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Matar a un miliciano, matar al periodismo

    Por NEACONATUS

    Debemos frenar la derogación del Estatuto del Periodista porque la historia nos interpela. Muerte de un Miliciano es la fotografía registrada por Robert Capa (y quizás desde otro ángulo por su compañera Gerda Taro) que replantea la función del periodismo, nos llega desde el 5 de septiembre de 1936, a las 5 de la tarde en el cerro Muriano (Córdoba, España). Esta imagen fue publicada el 23 de septiembre del mismo año en la revista Vu, de Francia, y un año después en Life. El paso del tiempo la convertiría en un emblema de la Guerra Civil Española. Con el tiempo trascendió los límites históricos. Esta foto hoy la consideramos un símbolo porque en su artículo 193, la reforma laboral de Milei elimina, sin compartir debate alguno, las décadas de vigencia del Estatuto del Periodismo en la Argentina. Vuelve a morir el Miliciano.

    El documento despertó controversias sobre la función del periodismo, en este caso del fotoperiodismo. Que era un montaje, que ese no era el lugar, que el hombre era un actor. Un anciano periodista británico de apellido Gallagher afirmó que ese día había compartido una habitación con Capa, en un hotel de la frontera de España con Francia, lejos del frente. La gente cercana a Franco alegó que el 5 de septiembre no hubo enfrentamientos, y menos en el cerro Muriano, que ningún bando había registrado bajas y que la fotografía era una escenificación. O sea, fabricaron una mentira, una postverdad, como día a día producen los propagandistas, trolls y embusteros oficiales financiados con fondos estatales. No importa si es cierto un dato, lo importante es que circule.

    Sobre aquella foto poco a poco se supo la verdad. Lo que dijo Gallagher era falso. El combatiente que cae por un balazo en la cabeza se llamó Federico Borrel García, de sobrenombre Taino, oriundo de Alcoy, de 25 años. La cámara era una Leica III con lente de 35 mm. La batalla existió a doce kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba, en el cerro Muriano, y fue el 5 de septiembre de 1936. Se entrevistaron bastante años después a testigos (algunos fueron heridos en ese choque) que sobrevivieron al infierno y que posteriormente formaron un batallón de republicanos denominado justamente Taino, en homenaje al compañero caído.

    En Argentina se discute actualmente (2026) la libertad de expresión y el papel del periodismo, que está muy deteriorado incluso por los mismos periodistas, porque es sabido que muchos de ellos degradaron la profesión hasta llegar a ser mercenarios del poder. Y a los que dignificaron su trabajo se los persiguió y hasta se los mató. Recordamos el caso Cabezas o el más reciente atentado contra Pablo Grillo.

    Hay que distinguir entre los que son comunicadores u opinadores públicos, digamos relacionistas pagados por las empresas (algunas periodísticas) y los que chequean información y no se casan con nadie, no bastardean su oficio. El modelo de la profesión fue Rodolfo Walsh a quien asesinaron cuando llevaba una carta pública al gobierno militar, al año del golpe de 1976. En el Manual de zonceras argentinas, Arturo Jauretche dice que el periodismo, que constituiría el cuarto poder, es en realidad un poder de cuarta, y no está en el lugar número cuatro, sino en el primero; porque las grandes empresas periodísticas son primero empresas y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro y para sostenerse deben vender diarios (o programas de radio y televisión, ahora financiar a influencers y tener streamings) y publicar avisos, pero como esto da pérdida, apelan a venderse a los poderosos financistas, sojeros, industriales o corporaciones transnacionales. Así los “grandes diarios” del país se transforman en un medio y no en un fin. Y la libertad de prensa retrocede a libertad de empresa. 

    Más de 3 mil periodistas suscribieron un petitorio para que las/los legisladores detengan la eliminación del Estatuto. “Son nombres variados en medios y miradas como Baby Etchecopar, Marcelo Bonelli, Silvia Mercado, Alejandro Bercovich, Hugo Alconada Mon, Gisela Busaniche y Nacho Girón, entre muchos otros”. Consideran que la “derogación significaría un grave retroceso para la libertad de expresión, el derecho a la información y la calidad democrática de nuestro país”.

    Regresando a la fotografía que inspira este artículo, se le exige que sea verdadera, más aún hoy, que por la aparición de la IA está siendo muy cuestionada. Sin embargo, hace tiempo en el Libro de los Pasajes, Walter Benjamín afirmó que ya en el siglo XIX se hacía apología del montaje. Criticarle a Capa la supuesta escenificación de la foto de la muerte de un miliciano es tan absurdo como condenar por falsas las imágenes del mexicano P. Meyer de la explotación del campesinado latino por parte de firmas norteamericanas, porque usó herramientas digitales.

    Así como los periodistas en la sala de redacción recortan la realidad y hacen conexiones ciertas uniendo o separando acontecimientos, hechos, lo fáctico (no opiniones), el fotógrafo lo mismo. Interesa más lo verosímil que lo verdadero. Hay una famosa foto de Kim Phuc, la niña del napalm, sacada el 8 de junio de 1972, durante la guerra de Vietnam. Cinco niños corren, Kim la chica del medio va desnuda, aterrorizada; atrás se ven algunos soldados. No se ven estallidos de bombas, ni los helicópteros de Apocalipsis Now, pero esa gráfica muestra de manera atroz los desastres de la guerra. Tampoco acá hubo edición. El fotógrafo fue Nguyen Nghe y vendió el rollo a la agencia AP por veinte dólares.

    Para nosotros el periodismo debe informar lo que pasa en el mundo, en nuestro país y en la provincia. Probablemente la objetividad nunca exista del todo. Pero aun teniendo ideología política el periodista debe guiarse por el bien común y no por intereses extraños al pueblo, aunque seguramente pierda su puesto de trabajo.

    Muchos periodistas son o han sido escritores. Cuando se superpusieron las funciones, como por ejemplo en García Márquez, se aclaró qué máquina de escribir estaban usando en ese momento. Debe primar el compromiso individual, personal, con la comunidad, por sobre los dictados de las consignas empresariales. El periodista redactor, entrevistador o fotógrafo siempre hace necesariamente un recorte de la realidad, pero tiene que tener sensibilidad humanística (disculpen los términos) como hizo Hemingway (que también era reportero) cuando transcribió al principio de una de sus novelas, un poema de John Donne:

    La muerte de cualquier hombre me disminuye,

    porque estoy involucrado en la humanidad:

    por lo tanto

    nunca quieras saber por quién doblan las campanas:

    las campanas doblan por ti.

    Si no, el miliciano seguirá muriendo cada día en la guerra de una película muda, sin voces, palabras o clamores sociales. Sin verdades. 

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