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Para que seamos más buenos

    Por NEACONATUS

    Volvemos a caminar por las redes con nuestros textos que, a veces, trascienden las fronteras de la “literatura”, como si tales márgenes constaran en alguna cartografía de la creación. Y escribimos con el talante afín al tábano que nos inspiró desde el primer día, allá por 2020, cuando decidimos implicarnos en esta aventura editorial.

    Para NEACONATUS las dimensiones ontológicas del ser, hacer y estar no son compartimentos estancos, construyen vida e historia imbricando el pensamiento literario, político, comunitario y crítico. Bienvenidos a nuestro ring para sacudir la siesta de la coyuntura que ya nos interpela y demanda acción, originada en la reflexión social. Menos discurso especulativo para demostrar que tan “cool” somos y más palabras que salgan mordiendo y suenen como un “cross a la mandíbula” inspirado por Arlt o Cortázar.

    El 23 de abril de 2024 fue la primera marcha universitaria, el 2 de octubre de 2024 fue la segunda marcha, el 17 de septiembre de 2025 fue la tercera marcha, convocada en paralelo a las sesiones legislativas, el 12 de mayo de 2026 fue la cuarta marcha universitaria, el 27 de mayo de este año fue otra jornada de protesta en la comunidad educativa y se volvió a marchar. Todas fueron masivas, en todo el país. Todas fueron para que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario.

    Esta Ley aprobada por el Congreso fue vetada por Milei en septiembre de 2025 y vuelta al Parlamento fue ratificada por los dos tercios de los legisladores. O sea está vigente, pero el presidente apeló la normativa judicializando la medida. Si es ley debe cumplirla desde el presidente hasta el último ciudadano. La Justicia flaqueó al aceptar el planteo. La Justicia también debe hacer que la gente acate la ley. Pero la protesta continuó: el 26 de mayo 2026 fueron tomados los colegios preuniversitarios dependientes de la UBA. Este reparo fue implementado por los centros de estudiantes para reclamar que se cumpla la ley.

    Y va a seguir, porque la gente, los jóvenes, quieren ser más buenos. Nosotros estamos con ellos, nosotros también queremos ser buenos, queremos a nuestra patria. No deseamos ni necesitamos ir a visitar al embajador norteamericano como hizo hace unos días Guillermo Francella que fue felicitado por el diplomático por la serie El encargado. No queremos ir al portaviones Nimitz como hizo Milei el 1º de mayo, en un acto simbólico de entrega de nuestra soberanía marítima y las islas Malvinas. Ni repetir por cadena nacional una Ley sobre Malvinas, que está hace años, porque el problema de la soberanía de las islas debe (debió ser siempre) constituirse una cuestión de Estado.

    Reconozcamos quién está del lado de la patria, identifiquémonos, seamos buenos entre nosotros. Ir al Cabildo el 25 de mayo a cantar el himno luego de apoyar la ley de ajuste laboral (votada por los legisladores misioneros que aparentemente quieren renovarse, perdón por la palabra) es un acto de patrioterismo, no de patriotismo. No es lo mismo.

    Apoyamos a los estudiantes, profesores y no docentes. Como apoyamos el mundo del trabajo, del desarrollo nacional, de la industria y la ciencia y la tecnología de la patria. Nos alegra que exista lío (el Papa Francisco dixit). Sin rebeldía no hay juventud; pero tampoco, en las personas mayores, dignidad, anhelo de un mundo mejor, más solidario, más tierno.

    Argentina, aun con sus luchas intestinas (terribles), desde 1810, es una nación de amigos. En pocos países del mundo la gente se reúne, canta, festeja, (y si se puede, bebe y come entre todos, todos juntos, trasnochando, guitarreando, queriéndose, porque para los argentinos buenos, la fraternidad es la base de la convivencia).

    No planteamos una cuestión política partidaria, solo manifestamos nuestro respaldo a los trabajadores, y a la juventud, ahora especialmente a ella, que lucha por una cuestión elemental: que la educación sea para todos, para que seamos más buenos. Sin bondad el mundo es inviable, perdemos la palabra, dejamos de ser humanos. Es la cultura, es la palabra dicha, cantada, escrita, la que nos inclina a un comportamiento cada vez más virtuoso.

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