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Poesía en el laboratorio creativo

    Irma Verolín. Buenos Aires. Narradora y poeta

    Tensa especulación

    Los asesinos en serie no surgen de la nada,
    necesitan un período de gestación
    un lento madurar como de fruta:
    la voluntad del tiempo
    acompaña los asesinatos futuros
    con esa paciencia de las madres
    que buscan el bien de sus hijos
    aun a costa del dolor
    de las duras pruebas
    o las punzantes marcas de la vida.
    Los asesinos en serie duermen acurrucados
    en posición fetal
    sobre blandos colchones vendidos en oferta
    en esos supermercados enormes
    con muchachas que se pintan
    las uñas de rabioso color rojo
    y bostezan,
    para ellas el tiempo es un adversario
    demasiado lento,
    para los asesinos no,
    el tiempo colabora con ellos
    y oficia sus quehaceres a favor de los desenlaces rutilantes
    mientras la lentitud acaricia los días por venir
    con su navajita afilada,
    nadie sabe
    quién entra o quién se va de esos lugares
    que todos visitamos
    alguna vez
    con la inocencia que nos da el simple hecho de estar vivos
    distraídos de lo que ocurre en los escondites
    donde la muerte trama sus urgencias
    donde los asesinos en serie
    se tienden y duermen
    plácidamente
    en posición fetal.

    Incandescente

    Debe ser rojo, murmuré.
    Un vestido
    que me acaricie las caderas
    con el ruedo amplio
    un vestido con el que pueda volar,
    su color rojo convertirá
    la noche en un espejo
    para que yo dé un salto gigantesco
    y lo traspase:
    Las ingles en mis piernas
    van a estirarse
    dulcemente
    y el vestido se rasgará
    rojo
    rojo intenso sobre mí.

    Plegaria del regreso

    Volvió desde su muerte
    mi madre
    joven
    perfecta
    como era entonces. Ocurrió ayer.
    Yo estaba sentada
    con los codos apoyados
    sobre mi rústica mesa
    la mirada perdida
    mientras mi dedos deshacían
    miguitas de pan. Laxa la miga
    se ablandó entre mis dedos
    hasta que por fin
    dejé despanzurrado y pura costra
    el básico alimento de Dios. Entonces
    apareció ella.
    Al verla
    amé más que nunca
    ese cuerpo de madre
    generoso
    hecho de luz y torbellinos.
    Si nos hubiésemos parado frente a un espejo
    ella bien podría haber sido mi hija
    o yo misma
    treinta años atrás. El amor
    entre nosotras
    se ha mantenido
    intacto
    como intacta es su carne
    para siempre
    desde que tengo recuerdos.
    Abastéceme madre
    con tu mirada
    dame de comer
    de beber
    haceme dormir en la suavidad de tus palabras.
    Buscame mil veces porque sigo perdida
    arrópame
    amamantame, madre, con el relato de un cuento
    cerrado en un final feliz.
    Mi hambre ha crecido demasiado
    y en su desmesura
    se ha tragado mi vida entera.
    Esta,
    la única vida que tengo
    la que me diste
    el mejor regalo que alguien puede recibir
    y ha sido desperdiciada en el tiempo de esperarte.
    Aun así
    estoy en el centro de los acontecimientos, madre,
    respiro en la esfera hueca de mi vida
    con la dificultad de los recién nacidos
    ahora
    que regresaste.
    La distancia inventada
    por ese lugar al que te fuiste
    fomentó mi hambre
    con su maravillosa crueldad.
    Te miro y no puedo creerlo
    mis ojos mienten
    dice la memoria de mis ojos
    y se repite en un rezo infinito
    que se pliega en mis células
    para llegar hasta el principio
    donde muy juntas
    quedamos atrapadas
    las dos
    en el embrión de tu muerte.
    El aire permanece alborotado
    después de tu visita
    cuesta respirarlo:
    ya no deseo más que adormecerme
    en el eco de tu nombre.

    Fuego y agua

    Me ahogo en el fuego
    y me quemo con el aire
    mi voz se solaza en la mentira
    grita dentro de mí el silencio
    soy una mujer que habita
    el país de Nunca Jamás
    gateo sobre mis propias palabras
    que son muelle
    ancla
    puente
    me deslizo sobre los afilados márgenes
    no quiero estar aquí
    no puedo irme allá.
    Fuego y aire
    trastocaron su sustancia
    para mí
    que estoy hecha y deshecha
    por lo que no sabe crear
    ni puede destruir.
    Un mudo balbucea mi nombre
    yo voy hasta su boca
    y me vuelco en ella
    con toda mi humanidad
    desmadrada
    incierta
    insustancial
    mujer armada con tiritas de viento
    sola en la compañía de sí misma
    ahuecada
    y despierta
    con los ojos anhelantes
    desvestidos
    y anhelantes.

     

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