nadie los obliga a trabajar”. Era fácil discutir contra lo absurdo que todo esto se tornaba, parecía un trámite acomodar algunas opiniones desafortunadas con dos o tres argumentos sólidos. Bueno, eso hasta que empezaron a utilizar la letra K.

    Diseñar un estigma es algo cruel, algo cínico y tomar la decisión de ejecutar un plan comunicativo en torno a eso, me parece inmensurable. “Que digan si son kirchneristas” dijo María Eugenia Vidal y el daño estaba hecho, la batalla se había volteado en favor de quienes antes también hablaban de subversivos. Quizá no fueron los mismos, aquí me pongo acusador, pero la lógica de un enemigo interno se repetía. Esta vez yo pertenecía a esa banda de no laburantes, esos que habían votado a los que, sin vergüenza alguna, se estaban robando todo. Había llegado un nuevo invierno a nuestro país y sin darnos cuenta, también se estaba orquestando una nueva oscuridad.

    La bola de nieve empezó con algunos comentarios desafortunados como la “angustia de habernos liberado” de España. Le siguieron unos chistes que dieron lugar a muchos memes, el de que se robaban -sólo eso eh- nuestros mejores jugadores. No me acuerdo si fue antes o después, pero se utilizó la expresión “curro”, también muy española, para referirse a las políticas de derechos humanos que la gestión anterior había realizado. Luego, lo impensado, ir en contra de Madres de Plaza de Mayo, contra Hebe y contra la integridad de las abuelas también. Hoy comprendo con mayor preocupación el asunto de la memoria, de lo que sucede cuando no insistimos en contar nuestra historia.

    Puede volver a repetirse, esta vez viene sin eufemismos y con los tapones de punta. No fue suficiente con decir que no fueron 30.000 ni con reflotar una discusión que pensamos, ya estaba saldada en nuestra sociedad (aunque mejor es darse cuenta a tiempo). Tenemos que volver a discutir, tenemos que volver a proponer una disputa del sentido común. Aceptar que elegimos en 2019 algo que no funcionó es asimilar también que la realidad es más compleja y enredada, que no siempre es tan fácil discutir o defender convicciones. Las charlas no son tan sencillas como en el 2010, pero también hemos crecido en la calidad de las consignas. Ahora, el peluca está desesperado y quiere volver al viejo truco de la estigmatización.

    Hay que hacer ruido, lo contrario de desaparecer es estar demasiado presente. Hay un grupo de personas llenas de odio que piensan que nos pueden exterminar, que si ganan las elecciones de alguna manera vamos a salir eyectados por el aire para terminar en algún agujero inhóspito de la tierra. Las etiquetas son fáciles de poner, pero igual de sencillo es ver lo que hay detrás de ellas, si tenemos la voluntad de hacer esa lectura. En nuestra memoria hay un país diverso, no sólo se exporta la yerba y el dulce de leche, también somos el país de los besos y los abrazos. Y si eso es ser subversivo, zurdo, peronista, socialista o K, entonces parece que nos van a tener que borrar a todos. Qué fácil les será gobernar cuando no quede nadie, habrá que ver qué le venden a los turistas.

    Fuente: https://lagacetainestable.substack.com

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