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¿Por qué cuenta cuentos Marcelo Dacher?

    Por Evelin Rucker. Posadas. Docente y escritora.

    Esta pregunta seguramente tendrá respuesta en palabras de Henri Bergson quien concibió alguna vez el arte como un medio creado por el hombre para entrar en contacto directo con la realidad y darle aspecto comunicable: “Si la realidad pudiera ponerse en contacto directo con la conciencia, si pudiéramos entrar en comunión directa con las cosas y con nosotros mismos, quizá el arte sería inútil, o más bien todos seríamos artistas, pues entonces nuestro espíritu vibraría continuamente en acorde perfecto con la naturaleza”.

    “El contador – Historias de aquí y de allá” es un libro que vibra en imágenes de lectura amena, fácil de comprender y con llegada a toda la familia.

    Su autor tiene un dominio técnico del tiempo narrativo y una idea de cuento según la cual de entre los intersticios de la realidad siempre hay algo que surge inesperadamente, como si nuestra voluntad no contara en ese acontecimiento, pero sí lo hiciera un mecanismo ignoto e impredecible de la realidad. Enriquece la poética del asombro. Como si abriera otra puerta con una gran fuerza expresiva y una no menor calidad literaria.

    El libro se divide en dos partes: “Cuentos de aquí” hace referencia a relatos que tienen que ver con la idiosincrasia misionera, los habitantes mitológicos de la selva, Horacio Quiroga y sus personajes y gente anónima del monte, todo matizado con el uso justo de ironía y humor; y los “Cuentos de allá” son los que trasuntan esta geografía, este paisaje con la presencia de hechos históricos varios, contados también con precisión investigativa, atributos que han convertido, a estas narraciones, en merecedoras de varias distinciones en concursos nacionales e internacionales.

    Así, Dacher nos cuenta historias que tienen que ver con Misiones y otras que hablan de un poco más allá, tanto en la geografía como en el tiempo. Un libro que no nos permite la lectura del solo relato ya que escarba cortando amarras lógicas para hacernos pensar sobre nuestra humanidad.

    Son relatos luminosos sobre la vida cotidiana pero también sobre las tragedias colectivas que nos acechan. Lo pequeño, lo sencillo, ese refugio al que nos llevan las letras de Marcelo, es también, en última instancia, lo que da vida a sus cuentos.

    La forma en la que el autor camina a través de las diferentes historias, es también un acierto; todos los relatos tienen un porqué de ser y de estar en donde están colocados, los recursos que utiliza y el lenguaje ayudan a que el lector vea las historias más reales, ya que no es un lenguaje rebuscado sino que es el habla del hombre simple (aunque sociolectalmente perfecto) con sus matices, acentos y frases.

    El conocimiento de una mente inquieta adquirido a través de los años de Dacher se ve volcado en sus historias; los cuentos no serían lo mismo sin su visión antropológica y política que se pone de manifiesto en esta ópera prima.

    A través de su prosa envolvente y evocadora, nos sumerge en un mundo de emociones y sentimientos profundos, donde cada palabra es un susurro al corazón y cada página es un viaje a la esencia misma de la existencia. 

    Este libro variado, demorado y ágil, a ratos íntimo, es un placer para quienes descubren a nuevos autores misioneros.

     

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