
Por NEACONATUS
A continuación, transcribimos su voz desde la entrevista registrada en el libro Letristas. La escritura que se canta, realizada por Alejandro Güerri y Federico Merea (Editorial Gourmet Musical).
29 de octubre de 2013, Balvanera. Buenos Aires.
De carne y hueso
Yo creo finamente que el creador debe tener dos buenas piernas en sus obras. Si es una canción o si es un poema cantado, la música y la letra deben ser dos buenas piernas de carne y hueso, porque si una es pata de palo y otra de carne y hueso está rengueando, y nunca llegará a tener la magnitud que tienen las obras verdaderas. Y yo digo con una máxima, que no sé si máxima o mínima, y tampoco sé si es mía, pero hasta ahora no protestó nadie, que dice: “El talento sin el conocimiento es un pálido instrumento”.
El río
El río es un personaje vivo, vivo como elemento fundamental y como viaje, es el eterno viaje. Y el hombre también es un río porque el hombre se va, anda por las distancias, y muchos de ellos vuelven a morir a la tierra, la mayoría vuelven, sin que él se dé cuenta por el imperio de las raíces que lo aquietan. Entonces, el río es la fuente fundamental del asombro porque nadie sabe qué puede traer el río.
Fijate vos que ahí, frente a Misiones, el río tiene 4 km de ancho y el puente tiene 4000 metros. Imaginemos lo que es una cuadra y lo que son 10 cuadras, que sería 1 km. Bueno, es 4 veces eso, son 40 cuadras de río. Es asombroso, es impensable incluso, o inasible.
Y el río es mil cosas más: el pescador, el alimento, el pez. Así también es tan violento. Es un personaje vivo, es asombroso. Yo tengo una canción que dice: “Soy el Paraná / cuerpo de tormenta y sol / siglos del andar / dibujando el clima azul por el misterio que me lleva al mar / Volveré / cerrazón, litoral / grito en el fragor / los caballos del amor / en mi voz…”.
Wanda
Cuando nombro lugares, debe ser porque algo ha transcurrido ahí. Si yo te digo Wanda, el nombre de mi pueblo, es porque Wanda era una princesa polaca que murió. Se tiró al río Vístula en Polonia porque los señores boludos y ecuestres, a caballo de lo que ellos creían que era la verdad, aquellos tipos que se creían los dueños de todo, dueños del ser humano y también de su vida y de su voluntad, la obligaron a casarse con un señor de sangre azul. Pero ella prefirió un tipo de sangre roja, que era un plebeyo. Entonces, como la obligaban a casarse, fue, se tiró al río y murió. Y quedó un símbolo, ¿no?, un mito, una leyenda. Cuando vinieron acá los polacos, levantaron un pueblito en el Alto Paraná, al que le pusieron Wanda, y yo he hecho una canción que se llama Wanda, mi pueblo. Es adorable, porque hay cosas que son únicas. Bah, todo es único, este instante que estamos viviendo no se repite jamás por los siglos de los siglos, este instante, ahora.
Así que imaginate el valor que tiene este instante que podría ser intrascendente, pero no, es fundamentalmente vivo y trascendente porque este tiempo nos va llevando a la historia, este tiempo que se va al foso de los tiempos y nosotros que nos vamos a un final indeclinable, que es la muerte. Da miedo, huyamos ahora que estamos a tiempo, ja ja.
Cuando vos decís en una canción Wanda, decís Posadas, decís Misiones, decís Garopaba, decís El Dorado, decís Montecarlo, Iguazú, primero le da territorialidad, lo afinca en un lugar inamovible. Nadie puede mover un ápice eso, está enclavado ahí como una estaca, un monumento que está clavado. Entonces, tiene un fin territorial y un fin demostrativo. También hay aquí una intención siempre de mostrar una región desconocida…
No había pensado nunca en esto, ahora me doy cuenta. Uno hace las cosas por iniciativa propia, porque algo o alguien le manda de hacer eso. Además, pienso que, sin ser religioso ni creer en esoterismo ni reencarnaciones, pareciera que alguien se apodera de uno y te dice: “Vos tenés que hacer esto ahora, mañana puede ser tarde”. Y si no te dice, te manda a hacer y vos obedecés como un corderito sin saber que te están mandando.
Darles el alta
Hace un rato me encuentro aquí con una letra de un amigo que me dio hace tiempo y que me acosa de vez en cuando para que le ponga una música. Se llama Piragüí, que es una princesa india de las aguas que aparece en el río. Y ya empecé a hacerle la música para esta canción leyenda. Debo tener más o menos unas 200 canciones comenzadas, capturadas, encapsuladas, que están esperando el momento en que le demos el alta para que salgan cantando.
Uno vive dentro del misterio
Muchas veces, la música y la letra nacen simultáneamente. Es tan misterioso esto, es un misterio. Lo que pasa es que uno vive dentro del misterio y no se da cuenta, así como el ser humano vive dentro de la maravilla cotidiana (supuestamente cotidiana) y no se da cuenta de que está vivo. ¡Eso es tremendo, eh! Son muertos vivos que andan por la calle. Porque estar vivo no significa respirar, no significa existir ni durar, estar vivo significa ejercer la vida. Darse cuenta de que uno es autónomo, dueño de su vida, de su paisaje y de su tiempo de existencia, y morirse en paz. Pero la mayoría viven despotricando del día, de la mujer, de los hijos, del país, viven atormentándose y están dilapidando el capital más importante de todas las galaxias que es la vida, que es la que nos permite meter el hocico en la maravilla. A mí me causa una pena interior verlos, ver la magia que son y la maravilla que significan y lo pobres de mentes que son.
Me causan pena porque digo estos pobres tipos están condenados a una muerte que puede acudir en cualquier momento y han pasado por la magia, por única vez en los milenios, y no se han dado cuenta. ¡Qué tristeza! Pero qué va a hacer, así fue hecho.
También hay una ley que te gratifica. Si todos son vivos, ¿qué nos queda para nosotros que somos vivos de verdad? Buenos, si se avivan ellos, no habría ninguna diferencia. En cambio, así, por lo menos te queda el rebrote o el título o el aura de que vos estás vivo. Pero si estamos todos vivos, estamos jodidos.
Sin el asombro no existe nada
El duende es ese misterio que de pronto aparece en cualquier rincón del paisaje y te mete miedo por’ai, eh, ojo. Nadie ha visto a Dios y mucha gente cree en Dios, nadie ha visto al Pombero y muchísima gente cree en ellos. Entonces, el mismo derecho tiene aquel que no ha visto a Dios nunca y cree firmemente en él (y algunos han dado la vida por Dios) que ese campesino que vive en compañía del Pombero. Porque, así como ese misterio de la aparición existe, también está el misterio del hombre. Yo preguntaría: ¿cuál fue el primer hombre? ¿Cuál fue la primera raza? A ver, si uno tiene intuición de dónde ha salido el hombre. Estoy seguro que nadie me podría contestar, ¿o sí?
Porque se han encontrado huesos de pterodáctilos, dinosaurios, gigantosaurios, los primeros peces, se han encontrado en las cordilleras, arriba, estrellas de mar, pulpos petrificados y los huesos de un habitante, no de una raza. Si ahora esta raza desapareciera, habría millones de huesos dentro de mil años. Pero, ¿dónde están los huesos antecesores de nosotros? Los que nos han parido, ¿dónde están? El hombre para mí es un ser extraterrestre, el hombre para mí es una experiencia espacial. Debe haber habido alguna vez en alguna galaxia, seres muy evolucionados que habían descubierto sistemas de traslación y de movilización astral que hacían peligrosa la vida de las galaxias, porque si ahora mismo uno aprieta un botón y hace volar media nación con una bomba atómica, imaginate lo que sería en una civilización mucho más avanzada que nosotros en el espacio.
Entonces, para salvar a esas criaturas del espacio, han venido a una tierra que no se llamaría Tierra, se llamaría Agua porque esta tiene la mayor cantidad de agua y tiene la misma dimensión de agua que tiene el cuerpo humano, el 70%. Mirá vos si seremos espaciales nosotros, aparte de ser especiales. Y bueno, es una magia todo esto, ¿querés que te diga la verdad? Esto es un asombro para abrir una boca de rinoceronte así, y no creerse ser absoluto y soberbio. Eso es para los boludos, Dios mío.
A vos te falta el tiempo para asombrarte, hermano, de lo que es la naturaleza. Mi canción tiene mucho de eso, de cósmico, de espacio, de asombro. Sin el asombro no existe nada. El asombro es el niño que todo ser humano lleva adentro, pero que por olvido o por desconocimiento el hombre va matando a ese niño y es un pobre juguete en la marea del tiempo, y pierde la capacidad de asombro y pierde todo, y cree que está de vuelta de todo sin haber partido todavía, porque no se asombra y se vuelve una sombra, y al final termina tirado en cualquier alfombra.
Una aventura
La rima para mí es la música de la palabra. Si vos decís: “Voy por estas calles soledosas / llevando dentro de mí / un ramo de cosas misteriosas. / Voy siempre con el olor de tu piel / de sabor a rosas / caminando hacia el horizonte / donde el día se destroza”. ¿Qué te parece? Esto lo acabo de hacer ahora. Debe tener la humildad de la rosa, la magia del horizonte, la soledad y el día que se parte en el crepúsculo. Ante lo pequeño del amor, que es grande también, tenés el día que se hace pedazos en el horizonte. En cuatro palabras, ¡qué fantástico el idioma! Y más el castellano.
La rima es una aventura. Mirá lo que salió recién. Un poema cósmico hablando de la rosa, del amor, de la calle soledosa y de la actitud misteriosa del hombre que cree saberlo todo y no se da cuenta de que él es un misterio. Es para llorar de emoción y de congoja también.
La magia de la vida
Creo que la metáfora es una vía que va junto al camino real. Va el camino y al lado va un caminito misterioso que se arrima. Así como el tiburón lleva un pequeño pez que va pegado a él que se llama percanta (de ahí viene el tango ese de la percanta), así también la realidad, por más severa que sea, tiene una línea que va al costado que es la línea del amor, la línea de la inspiración, la línea misteriosa, que de pronto bebe en esa otra realidad y la transforma, se enrosca en ella, se funden. Es la magia, la magia de la vida.
La canción te pide
El recitado en las canciones es una necesidad porque nadie recita porque se lo proponga o porque quiere, porque suena falso o grandilocuente. Uno dice las cosas porque las siente, porque las necesita. Hay una canción que se llama Los lapachos amarillos que crece con el poema que tiene al lado, que es de un poeta que se llama Carlos Martínez Gamba, un paraguayo que murió allá por el Alto Paraná, en Puerto Rico. Y había un tipo ahí, un intendente descabezado, que no era el hombre sin cabeza de la película, pero algo así. El tipo vio que los árboles levantaban las veredas de la plaza y eran unos árboles maravillosos los lapachos amarillos. En tiempos de primavera se hacía toda una alfombra amarilla la plaza. Una cosa de asombro. Y al tipo no se le ocurrió una cosa más buena que meterles hacha, y empezaba a voltear los árboles. Y el poeta este había creado un movimiento pro defensa de los lapachos amarillos e hizo un poema.
Yo que soy pata de perro, porque anduve en todos lados, llegué a Puerto Rico y Martínez Gamba me dice: “a ver, Ramoncito, ¿qué te parece esto?”. Entonces, yo encontraba que, en la música para esta canción, había una repetición de las formas y sentía que había que cambiarla. Yo soy enemigo del sonsonete, de la reiteración porque eso causa monotonía. No, no, para eso es mejor no hacer nada. Y esta canción va a ser un gol, como Posadeña linda. Me dan ganas de llorar, me sobrecoge (perdón por la mala palabra).
La canción te pide, la canción te modela, cuando vos sabés oír a la canción, cuando sos un verdadero creador. Si no, sos un sometedor de palabra y de música, y al final queda una cosa soportable, pero no emocionable. La emoción tiene que ser libre, como un pájaro que vuela.
Tierra guaraní
La tierra que yo canto es tierra guaraní, porque a mí me aportan el paisaje y las palabras en guaraní. “Garupá”, por ejemplo. ¿Sabés qué quiere decir “garupá”? La verdadera palabra es igarupá, “i” es agua (Iguazú, iberá, ipacaraí, ¿entendés?), todo es agua. Ituzaingó, quiere decir “río de niebla suspendida”, garupá quiere decir “río cama de musgo”. “Rupa” es cama. Cuando se dice “yaguarupa”, esas camas todas revueltas que no las hacen nunca, que tienen mal olor, se les llama “yaguarupa”: “yagua” es perro, “rupa” es cama, cama de perro. “Endecoyaguarupa” significa vos tenés cama de perro.
¿Sabés que el guaraní tiene 12 vocales? Y el castellano tiene 5. Imaginate un idioma que tenga 12 vocales, la sonoridad que tiene que tener. Fijate que el guaraní para decir sabio o poeta, le llaman “arandú”; “ara”es tiempo, “gendú” que oye: “el que oye la voz del tiempo”. Es inmenso, no creo que haya un país donde se le diga al sabio, al poeta fundamentalmente, que oye la voz del tiempo. ¿Ustedes escucharon alguna vez? Yo nunca escuché en mi vida. Al niño, ¿sabés cómo le llaman? El paraguayo le dice “mitaí”: “mita” chico, “i” chiquito. “Gurí” le dicen por la zona de Misiones, Entre Ríos, pero en Corrientes le dicen “cunumí”, que viene de ternura, “cunuu” es ternura.
La tierra de uno
Podríamos decir la tierra roja y podríamos decir la tierra misionera, como se puede decir la tierra de Neuquén, la Tierra del Fuego o de Salta, porque tiene la dimensión del amor que vos profesás por tu tierra. Una vez en Río Gallegos, yo quería que una señora me enseñara algunas cosas de ahí para tener un poco de historia y todo eso. Estábamos conversando así y le digo: “¿Qué extraña, o qué extrañó cuando se fue de acá?”. “Se va a reír, Ramón. El viento”. Lo que para nosotros sería un desastre y a lo mejor nos descojonaría, uuuuuu, uuuuuu, todo el día ese rugido del viento, para ella era una música. Entonces la tierra colorada para nosotros, los misioneros, más allá del color, es el color de nuestra tierra, y además con todos los condimentos que ella trae, que trae una potencialidad de hierro, que hace crecer una selva inmensa, diría un fantasista “de un día para el otro”, y así es.
Te voy a decir una cosa más, visto desde el punto de vista plástico, así como el negro es al blanco, si vos pintás una cara, esta parte sería negra o gris oscura o verde negra, y aquí pondrías un blanco cálido en esa misma proporción. Si vos tenés aquí una luz amarilla, aquí tenés que poner una luz violeta, violácea, porque el violeta es el complemento elemental del amarillo en el arcoíris, así como el naranja es al azul, el verde es al rojo. Eso que parece tan simple, es tan misterioso, porque aquellas cosas que están más a la vista son las que menos se ven, porque el hombre no ve por los ojos, el hombre ve por el cerebro. Los ojos son unos alcahuetes del cerebro, tal es así que vos podés estar con una persona aquí, mirándola y no la ves. Estás viendo allá atrás, que están haciendo aquellos individuos allá atrás. Entonces vos estás conversando con alguien, pero tu mente está allá y tus ojos también están allá, tus ojos pueden estar acá, pero tu mente está allá, porque estás viendo por el rabo del ojo. Entonces no cuenta el ojo, cuenta el cerebro, entonces ese color visto por el cerebro es el color de la tierra de uno.
Y mirá, el color es la luz, el color es el fruto de la luz. El color surge porque se descompone la luz y adentro está el color de la luz. Entonces ponderar el color es tener también una predisposición hacia el color y es amar la luz, y es vestir todo el poema con color, porque el color es como el olor, el hedor a la muerte, al aroma de la flor, todo eso es complemento, son sustancia de la literatura.
Tenemos que homenajearlo
Yo no me he propuesto ponerme a hacer una contabilización de los oficios. Sin embargo, fue una cosa intuitiva cantar a los hacedores de la provincia, a los hacedores de la vida, que son los trabajadores. Yo soy un tipo que estoy atado a los movimientos sociales, que son necesariamente los que construyen la vida del hombre, y que la mejoran. Por ese motivo estamos todos sentados en una silla, en vez de estar sentados en el suelo, porque hubo hacedores que han hecho las sillas y las mesas. Entonces hay que agradecer y cantarle al carpintero. Y bueno, yo soy un tipo así, que me sorprendo y me asombro de todas estas cosas, y trabajé mucho, trabajé mucho…
Hemos aportado palabras y oficios que eran desconocidos aquí, y que son totalmente desconocidos todavía. El cachapecero, por ejemplo. Una vez, una señora me preguntó si era el que cachaba peces en el río. “Cachapé” es un carro sobre el que llevan el árbol muerto, el abuelo centenario, en un viaje de esos túneles del monte que son las picadas, rumbo a las barrancas donde luego se convierte, por imperio de la caída al río Paraná, en una inmensa jangada y empieza a derivar hacia las grandes ciudades, las factorías, donde vuelve el árbol otra vez a estar con nosotros, aquí, en una mesa, en una silla, en esa alacena… Fijate vos, una maravilla. Así que nosotros, los que no hemos trabajado por hacer crecer el árbol, ni tampoco por voltearlo, ¿qué tenemos que hacer? Tenemos que homenajearlo, papá. Incluso hacerle ver a toda esa manga de bandidos que son depredadores naturales, hacerles ver los valores que tienen ellos como personas y los valores de la naturaleza, esa es nuestra labor.
Por eso murió Jesucristo, porque vino a predicar qué era el hombre, y cómo había que salvarlo, igual que lo agarraron los matadores y lo crucificaron. Digo Jesucristo como digo Che Guevara. Yo estuve con el Che Guevara en Cuba, y ahí me enteré que él cantaba El mensú en los fogones de la Sierra Maestra, ¿qué me decís?
Cierta perfección
Yo estoy corrigiendo siempre. Este cuadro que está ahí, lo puse allí creyendo que ya estaba y, sin embargo, ahora descubro que ese blanco que está aquí, está solito en todo el cuadro. Entonces aquí tiene que haber un equilibrio, una luz más clara que va a contrastar con todo ese amarillo cálido que está aquí y entonces hacer una rima plástica. Y este cuadro lo estoy pintando hace como veinte días ya y no agarré el pincel todavía.
Tengo miedo de agarrar el pincel, ¿sabés por qué? Porque agarrar el pincel te atrapa de tal manera que empezás como un loco a trabajar con diez manos, que no tenés, tienen que ser dos solas. Y con las letras es igual. Es preferible supeditar la palabra a la música y no la música a la palabra, salvo casos especiales.
Esta canción de Los lapachos amarillos ya tiene como cinco, seis años o más, y nunca la canté en mi vida y es una bellísima canción, bellísima. A mí me produce un escalofrío esta canción, pero ¿sabés por qué? Por la comprobación del contenido que tiene, el aliento y también el logro de la canción, la estructura luminosa que tiene. Entonces eso me produce una conjunción de alegría, de ver que vos has parido una cosa que tiene cierta perfección y que tiene un temblor adentro que te conmociona. Está hecha ya, es inamovible.
Hay otras que están medio renguitas, que vos te das cuenta de que fueron hechas con todo el entusiasmo, pero les faltó tiempo. Por eso es que no salieron tan bien, pero vos tenés el caso de El mensú, que es una obra redonda; El cosechero también; Posadeña linda también con su poema; Mi pequeño amor también. Son canciones que no hay que tocarles nada, nada, nada, porque la vas a arruinar, y es difícil parar. Los escritores dicen siempre que hasta el último momento están corrigiendo, porque como la mente va mucho más allá de la acción humana, la mente siempre está vislumbrando cosas que están por ahí y que no las está poniendo y que tiene que ponerlas, pero tampoco conviene atiborrarla de cosas, porque si vos ponés una cantidad de cosas maravillosas ya no tiene encanto, porque el asombro que te produce una maravilla ya no se produce cuando es demasiado. Y entonces empezás a dudar si verdaderamente es maravilla, pero por ahí aparece y te ilumina todo un paisaje.
La canción es muy poderosa
El hombre que no tiene sueños está hueco, le falta el motor. ¿Cuál es el sueño del hombre? A ver, si te ponés a analizar, conoce una mujer, y sueña que sea suya, quiere casarse con ella, y se desvela y se mata por casarse con ella, después viene ella y lo mata a él, y el tipo dice: “¿para qué?”. Bueno, hay casos, pero no todo es así. Yo, por ejemplo, conocí a mi mujer hace 32 años, hoy estamos juntos, y fijate vos: ella tiene 60 años y mirá qué hermosa que es. Cuando la conocí, tenía 25 años, fue un infanticidio.
La vida es un sueño, hermano, la vida es un sueño, y el que no tiene sueños, está huérfano de algo. Mirá ese señor que soñaba que más allá del horizonte no había un abismo donde se caían todos los barcos y había un infierno. Se llamaba Cristóbal Colón, gracias a ese loco que soñaba estamos nosotros hablando aquí ahora. Los soñadores –por ejemplo, San Martín, Jesucristo, el Che Guevara, Moreno, que ha muerto en pleno mar–son todos esos tipos que han dado su vida por el hombre, han sido los hombres que han construido. Estoy preparando un disco que se va a llamar Cantando con los próceres, y aparecen Moreno, Belgrano, San Martín, Güemes, Monteagudo, los grandes tipos que verdaderamente han construido este país, no los que se han vendido. Son canciones exaltando la vida de ellos, porque para muchos argentinos el nombre Moreno es una calle, y Belgrano, la avenida Belgrano. Entonces nosotros tenemos la obligación de poner el acento y la canción es muy poderosa, eh, se te mete adentro, vas caminando, ni sabés qué es y te está rascando por dentro.
Un estado de consciencia
El gualambao surgió por un estado de conciencia, como muchas cosas de mi vida, sí. Mirando la territorialidad o el mapa paisajístico del Litoral, yo observé que cada región tenía su música. Así como tiene Salta y Tucumán y Santiago del Estero y Buenos Aires, Misiones tenía una conjunción de valores, de canciones, que no son misioneras, que han invadido y se han quedado ahí, o las han afincado ahí. Bueno, y al ser tan joven Misiones como provincia, entonces digo: “Aquí hay que hacer una canción, hay que agarrar todos estos ritmos que están jodiendo acá, meterlos en una olla y hacer un guiso de estos, pese a ellos, o a favor de ellos”.
Y observé que hay un ritmo, una medida patrón que dirige las sonoridades latinoamericanas, es el 6×8. Quiere decir seis octavos. El octavo es el octavo, la octava parte de una entidad. La redonda es la redonda, la mitad es el dos; la dividís en cuatro partes, son cuatro negras. En una redonda tenés 4 negras, el tango está hecho con dos negras. Si dividís 4 negras, tenés 8 corcheas, esa es la denominación del ritmo característico de todo Latinoamérica: el 6×8.El 2×4 que hace el tango, también así es el joropo, por ejemplo, y la polca. Entonces yo digo: “¿por qué no unir dos ritmos de 6×8, y hacer uno que sea 12×8?” Menos mal que me paré ahí; si no, me caigo del pentagrama.
El ritmo del 6×8 son dos tiempos terciarios o ternarios. El gualambao hace “ton-ton-ton-shi-cu-pa-tu-cu-pá-ton-ton-ton”, y así nació un ritmo que la única acentuación fuerte es la del comienzo. Es un ritmo extraordinario, que contiene todos los ritmos que están por la región, adentro de ese gran espectro. “Gualambao” es el nombre primigenio que está destinado a ese instrumento que se llama berimbau. Viene de África en este caso, pero como nuestros aborígenes, el berimbau es un arco sin la flecha, que tiene adosado un poronguito, un cántaro, así que imagínate vos de dónde viene. Yo, sinceramente, creo que esto vino con los negros que vinieron con las huestes del emperador Pedro II para atacar el Paraguay, junto con Uruguay y Argentina en la Guerra de la Triple Alianza. Es una criatura única en Latinoamérica, no existe en Latinoamérica un ritmo de estas características.
Un elemento para entrar en el alma de la gente
Soy un individuo que aparento ser un tipo jodón y tener una chispa, digamos, cómica, o humorística, pero soy un riguroso trabajador, casi inmortal, porque si no, no podría ser pintor, poeta, músico y saber de qué estoy hablando. Y además con una conciencia de vida, yo puedo enseñarle a vivir a mucha gente. Esos que andan pelotudeando por la calle, muertos vivos, pero por favor, yo les puedo salvar la vida, ¿me entendés? Ni hablemos de eso porque podemos entrar en una órbita increíble.
Llegar a estas alturas y a estas definiciones, a esta altura de la vida, es porque yo no he perdido el tiempo jamás en boludeces. Para mí la música no era un elemento para comer asado y andar de joda. No, para mí la música, ¿sabés que era? Un elemento para entrar en el alma de la gente y del paisaje y del hombre. A eso se debe, por ejemplo, esta cierta capacidad de poder hablar de estas cosas. Yo creo que de cien folcloristas que vos veas, ninguno te puede decir estas cosas, porque ellos están ausentes de ellos, no se han dado cuenta. Ya de chico fui yo así. Siempre me incliné por una cosa que yo creía que era la verdad, era esta forma de ver el mundo, y con cierto asomo filosófico, y es la única forma de encontrar. Sino, sos un tipo que siempre estás a la deriva, que está en el aire. Yo estoy en el aire también, no soy un tipo apegado así a la cosa rigurosa, pero sí, hay que gozar de todo en la vida, del humor, del amor, de la amistad, y todo eso confluye a darte una imagen del mundo y del hombre. Porque si sos excesivamente reglamentario o catedrático o como le quieras llamar, te van a decir: “sí maestro, sí profesor”, pero vos no recibís la calidez del ser humano.
El nuevo día
El amanecer para el hombre es aquello que viene después de la noche. Es el florecimiento de la noche. Ahora, cuando la noche es terrible, la noche de la vida, del trabajo, de la explotación, de la muerte, el hombre vive esperando su amanecer, su nuevo día. Entonces, el nuevo día está representado precisamente por el alba, por el amanecer y, por eso, el color de la esperanza también, es verde.