
Una gran película de Visconti, La caída de los dioses, alude -claro- a El ocaso de los dioses de Wagner, y nos hace acordar a esta época. Una época en la que los ricos (en la obra eran los aristócratas) quieren vivir inmersos en un esplendor inmutable y sólo muestra la podredumbre de una sociedad cuesta abajo en la rodada.
Recurriremos a Bob Dylan, lo hacemos a menudo, es cierto, nos cae muy bien. Creó letras (¿literatura cantada?) que veían el futuro. En Los tiempos están cambiando escribió: “…así que lo mejor será que empecéis a nadar o si no os hundiréis como una piedra / porque los tiempos están cambiando / Venid, escritores y críticos que con vuestra pluma hacéis profecías / Tened los ojos bien abiertos, la oportunidad no se volverá a presentar / Y no habléis tan pronto, porque la rueda aún está girando / y no se puede decir a quién va a señalar… “Vaya, reclamaba a los escritores que dejaran de mirarse el ombligo.
Avanzando en el tiempo, hoy consumimos (bueno, ya hace un tiempo, quizás podríamos llamar en nuestra ayuda a Philip K. Dick o al maestro King) una gran cantidad de literatura y producciones audiovisuales donde el eje dramático gira en torno a utopías, distopías y ucronías. Se tiende a confundir su perfil literario y ficcional con una posible realización política. El laberinto se construye por no tener en cuenta el momento histórico en que cada uno de estos discursos es concebido. Las obras literarias se escriben durante una escena concreta de la historia y se rodean de personajes sociales que hacen cosas (buenas o atroces) propias de la época. Podemos jugar ficcionalmente con que esas acciones prosperarían en el futuro. Puede que sí, puede que no. Cuando a los 13 años Donald Trump tuvo serios problemas de conducta, sus padres lo sacaron de la escuela y lo enviaron a la Academia Militar de Nueva York, si alguien escribía que ese chico mofletudo sería dos veces presidente de los Estados Unidos, tal vez nadie publicaría su relato. Pero la distopia, sobrevino. Lo mismo cabe con una ucronía que hubiera vaticinado que, los descendientes de los rusos que en Stalingrado vencieron a los alemanes hoy se organizarían en bandas de fanáticos neonazis. Aunque prefiramos pensar que la literatura es hija de la imaginación romántica e inspirada, no debemos olvidar que tiene como padre a los datos fácticos y duros de la realidad. Entremos en nuestra actualidad, observemos lo que está pasando y si luego, alguien se anima a pergeñar un relato de ficción, pues bienvenido sea. Nosotros ahora sólo proveeremos referencias.
Por ejemplo, comencemos por afirmar que la jugada macroeconómica de Trump va a fracasar, porque el gran lío que armó a nivel mundial es fruto de su prepotencia. Trump, como dijo el periodista estrella del New York Times, Thomas L. Friedman, se rodeó de gente fiel, pero de “imbéciles y payasos” (sic): como Howard Lutnick (secretario de comercio), Scott Bessent (el secretario del Tesoro), ministro de economía clave para derivar fondos del FMI hacia Argentina. Está casado con un hombre y tiene dos hijos por subrogación de vientre. Milei equiparó en Davos a gays con pedófilos, y nos viene a visitar ¡Se van a encontrar cara a cara, Aleluya! Peter Navarro (asesor económico). Sigue la lista. “Si contratás a un payaso, debés esperar un circo”, así se publicó en el NYT.
Todos elevaron la voz, que las medidas arancelarias mundiales eran inamovibles, es más, las aumentaron. Inclusive a dos islas deshabitadas cercanas a la Antártida (del lado de Australia): Heard y Mc Donald (no vive nadie allí). Pero ayer nomás retrocedieron. Se tragaron el papelón. Recularon en chancleta. No por esas isletas desabrigadas, sino por la imposibilidad de implementación de una medida extrema, inconsulta, antagónica de la realidad, opuesta a todo sentido diplomático, civilizado.
Invoquemos a la musa futurible. ¿Por qué Trump va a fracasar? Porque él vive en un mundo que ya no existe. El planeta se ha des-occidentalizado. El mundo ya no es aquel de la postguerra, la guerra fría con el predominio de los cowboys. A la suba de los aranceles norteamericanos, China respondió con medidas similares, pero que impactan fuerte en la economía yanqui. Porque su mercado es inmenso, cinco veces mayor. Por ejemplo, prohibió que ingresen películas de Hollywood. Ahora millones de personas dejarán de ver films made in USA y la pérdida de dólares será enorme.
En 2025 China es responsable del 32% de la producción manufacturera mundial. EEUU solo de un 16%. Únicamente el 14% de las exportaciones chinas van a EEUU. El 86% van a otros países. Desde la caída del muro de Berlín, 90.000 empresas se fueron de los EEUU a otras naciones más baratas. Son las que quiere repatriar Trump, pero ¿es fácil hacerlo? ¿Cuánto cuesta montar una industria, y en qué tiempo? ¿Y el personal, el personal especializado? ¿Y la cadena de insumos? ¿Y a quién se le vende? En la década del ´50 la industria representaba el 25% del PBI norteamericano. Hoy no llega al 10%. En aquellos lejanos años la fuerza fabril llegaba al 30%, hoy no alcanza al 8%
En el año 2000 se graduaron en China y EEUU, en ingeniería y computación la misma cantidad de jóvenes (unos 200.000 por año). Hoy se gradúan en China 1.300.000 alumnos y en EEUU 197.000 chicos y chicas. En China hay 39 universidades para estudiar e investigar el tema de “las tierras raras”. En EUA y en Europa solo hay cursos ocasionales.
Como EUA es mal perdedor mandó al Congreso un presupuesto militar de un billón de dólares, y comenzó a aggiornar sus 800 bases distribuidas por todo el mundo. O sea, se prepara para la guerra (no guerra comercial, sino la otra). Pero China apuesta más alto y ensaya su exploración y explotación del espacio extraterrestre, con satélites. Y son 1.500 millones de habitantes, EUA tiene 340 millones.
Trump, no le dio pelota a Bob Dylan, no se da cuenta que el mundo ha cambiado. No deja entrar a los mexicanos, y se quedaron sin jardineros, cocineros, mucamas, asistentes de ancianos y fogosos amantes latinos para las aburridas esposas… o los maridos pasados de coca… Además, por ejemplo, para hacer un IPhone se necesitan partes, diseño, componentes y ensambles de 43 países.
Ahh, otro pequeño detalle el 18% de la población mundial es de origen chino. Y como guinda del postre China podría prescindir del litio pues toma la delantera en producción de baterías de sodio. La cuna de Mao tendría casi el 95% de la capacidad mundial para fabricar baterías de sodio, una alternativa a las baterías de litio que promete grandes beneficios.
Cuando el presente se nos hace insoportable, cuando ya no tenemos más capacidad de absorber crisis, surge el escapismo de las utopías (que terminan siendo) distopias y ucronías angélicas o demoníacas: “¿Qué hubiera pasado si…?” Y son muy populares los cuentos con viajes en el tiempo y la historia. La modernidad influyó en la proliferación de esta fantasía. Un cambio de paradigma literario y filosófico. Buscamos un devenir en plan opiáceo que huye a la carrera. No porque nadie mató a Hitler en 1933 o porque no existió la cruz ni tampoco Hiroshima, sino porque nosotros/as somos los perdedores inmutables de la historia y siempre estaremos aquí.
Para terminar, y aflojar la pálida. ¿No se les ocurrió observar la sonrisa en modo displicencia succionadora de huevos poché del señor Xi Jinping, presidente de la República Popular China? (Nos disculpamos, la imagen no es fina, pero es lo que hay.)