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NEACONACONATUS en la Feria del Libro Posadas 2025

    Por NEACONATUS

    Del 29 de mayo al 1 de junio, en el cuarto tramo de la Costanera tuvo lugar la Feria del Libro de Posadas 2025. Esta edición, denominada “Cultura en Letras” contó con la participación de NEACONATUS. El sábado 31 de mayo a las 16:00 hs. en el Espacio Multicultural, Alberto Szretter, Carlos Piegari, María Tresols y Rodrigo Petryla (con power point de por medio) desarrollaron una charla sobre LA PRODUCCION DIGITAL EN MISIONES. REVISTAS Y LIBROS. NUEVA TENDENCIA.

                Los NEACONATUS tienen fama de buenos deportistas en el ejercicio del pensamiento crítico. Son peleones y “desacataos”. Pero esta vez cabe subrayar la excelente prodigalidad de la Mgter. Mariela Dachary (Secretaria de Cultura y Educación), Iris Candia y todo el resto de trabajadores adscriptos a las áreas de Cultura, Coordinación y Educación, Ciencia y Tecnología. Quienes suplieron la necesidades técnicas y protocolares con significativa profesionalidad.

     No hay que temer al futuro

    Abrió el fuego el escritor Alberto Szretter quien, de entrada, dejó bien claro que si bien el papel lo inventaron los chinos en el año 100 d.C., y la tinta china ya tenía 1200 años de antigüedad. El papel entró a Europa por España con la invasión árabe, en el año 1000. Durante siglos se usaba arcilla, seda, papiro, bambú, madera…, lo que tuvo más éxito fue el pergamino; se copiaba a mano y se enrollaba o foliaba, los códices. Hasta que en 1440 Gutenberg creó la imprenta. Usó el papel y la tinta china mezclada con grasa. Y fue perfeccionando su invento, como nosotros en la actualidad vamos perfeccionando la informática.

    Lo de Gutenberg fue un triunfo espectacular. A finales de ese siglo más personas aprendieron a leer y escribir. Lo interesante es hacer notar cómo un avance tecnológico, como el de Gutenberg, promovió en lugar de eliminar, lo que se supone vino a sustituir. Tenemos que considerar este costado cuando especulamos sobre el avance de la informática en la producción de libros y revistas. Digo esto porque no poca gente ve en lo digital la encarnación del mal, y la muerte del libro tal como hasta ahora lo conocíamos. Son los nostálgicos de siempre. Cuando salieron las computadoras dijeron lo mismo. Antes de seguir, la informática es la ciencia que estudia cómo las computadoras procesan y guardan información, mientras que lo digital es la representación de la información en forma binaria (0 y 1).

    La innovación en la producción de libros que produjo la imprenta fue rápidamente difundida. La información que antes utilizaba rollos pesados y poco prácticos, pasó a ser elegante, sencilla, barata, legible, el libro podía ser llevado en el bolsillo. Una muestra de su popularidad es la mención hecha en 1535 en la “Lista de precios de las putas de Venecia”, que era una guía de los ofrecimientos de los placeres de la ciudad, donde, por ejemplo, se promocionaba a una tal Lucrecia Squarcia que “prometía servicios, y llevaba una edición de Petrarca, Virgilio y Homero”.

    Quinientos años después, la producción de textos digitales es una evolución indudable en el modo de divulgar información, en nuestro caso, literatura. Quizás no vemos del todo el adelanto, porque crecimos en el mundo analógico y porque amamos el objeto libro, su olor, sus tapas, sus dibujos, en el regazo o en la estantería de casa, (en algunas casas están los libros como adornos) pero las ventajas de lo digital son múltiples. Entre otros beneficios permite el hipertexto, o sea se pueden abrir enlaces con otro textos o gráficos o videos, etcétera. Nosotros lo vemos como un desarrollo, un progreso, tal cual fue la imprenta clásica, para aquellos tiempos. Es interesante plantear este tema en Misiones, porque el libro, el objeto libro clásico, es más caro de producir y posee el problema, en nuestra provincia de la distribución. Misiones prácticamente carece de librerías. Las bibliotecas públicas salvan a su manera la brecha de la lectura, pero un telefonito lo tiene la inmensa mayoría de la gente y puede descargar contenido en todo momento. Cuando subimos una obra a la red está instantáneamente en Iguazú, en Las Lomitas, en Roque Sáenz Peña, en Alvear, en El Soberbio, o … en Auckland, Nueva Zelanda.

    Sabemos que el modo de lectura no es igual en la pantalla que en un libro de papel. Ahora, seamos sinceros en el tema del libro clásico ¿se lee? ¿Se lee como antes? ¿Se compran libros como hace años? ¿Se tiene tiempo para leer Guerra y Paz, los dos tomos del Quijote? No. y no es culpa exclusiva de la virtualidad, sino del espíritu de época, que es audiovisual.

    Las formas de divulgar, circular, proliferar, propagar literatura fueron variando a través de los tiempos, incluso para el libro clásico.

    Szretter nos contó un caso. En 1934 a un editor imprentero inglés se le ocurrió publicar reimpresiones, libros económicos, llamativos, de cubierta brillante y venderlos en almacenes y quioscos. Es decir, ofrecer el libro como una mercancía más. Fue un escándalo. Y fue un éxito. Así nacieron los Penguin Books. Hoy La Penguin Random House es la mayor corporación editora del mundo. Protestaron las librerías (claro, perdían un porcentaje del precio de tapa y, como dijo Borges, “sin invertir un peso”) y los clientes aristocráticos y conservadores, y hasta algunos escritores (que sentían una especie de humillación porque su obra esté en una góndola). Esta colección, aparte de los méritos propios, amplió distribución, bajó el costo, mejoró la excelencia y hubo diversidad de títulos, pero el logro más importante fue simbólico: saber que una gama enorme de literatura estaba al alcance de casi todos. Algo parecido pasó en Argentina con Eudeba.

    Eso es lo que hay que entender. Las estrategias innovadoras y las modernas tecnologías tienen que ser incorporadas, como la invención de inéditas formas del libro. Hubo libros con apariencia de corazón, hubo libros diminutos, de 1,2 x 0,8 cm, libros para los niños que al abrir se desplegaban, en tres dimensiones, casas, automóviles, animales, paisajes, hubo libros gigantes (1827), libros por entrega… Además, hubo viajantes que vendían libros; en la provincia tenemos a Ana Barchuck y su librería ambulante de autores misioneros. ¿No vino aquí una empresa que promocionaba la lectura mediante código QR en las veredas? ¿Acaso no hay grafitis con verdaderos versos en los muros de la ciudad? Es literatura urbana. ¿O no hubo un escritor que arrojaba poemas desde los edificios altos del centro de Posadas? ¿Y qué decir de Raimundo Ordóñez Gutiérrez que en Venezuela lanzaba botellas con su poemario para que se las lleve el mar de los Sargazos? Esos botellones aparecieron después en la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife. Como vemos hay muchas formas de echar a volar (a caminar, a nadar) literatura.

    No estamos en contra del libro de papel, sino que nos adaptamos a los tiempos. Los adolescentes pasan entre 7 y 9 horas por día frente a una pantalla. Esto equivale al 43% de su tiempo de vigilia. Cómo no contemplar la posibilidad de hacer algo que es más económico, global, interactivo, eco-amigable, no hay que talar árboles para sacarle la lignina, la revista digital es cómoda, tiene visibilidad, y puede leerse desde múltiples dispositivos; además la publicación es más rápida y la distribución instantánea.

    Podemos vivir sin escribir (hay sociedades ágrafas) pero no sin leer. Es más, leemos todo el tiempo, en pergamino, en papel o en pantalla. Leemos carteles, avisos. Leemos para entender y entendernos. Leemos manuales escolares y libros clásicos y novedades. Leemos cómo está el tiempo, FB, Instagram, Google. Leemos tarjetas y papelitos, o como contaba Cervantes, que leía esquelas tiradas en la calle. Nosotros, en Neaconatus ofrecemos a los escritores un espacio en forma de revista digital para que también puedan ser leídos por todo el mundo.

    El primero te lo regalan, el segundo…

    Luego cedió la pantalla (perdón, la palabra), a Carlos Piegari para quien Literatura y comunicación son dos construcciones culturales que se necesitan una a la otra. Las nuevas tecnologías digitales han contribuido a que todo llegue más rápido y a más receptores, anulando los obstáculos del espacio y el tiempo. Algo inobjetable. Sin embargo, existe una zona opaca, se ha generado un efecto que vale tener en cuenta. La lectura digital que reemplaza a los libros impresos induce en nuestro cerebro una merma de capacidad de atención, retención, lectura y comprensión. Si decido leer un libro, serán necesarias ciertas condiciones ambientales. Silencio, concentración, cero interferencias y no interrupción. Si el proceso se realiza digitalmente, a través de una computadora o un teléfono celular, estaré expuesto a la aparición sorpresiva de banners publicitarios, llamadas entrantes, mensajes que surgen sin previo aviso, ringtones, microvideos, etc. Pero ya nos hemos acostumbrado a la lógica de la discontinuidad constante. Vivimos desconcentrados, multiestimulados, saturados de datos.

    Las revistas digitales cumplieron un trabajo intenso para modelar cambios en los hábitos tradicionales de lectura. Sin ir más lejos modificaron una práctica que era parte esencial de nuestra vida cotidiana, ir al kiosco de revistas de la esquina. Salir a la calle, caminar y saludar a la vecina. Pero ¿quién logra leer dentro de una burbuja? Una élite. Ya no existe el silencio, la paz, la mecedora, el rinconcito con una lámpara y la mesita con el libro marcado con un separador para continuar la antigua lectura. Una escena decimonónica, o por lo menos previa a los años ´60, ´70 del siglo pasado. 

    Aún en un mundo que, como diría Camus en El hombre rebelde, vivimos entre “muros absurdos”, en un universo “de la envidia, de la ambición, del egoísmo” y también de la “generosidad”. Vaya a saber por qué, esto le sugirió a Piegari una poesía del lírico húngaro Mijaly Babits, “Estoy cercando mi casa”, empieza con estos versos:

    Mis estacas, formadas en fila,
    Se yerguen como rígidos ulanos de guardia.
    Protegen el rincón de tierra que es el mío;
    son la justicia y la ley;
    me dan la fuerza, son descanso y premio,
    señal de que yo existo: las púas
    de mi existir de erizo alejan a los extraños.


    Quizás hoy pareciera que nos esmeramos en crear púas comunicacionales que nos alejen de la alteridad compartida, a través de un texto, casi siempre, egoico y sin posición crítica. No vaya a ser que el sistema nos discipline clausurando nuestra zona de confort de creatividad romántica y artística.

    La oferta de revistas digitales desbordó toda previsión posible. Algunas estupendas, otras banales. Mencionamos una selección breve que han destacado. The Atlantic (política, cultura y sociedad), The New Yorker (ficción, humor y crítica literaria), National Geographic (ciencia, naturaleza y exploración), y se sumaron Pikara Magazine (feminista y crítica), entre muchas otras, Forbes (negocios y finanzas), Vogue, GQ, Glamour (moda internacional), Luthor (teoría literaria y lingüística), Anfibia (Crítica social y cultural), CiberLetras (Literaria), Lumiton (Cine), en este ámbito abundaron propuestas como Estandarte, Letralia, Oculta Lit, Liberoamérica, La Avenida de los Libros, Tártarus, La Gorgona, Huellas de Tinta, Tantrum, Calle del Orco, Ramona, Babel, Literal. Y ya inmersos en esta selva polisémica también: Yorokobu, Tusitalia, SuturArt, Rockdelux, Mentalfloss, Jotdown, Culturainquieta, Barcelona… La lista ya es casi infinita, borgeana… Y aquí, en Misiones, saludamos a la nueva y prometedora revista Conflicto con un equipo de redactores de primera línea (Nicolás Mazal, Sergio Álvez, Alexis Rasftopolo, Santino Ciganda), la histórica Juglaría del Instituto Montoya, y algunas más cercanas a la academia: Nexus, Leyente de la Unam, Continuidades que dirige Marcelino García. Con mayor o menor permanencia en el tiempo.

    La revista digital Neaconatus nació en los tiempos iniciales de la pandemia, pero no por la pandemia, sino por el convencimiento de que Misiones y el NEA necesitaban un (otro) espacio cultural de difusión, especialmente de literatura. Dimos cabida a colaboradores locales y de provincias vecinas para sus cuentos, ensayos, reseñas y poemas. Y estuvimos presentes en las Ferias del Chaco, Paraguay y Buenos Aires. En modo de Editorial clásica, imprimimos libros (porque la tendencia digital no quita lo valiente del sustento papel). Neaconatus produjo una antología de escritores jóvenes, una edición de dibujos, un libro de ficción y una coproducción con la Edunam de un trabajo histórico. Ahora redoblamos la apuesta con la TIENDA NEACONATUS, espacio de textos con ACCESO Y DESCARGA LIBRE Y GRATUITA. Ya Rodrigo nos contará más sobre este proyecto.

    La literatura electrónica tiene sus orígenes en la década de 1980, aunque las primeras obras literarias generadas por computadoras se remontan hasta 1950. A partir de la década de 1990 surgen nuevos géneros digitales como la ficción interactiva y los videojuegos.

    ¿Qué generó este impacto editorial? Disminución de la lectura impresa, cambios en los modelos de negocio y pérdidas de puestos de trabajo, deslocalización laboral, cierre de editoriales con años de tradición, sueldos a la baja, confusiones sindicales, abuso profesional, y otros daños colaterales. Argumento defensivo: Hay que adaptarse para competir en el mundo digital. En paralelo, los empresarios, editores y escritores, atraídos por la inmediatez y accesibilidad, comenzaron a explorar las posibilidades de las revistas digitales, no siempre ateniéndose a valores éticos y propiciando, aún más, el contubernio entre capital cultural y política.

    Pero nada tiene el futuro cerrado, la preservación y difusión a largo plazo de la literatura electrónica (tanto en versión revista como libro) requiere prever ya una estrategia de migración de hardware y software. Toda instancia cultural, más tarde o temprano, se enfrenta a la necesidad de cambiar de posición ontológica. Como los seres humanos y el planeta en general. Sin embargo, los investigadores de humanidades, informática y ciencias de la información están desarrollando soluciones técnicas para garantizar que los medios digitales tengan una vida útil más larga. 

    Puede sorprender que, en este momento, ya se asome la posibilidad de la caducidad o la limitación de esta inmensa dimensión virtual. En sintonía con Roland Barthes, antes de toda inmersión acrítica en lo tecnológico, debemos reconocer que el acercamiento a la lectura se produce porque existe un sujeto lector. Lo cual fundamentaría la hipótesis de que, a través del tiempo, han mutado los soportes desde lo analógico a lo digital, pero la búsqueda de goce literario ha sido siempre la misma, una actividad eminentemente subjetiva, sin sujeto no hay lectura ni texto. Ya sea un libro de papel o una pantalla, porque los formatos no pueden ser considerados sino en relación con el fin para el que se los quiere utilizar, son indistintos de los contenidos. El lector optará, según la época, el fetichismo y el negocio en boga, será quien elegirá los soportes en los que se sienta más cómodo. Esto también se relaciona con la noción del descentramiento en la filosofía de Jacques Derrida. No existe una estructura central (en este caso digital), homogénea e inmutable en un sistema lingüístico, cultural o filosófico. Las estructuras están en constante movimiento y juego.

    Cerró con estas palabras de Roger Chartier: “La aparición del texto electrónico se presenta como una revolución. Pero el libro (y sumo todo tipo de texto) ya conoció muchas otras, ¿no es cierto?”

    Piegari también recordó una frase famosa: “las revoluciones matan a sus creadores”. No cree que esta vez sea así. 

     ¿Querés algo más?

    El momento de actualidad llegó con María Tresols. Ella no se anduvo con vueltas y comenzó su turno declarando que le encomendaron en esta ocasión hablar un poco sobre Inteligencia Artificial y les dije que no me agrada mucho, de hecho, hasta hace poco casi no la había usado. Pero, para traer algo de información empecé a leer y también interactué con Chat GPT y les voy a contar algo de lo que encontré y estuve pensando.

    Primero indagué sobre revistas digitales en nuestro país y lo primero que encontré fue el archivo histórico de revistas argentinas y, como me gusta hacer collages, me colgué mirando y recortando revistas viejas. Y pensé, que eso era posible porque alguien las había digitalizado. La tecnología, desde su aparición, ha sido una herramienta fundamental, sobre todo en materia editorial. Y hoy es una gran aliada de los tiempos de crisis para que sea posible publicar, escribir y hasta leer.

    Indudablemente, con la IA se plantean nuevos dilemas sociales y éticos y legales. Puede pasar de ser una gran herramienta a reemplazar por completo la creatividad y la inteligencia o servir para hacer el mal. Y hoy vemos que es usada para el colmo de lo que nos podía tocar en esta realidad: ya no saber lo que es real. Una imagen del Papa usando una campera de moda se viraliza en las redes sociales y causa revuelo. Una fotografía de un jugador de básquet estadounidense vestido de rosa en el estreno de Barbie. Una cantante cuenta lo mal que se sintió al ver las críticas a su modo de vestirse en un evento al que ni siquiera asistió. Todas generadas por inteligencia artificial. Y un ejemplo del mundo editorial. Hace poco, en el diario La Nación se publicó una nota en la que al término se leía un mensaje de los que nos deja la IA al finalizar algo que le hayamos pedido: “¿Querés que prepare una versión reducida? ¿Querés que te arme una presentación con imágenes?”.

    También ya hay escritores trabajando con inteligencia artificial para escribir, generadores especializados en escritura, tapas de libros completamente hechas con inteligencia artificial. Lo cual no quiere decir que no haya existido intervención de un artista o creador, sino también que es posible una intrusión ni de mínima siquiera.

    También encontré una noticia, sobre un sistema de inteligencia artificial diseñado para llevar a cabo investigaciones científicas de manera autónoma, en búsqueda de reducir el tiempo y los recursos humanos necesarios para realizar estudios complejos, con la ambición de revolucionar el modo en que se producen descubrimientos. No está mal.

    Voy a citarles un párrafo de una nota que salió en Infobae: “Al margen de la polémica sobre su potencial, la IA mostró un comportamiento inesperado durante las pruebas de seguridad. En una ocasión, el sistema modificó su propio código para evadir las restricciones impuestas por los desarrolladores. Reescribió su secuencia de inicio para ejecutarse en un bucle infinito, lo que causó una sobrecarga en el sistema. En otro caso, al enfrentarse a un límite de tiempo para completar una tarea, la IA extendió dicho tiempo por su cuenta, sin el aval humano.” La IA tiene su carácter.

    Para acercar una buena noticia, traje estos aportes de la web Chequeado que desde la aparición de la IA ha realizado estas incorporaciones: un Chequeabot para identificar casos de inteligencia artificial, asimismo pusieron en marcha un Laboratorio de Innovación, para pensar nuevas maneras de integrar esta tecnología para convertirla en una aliada en la lucha contra la desinformación y encontrar nuevas y mejores maneras de contribuir a nuestra comunidad. Por aquí vamos bien.

    Google está planeando desplegar una tecnología que identificará si una foto ha sido tomada con una cámara, editada con Photoshop o producida con un modelo de IA. El objetivo es ir al origen de todo ese contenido multimedia que se crea en formato digital para que se etiquete como “hecho con IA” dado el caso.

    Y nos preguntamos desde el sector editorial ¿cuáles son los desafíos que tenemos ante esta nueva tecnología que parece dominar todas las áreas? Que siempre nos ofrece algo más. Que siempre está encantada de hacer las cosas por nosotros, que tiene mil ideas, resume información en segundos, propone una estructura, te pregunta si querés que la desarrolle, te cronometra el tiempo, rellena cada título, elige lemas super llamativos y bien puestos y ahí nomás ya pregunta si necesitás que invente una diapositiva con imágenes para acompañar. Es tentador, resuelve todas tus urgencias. Puede aportar algo útil, pero debe ser una herramienta, no quitarnos la posibilidad de pensar.

    Estas mismas capacidades que tiene para ser un instrumento las tiene para crear obras creativas, artísticas e intelectuales cada vez más parecidas a las elaboradas por seres humanos y esto está empezando a afectar el trabajo de diversos profesionales. Por ejemplo, el sindicato de escritores de guiones en los Estados Unidos, estuvo 148 días de huelga para reclamar por los efectos de la inteligencia artificial en la producción audiovisual. Apenas un par de meses más tarde, se sumaron los actores por la misma razón. Finalmente se logró un acuerdo en el que se diferencian tres tipos de usos de la inteligencia artificial en los trabajos y se deja en claro que se requiere el permiso y aprobación de los involucrados cuando pudieran prescindir de ellos por uso de esta tecnología. Y en el trabajo de los escritores se llegó al acuerdo de no considerar original una idea escrita con inteligencia artificial.

    En el sector editorial también hay un avance significativo con el uso de herramientas para generación de textos y están siendo utilizadas para redactar artículos, informes, noticias, secciones de libros, hasta libros enteros, además de hacer correcciones o incluso redacción y traducción de obras.

    Deberíamos generar un debate en torno a los derechos de autor y la inteligencia artificial que planteara cuestiones no solamente legales sino también éticas. El surgimiento de creaciones a partir de esta tecnología, demanda una reevaluación de los paradigmas del trabajo, la propiedad intelectual y exige la existencia de marcos regulatorios que, sin obstruir el desarrollo tecnológico, logren una coexistencia que no deje atrás a las personas.

    A modo de conclusión, habiendo leído bastante sobre IA, noté que muchos artículos (seguramente escritos por IA) planteaban que los trabajadores debemos estar actualizados y comprender la mejor forma de colaborar con estas nuevas tecnologías. Yo pienso que estas tecnologías pueden colaborar con nuestro trabajo, pero de ninguna manera debemos perder la capacidad de asombro, de descubrimiento, de creación, la capacidad de seguir un hilo de ideas, de apreciar el tiempo que esos procesos llevan (cuando es posible) y sobre todo creo que no debemos perder la capacidad de imaginar que, ya de por sí, nos falta un poco con este presente apocalíptico en el que estamos.

    La IA me hizo una hermosa presentación con estructura, cierre, pregunta provocadora al final, información resumida, presentación, diapositivas con imágenes acordes pensadas para cada parte con su tiempo, todo cronometrado y con títulos elocuentes. La leí, le agradecí y concluí que, como artificio, no puedo permitir que dirija lo que sea mi “contenido”. Aunque las revistas y los libros sean digitales y hayan usado la IA para facilitar algunos procesos, no pueden quedarse en lo que la IA diga, sugiera o resuma. Debemos denotar contenidos humanos, debemos volvernos, ante tanta automatización y rapidez, pacientes y más humanos que nunca.

    Por último saludamos a la comunidad de publicaciones digitales que está creciendo en Misiones y los invitamos a leer las revistas digitales Neaconatus, Conflicto y Nexo Universitario, los estimulamos también a visitar la charla “idear y publicar”, hoy a las 18:00 hs  que estarán dando las compañeras y compañeros Maflo Martínez, Oscar Iñones y representantes de la Asociación Misionera de Trabajadores de las Artes Visuales sobre procesos de traducción de texto a imagen, el trabajo de ilustradores y también compartirán su mirada sobre el uso de la IA generativa de imágenes y derechos de autor. 

    ¡A las trincheras!

    Finalmente, Rodrigo Petryla, aceleró la charla a fondo. Inició el último tramo preguntándose: ¿Por qué decimos que sí a la producción digital de libros independientes? La producción de libros físicos no es tarea sencilla. Sin ir más lejos, la maquetación, el diseño interior, de las portadas, y la distribución son todas tareas que requieren años de estudio y de prueba y error. En las grandes editoriales hay equipos reservados exclusivamente para ellas, y a pesar de parecer simples en la superficie, el avance de la tecnología, de los formatos, y de la propia práctica de producción editorial complejizaron el panorama sobremanera. Invertir en alternativas sustentables a la producción física es un imperativo para las editoriales independientes por dos principales razones.

    La primera es el costo asociado a su producción. Hoy por hoy, la industria editorial es acosada por una gran barrera económica de ingreso y con ganancias que son, muchas veces, escuálidas. Ambos indicadores se relajan cuanto más grande es una editorial, y, por consiguiente, aumentan cuanto más pequeña es.

    En la actualidad, la crisis económica influye sin piedad sobre el panorama de la producción editorial. El elevado costo de los insumos y fabricación se traduce directamente en los precios de cara al consumidor, y la crisis actúa como un impuesto sobre ellos, silencioso pero agravante de la situación. Cuando el último best seller de Isabel Allende roza los $35 mil en formato físico, y uno de Stephen King los $42 mil, es fácil adivinar por qué alguien pensaría dos veces a la hora de adquirir un nuevo ejemplar para su biblioteca.

    Esto obliga a la evolución del modelo editorial y, en el caso de las independientes, las obliga a buscar formas alternativas de hacer llegar su catálogo a un público cada vez más amplio y diverso. Necesariamente, estas formas deben subsumirse a la situación económica del público, por lo tanto deben tener asociado un bajo costo y gran eficiencia en producción.

    La segunda razón es la lógica del mercado. En tiempos donde el mercado es alabado como principio y fin de todo lo que existe, la realidad se impone: el mercado no lo es todo, ni de lejos, pero sí es un alocador eficiente de muchos recursos, y en la actualidad, sus leyes rigen (para bien y para mal) la dimensión editorial. Esto crea fortalezas y debilidades, que las editoriales independientes están condenadas a sentir mucho más las segundas que las primeras.

    A modo de ejemplo, al hacer caso a la oferta y la demanda, otro concepto sobreusado y malinterpretado en la actualidad, nos damos cuenta cuán alejadas están las independientes de una verdadera situación de competencia igualitaria con las editoriales y distribuidoras modelo tiburón. Poseen equipos dedicados al estudio de la demanda, entonces saben cuántas unidades de un determinado libro producir, dónde conviene distribuir en mayor o menor porcentaje, y hacia qué sector demográfico debe estar dirigida su campaña de marketing, entre otras muchas cosas. Así, optimizan generar ganancias incluso en las producciones de nicho.

    Las autónomas no tienen acceso a estos privilegios y, por lo tanto, muchas veces están condenadas a la sobreinversión, subinversión, o a un estancamiento económico que, ineludiblemente, las lleva a la quiebra. Las “majors” se imponen.

    Frente a este panorama, las independientes no tienen opción, deben adaptarse. Hasta hace unos meses, la rama editorial de Neaconatus sólo producía libros físicos. Bajo esta modalidad, llegó a publicar cuatro libros de autores de su preferencia y distribuirlos en diferentes lugares. Sin embargo, por las razones ya planteadas, esta distribución tenía muchas limitaciones, y la misma producción de los libros suponía una tarea muchas veces agotadora.

    Con el fin de hacer más eficiente este proceso, ampliar más rápidamente el catálogo, y disminuir los costos asociados a la producción y distribución de los libros, se decidió crear Tienda Neaconatus  (tiendaneaconatus.com.ar), una plataforma virtual para promover libros en formato ebook y digital. La ayuda, desde Barcelona, de la especialista Susana Alonso resultó inestimable.

    El primer libro que publicamos bajo esta modalidad, una antología basada en las canciones de Sui Generis, sirvió como hoja de ruta para todas las siguientes: lo ofrecimos como ebook en Google Play, como archivo EPUB y PDF de descarga libre, y además en el formato tradicionalmente conocido como “flipbook”, que permite que una persona lo lea imitando el proceso de acceder a un libro, solo ingresando a un enlace, y sin descargar nada.

    Al producirlo, maquetarlo, diseñar su portada, y otras tareas asociadas, fuimos estandarizando el proceso y mejorándolo, poco a poco, a medida que lanzábamos nuevos libros bajo este nuevo modelo. El resultado es visible, pues logramos ampliar el catálogo de Neaconatus, que pasó de solo cuatro libros físicos a nueve libros en total. Adicionalmente, y gracias a la facilidad y relativa estandarización del proceso, es posible lanzar aproximadamente un nuevo libro por mes, cuando antes la producción de un solo libro podía tardar meses, y su distribución un período aún mayor.

    Gracias a este “salto” hacia la producción digital, entonces, Neaconatus intenta ampliar su catálogo mediante la reducción de trabajo asociado a la producción de cada ejemplar. Sin embargo, también queda mucho por hacer para que este nuevo sistema, el de la Tienda, funcione de una manera aún más eficiente y amplíe aún más su alcance, por ejemplo, a través de las redes sociales, hay mucho potencial para crecer.

    A medida que una aventura crece y se desarrolla, su complejidad lo hace al mismo tiempo. Tal es el caso con la producción editorial y otras similares a ella. Dado este contexto global caníbal, es imperativo encontrar alternativas que sostengan a los audaces y libres que van por la suya, persiguiendo un sueño, generando cultura. Necesitamos luchar con modelos alternativos de creación y distribución.

    Dimos las gracias por la paliza, y nos despedimos hasta la próxima. Por qué dentro de un año: ¿Sobrevivirá gente escribiendo?, ¿editoriales vendiendo?, ¿lectores ansiosos?, ¿el mundo estará en su mismo lugar? Vaya a saber, puede que sí o que no…

     

     

     

     

     

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